Conocí a un hombre.
Todo gritaba que no era para mí.
La forma en la que me hablaba, el cariño rudo que demostraba y los pocos espacios que me daba.
Éramos felices.
Lo único que nos arruinaba era el alcohol.
Porque creyendo que él podía cambiar por amor.
Descubrí que su más grande prioridad era el licor.
No había punto de comparación.
Teníamos un acuerdo, unas semanas sobrio y habría un compromiso.
Él me abandonó.
Desapareció, huyó del país.
Me dejó con el corazón en las manos.
Ahora estoy más rota. Aún cuando él me ayudó.
Me dijo que regresaría, lo estoy dudando mucho.












