Hoy oficialmente me despido de ti y sé bien que ya no habrá otra oportunidad. Tú y yo nos encargamos de eso. Hemos tocado fondo. Ambos. El daño causado fue mayor que nuestras ganas de hacer las cosas bien y no sabes cuánto me destrozó.
Creo que te llevaré conmigo toda la vida, aunque sea una pequeña parte de ti. Es como una espinita incrustada en mi piel. Quisiera tener mala memoria cuando se trata de ti, pero no es así. Solo me gustaría que sepas que nunca mentí cuando dije que quería quedarme a tu lado por siempre. Hubiera amado que fueras tú y que fuese yo, pero las cosas no se dieron así.
En 2021 fuiste la luz en mis días más grises, me sacaste de un pozo y me hiciste ver el cielo. En ese momento me enamoré de ti y comenzó todo. No creí que fuera capaz de experimentar nuevamente un amor tan intenso... tan sincero, pero ahí estabas tú. Recuerdo a la perfección nuestras primeras conversaciones, estábamos tan ilusionados, tan cegados por la idea perfecta de amor. Éramos tan felices creyendo que el amor que toda la vida habíamos esperado, había tocado a nuestra puerta. Éramos pequeños e ingenuos. Nunca imaginamos cuál sería el desenlace.
No fue nuestra historia perfecta de amor, no pudimos cumplir todas mis manifestaciones, no pudimos cumplir nuestros juramentos y por sobre todo, no pudimos amarnos sin temor a caer. Creo que somos la perfecta definición de "dibujaste estrellas alrededor de mis cicatrices, pero ahora estoy sangrando". Esta es una herida interna, nadie ve cómo sangramos y difícilmente comprenden el dolor que cargamos, los temores que quedaron, las dudas carcomiendo nuestras cabezas antes de conciliar el sueño, la vergüenza al despertar...
Recordar los mensajes, las llamadas, nuestras citas, nuestra felicidad, me parece algo tan ajeno. Fuimos, pero ya no somos. Fuimos, ya no somos y tampoco seremos. Pero eres un tatuaje en toda mi piel. En cada lugar que piso, dondequiera que esté, tú siempre estás. ¿Cómo no podría llamarlo "amor"?