(...) Pregunta a los árboles del más allá, de vez en cuando, si se acuerda, al llanto de los helechos y a la nuez en que la luz, copo de fe, se encierra. Porque asegura que las oyó y eran como rastrojos, nudos de alambre, manzanas podridas y un rostro volcando todo eso, echando todo eso, tan frío, en la nuca inocente. Y helaba la dulzura. ¿Dónde se han escondido? ¿Desde dónde la miran, las palabras, agazapadas, riéndose de que no las encuentre, tan torpe? Que se muera buscándolas, dirán. Tal vez al otro lado...
Decía hielo | Julia Uceda















