Nos recuerdo inmaduros,
obstinados,
temerosos,
indecisos.
Recuerdo las tardes cálidas,
las visitas inesperadas,
el pasto adhiriéndose a nuestra ropa,
nuestras risas mezclándose.
Y de pronto ya no.
Nuestra felicidad
se convirtió en:
"su felicidad" y "mi felicidad".
Nuestra, ya no.
¿Por miedo?
¿Por cobardía?
Siempre fuiste ese torbellino
que me quiso sacar
de mi zona de confort.
El torbellino que nunca quise afrontar.
El que fue nuestro único abrazo,
lo recuerdo bien;
tan frío,
tan largo,
fuerte,
fulminante,
inseguro.
Cuando nos volvimos a tener enfrente,
seguíamos siendo unos pusilánimes,
pero nos pedimos disculpas;
nos dijimos te quiero,
nos halagamos.
Valientes,
pero no tanto.
A veces creo que eso seremos siempre;
nos queremos,
nos acercamos,
nos disfrutamos,
nos acompañamos,
pero no tanto.
Porque eres mi miedo y mi duda más grande.
Porque eres más grande que yo.
Porque somos tan diferentes,
pero tan iguales.
Porque somos imparables juntos;
juntos somos intrépidos,
pero separados nos achicamos.
Separados somos miedo.
Separados somos;
juntos, jamás.















