UNIQLOの村上春樹 1973年のピンボールの表紙のTシャツ👚 嬉しい😆 #harukimurakami #pinball1973 https://www.instagram.com/p/CQVEld-HGKJ/?utm_medium=tumblr

seen from Norway
seen from United States
seen from Russia
seen from Philippines

seen from Canada
seen from Norway

seen from Germany
seen from Saudi Arabia
seen from Saudi Arabia
seen from Norway

seen from Canada

seen from United States
seen from Türkiye
seen from United States
seen from Russia
seen from Jamaica
seen from China

seen from United States

seen from Germany

seen from China
UNIQLOの村上春樹 1973年のピンボールの表紙のTシャツ👚 嬉しい😆 #harukimurakami #pinball1973 https://www.instagram.com/p/CQVEld-HGKJ/?utm_medium=tumblr
"Los Pozos de Marte"
En una de las obras de Heartfield figura un cuento llamado «Los pozos de Marte», una pieza única en el conjunto de su obra que anuncia ya la aparición de Ray Bradbury. Lo leí hace mucho tiempo y no recuerdo los detalles, pero voy a explicar, a grandes rasgos, el argumento.
Es la historia de un muchacho que penetra en uno de los innumerables pozos sin fondo excavados en la superficie de Marte. Era de todos conocido que los pozos habían sido abiertos por los marcianos cientos de miles de años atrás, pero lo extraño era que todos los pozos, todos y cada uno de ellos, habían sido excavados con gran cuidado para evitar las venas de agua. Nadie sabía para qué los habían construido. De hecho, los marcianos, aparte de aquellos pozos, no habían dejado nada atrás. Ni escritura, ni viviendas, ni utensilios para comer, ni hierro, ni tumbas, ni cohetes, ni ciudades, ni máquinas tragaperras, ni siquiera conchas. Sólo pozos. Los eruditos de la Tierra se encontraban ante un gran dilema para determinar si aquello podía llamarse civilización o no, pero lo cierto era que los pozos estaban admirablemente bien construidos y que, cientos de miles de años después, los ladrillos seguían en pie.
Algunos aventureros y componentes de equipos de investigación científica se habían adentrado en el interior de los pozos, por supuesto. Los que descendían provistos de cuerdas, descorazonados ante la profundidad de los pozos y la longitud de los túneles excavados en sus paredes, retrocedían; de los que descendieron sin cuerdas, jamás volvió a saberse nada.
Un día, un muchacho que vagaba por el espacio se metió en uno de los pozos. Sentía hastío ante la inmensidad del universo y anhelaba morir en soledad. A medida que iba descendiendo, el joven se encontraba más a gusto en el pozo y notaba cómo una extraña fuerza envolvía dulcemente su cuerpo. Tras descender alrededor de un kilómetro, descubrió un túnel lateral que le gustó, se metió en él y fue vagando sin rumbo por sus serpenteantes pasillos. No sabía cuánto tiempo llevaba andando. El reloj se había detenido. Podían ser dos horas, podían ser dos días. No tenía la menor sensación de apetito ni de cansancio y aquella misteriosa fuerza seguía envolviéndolo igual que antes.
Entonces, en un determinado momento, percibió de pronto la luz del sol. El pasillo lateral conectaba con otro pozo distinto. Trepó por aquel pozo y volvió a salir a la superficie. Se sentó en el borde del pozo, contempló el páramo desolado, contempló el sol. Algo había cambiado. El olor del viento, el sol… El sol, pese a estar en su cénit, se había convertido en una enorme mole anaranjada parecida al sol del ocaso.
—Dentro de doscientos cincuenta mil años, el sol explotará. ¡Pum!… OFF. Doscientos cincuenta mil años. No es mucho tiempo —le susurró el viento al muchacho—. Por mí no te preocupes. Yo sólo soy viento. Puedes llamarme así. O, si lo prefieres, decir que soy un «marciano». No suena mal. Además, las palabras no significan nada para mí.
—Pero tú estás hablando.
—¿Yo? Eres tú quien está hablando. Yo sólo le doy pistas a tu mente.
—¿Qué diablos le sucede al sol?
—Ha envejecido. Se está muriendo. No podemos hacer nada, ni tú ni yo.
—¿Y cómo es que, de repente…?
—No ha sido de repente. Mientras tú estabas atravesando el pozo han transcurrido unos mil quinientos millones de años. Tal como dice un proverbio vuestro: «El tiempo pasa volando». El pozo que has atravesado está abierto a lo largo de una distorsión temporal. Es decir, que nosotros estamos deambulando a través del tiempo. Desde la creación del universo hasta su muerte. Por eso no nos afecta ni el nacimiento ni la muerte. Somos viento.
—¿Puedo hacerte una pregunta?
—Con mucho gusto.
—¿Qué has aprendido?
La atmósfera tembló tenuemente, el viento se rió. Y una quietud eterna volvió a cubrir la superficie de Marte. El joven se sacó una pistola del bolsillo, se apuntó a la sien y apretó con suavidad el gatillo.
Book No. 30 "Wind/Pinball" by Haruki Murakami #2017inreading . . . . #amreading #bookstagram #booknerd #books #booklover #murakami #harukimurakami #pinball #pinball1973 #hearthewindsing #bibliophile #bookporn #booknerd #bookworm #pinballwizard #translation #booksintranslation #windpinball #reading #book #bookish (at The Owl Farm Bar)
Taco night🌮🌮🌮, probably my favourite comfort food, vegan mince meat, home made guacamole, tomatoes mmmm 🌮 #vegan #food #tacos #mexican #tasty #guacamole #books #harukimurakami #hearthewindsing #pinball1973 #currentread #blackandwhite #photography
#HarukiMurakami #Wind #Pinball1973 #村上春樹 #風の歌を聴け #1973年のピンボール
Wind Pinball
Love it when I'm reading a book and randomly come across the title of a record I've been digging lots. #paintedshut #hopalong #harukimurakami #pinball1973
On any given day, something can come along and steal our hearts. It may be any old thing: a rosebud, a lost cap, a favorite sweater from childhood, an old Gene Pitney record. A miscellany of trivia with no home to call their own. Lingering for two or three days, that something soon disappears, returning to the darkness. There are wells, deep wells, dug in our hearts. Birds fly over them.