Purple-edged Crambid Moth (Pitama hermesalis), family Crambidae, Borneo
photograph by Valentin Golubkov
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Purple-edged Crambid Moth (Pitama hermesalis), family Crambidae, Borneo
photograph by Valentin Golubkov
I love Bhishma Pitama because he had one minor inconvenience and decided to stay a virgin for life, like I get him, yk?
Bhishma Pitamah, Arjuna & Kaishava
#pitama
Sergio, Laguna de Pitama. #valparaiso #pitama
Canalistas de Pitama expusieron daño ambiental provocado por Concesionaria al ejecutar obras de Ruta 68 y pide mitigaciones
Canalistas de Pitama expusieron daño ambiental provocado por Concesionaria al ejecutar obras de Ruta 68 y pide mitigaciones
Asociación de canalistas acusa a Concesionaria Rutas del Pacífico del embancamiento del tranque. Aseguran que faenas de Ruta 68 “provocaron la inutilización completa del embalse Pitama, que de ser la cuenca de uno de los valles más fértiles del país, con unas 340 hectáreas de superficie útil de riego, pasó a tener la calidad de terreno de secano y estar absolutamente inutilizada”. Corte Suprema…
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MEDIODÍA EN LA TIERRA
Y Federico Gana se ocupaba de describir la imagen de la memoria de esa tierra que yo pisaba. La pasión por el trabajo hubo de procurar esa base de soberbio diseño agreste sobre la cual rapeaba yo mis reconocibles soliloquios en inglés a media voz, mientras dirigía mi mirada hacia el delicado monte y entre las parras muertas, que desde sus patéticos troncos deprimidos y oscuros ya justificaban la fe estacionaria del novato agricultor que somos todos frente al milagro del dios: desde esa muerte de frío barro seco, germinaba y reía llorando su nueva y verde vida nueva -la posibilidad-, dirigiéndose ciegos los débiles retoños aún recogidos y pujantes al contacto mendicante con ese one-way mirror que es alimento de un azul de agua clara, de pérdida, de garantías y futuro: el motor de la historia, el desafío de la ciencia. El sonido de una bandada de queltehues emprendía el vuelo a mi derecha, llamando mi atención. Las caballerizas, la madera llovida, la pintura de ayer que ya es ceniza sobre los muros de adobe, el oro de los fardos agudos en rumas, la buena conversa en la taza de té escondida, los ojos perdidos de la mustia vaca perdida tras sus rejas constantes, el trigo que es marea hacia el horizonte dividido y que sugiere tanto al vino, el vino, el vino que es el fruto de ese árbol que imaginó Dante y el insostenible Plutinio, la tierra, la tierra que llama al hombre para volverlo criatura, para que olvide al olvido en la vida dura y se acuerde de sí cuando el ocaso llama a encender las velas, cuando se encienda la luz de la luna y él descorche su interior y, finalmente, hable y confiese su amor y su furia hacia quién sabe quién, quien sabe como, frente al fuego, al vacío. Federico Gana se ocupaba de describir la imagen de la memoria de esa tierra que yo pisaba, caminando, cuando a lo lejos comenzaba ya a escuchar el murmullo: el viento amable me traía al oído una de Eric Clapton -quizás una de algún disco de Cream- y el sonido de las aguijonescas carcajadas y las botellas de vino que se estrellaban en fiesta reverberaban en el eco de lo que me esperaba. Reverberando todos ellos en sus sonidos y sus manías, los próximos y yo; montados seguimos bailando esa tarde ya ocaso sobre el eco de una imagen de lo que nos sostiene: el barro y el ayer.