Nuestra mente
Nuestra mente es tan libre, que aterra.
¿A quién no le pasa que se priva de una gama de oportunidades por pensar que no puede, o que es muy arriesgado?
¿A quién no le pasa que se priva de decirle algo a alguien porque supone que el otro lo puede malinterpretar?
¿A quién no le pasa que se carcome en sus propias conjeturas al punto tal de enojarse por ello?
¿A quién no le pasa que se priva de llevar a cabo actividades por simple temor a que lo disfrute demasiado y no poder volver atrás?
¿A quién no le pasa que divaga sobre posibles maneras de invitar a alguien a salir y no lo termina realizando porque ninguna le convenció lo suficiente?
¿A quién no le pasa que se priva de arriesgarse a algo inmenso por pánico a no saber que hacer frente a eso luego?
Nuestra mente es tan libre, que aterra.
Si tan solo por unos minutos al día nos pusiéramos a pensar en frío, a lograr abstraernos de nuestros pensamientos y ver la vida como una experiencia que venimos a atravesar, todo nos resultaría mucho más sencillo y liviano. Y tengo la creencia de que no lo hacemos por temor, simple temor a la inmensidad.
La libertad que poseemos es tan inmensa, que paraliza cada célula de nuestro cuerpo al punto tal de no poder ser capaz de respirar. Realmente caer en la cuenta de que podemos llegar a lograr todo aquello que nos propongamos con la suficiente voluntad y deseo es tan shockeante que no podemos siquiera querer imaginarlo. ¿Por qué? Porque no sabríamos que hacer con tanta libertad.
Nos buscamos trabajos que nos amolden a una rutina, que nos mantengan entre paredes, que nos aten a un esquema de horarios y responsabilidades para, de esa manera, poder quejarnos libremente de la falta de tiempo que tenemos, de todo lo que nos gustaría hacer si tan solo contáramos con las horas necesarias; pero cuando realmente las poseemos, no sabemos qué hacer. Pecamos de pura hipocresía.
Ansiamos ser libres, sin darnos cuenta que la libertad está dentro de nosotros. Nuestra mente es libre, pero la acallamos, la amordazamos con tal de no saber nada sobre ello, pues no sabríamos cómo gozar realmente de de ella. ¿Acaso se imaginan poder vagar por el mundo sin contradicción de pensamientos? ¿sin prohibiciones de “no podes hacer esto”, “no podes hacer lo otro”? y no estoy hablando de romper los pactos culturales, de que estén todos con todos, de desatar una guerra donde se pueda hacer lo que uno quiera, sino de liberar a la mente, permitirla ser, que nos haga dar cuenta de que si nos proponemos algo con determinación, podemos lograrlo. Que si queremos bailar, nos anotemos en una academia. Que si queremos cantar, tomemos clases. Que si queremos viajar, saquemos pasaje y dejemos de gastar en cosas materiales que de nada sirven. Que si queremos tener el cuerpo que siempre quisimos tener, aprendamos a comer como se debe y a hacer actividad física sin pensar en las dietas “mágicas”. Que si tenemos ganas de estar en pareja, primero nos fijemos que estamos haciendo mal para con nosotros mismos, ya que si no nos queremos a nosotros no vamos a poder querer a otra persona. Que si decimos que todos son iguales, hagamos un mea culpa de que sólo estamos mirando un mismo camino siempre sin querer cambiar de foco por simple capricho, y por miedo a encontrar a una persona que nos haga bien y poder disfrutar plenamente de ello.
¿Cómo puede ser que hablemos de querer ser libres, si realmente lo somos, y no nos damos cuenta?
Es psicología básica, buscamos afuera lo que no vemos que tenemos dentro. La libertad la tenemos en cada uno de nosotros, pero la buscamos a cada lugar que vamos, en un viaje, en frases de facebook, en alguien desconocido que da clases sobre espiritualidad, etc.
La libertad está, pero nos aterra demasiado sacarnos el velo y poder disfrutar de ella. Pues nuestra mente es libre, y siempre lo será, solo hay que querer reconocerla, y aprender a convivir con ella.













