Una noche bastante despejada, sábado, 12:00 am, muchos deben estar en una fiesta de pronto ebrios, de pronto bailando con el amor de sus vidas, besando un extraño, o de pronto descubriendo el placer en medio de sabanas, con una tasa de café y algunas inquietudes, a veces estas llegan a tener más poder en mi que cualquier otra cosa, por más fuerzas que yo tenga estas gritan más y cada vez más fuerte, es increíble la capacidad que tiene mi mente para dejar mis metas, esperanzas, sueños, anhelos, ilusiones en el suelo, en un momento con un par de pensamientos puedo llegar a caer en una depresión mental terrible, basta unas simples palabras para que mi café pierda su aroma, la Luna su hermosura, la noche su claridad y mi vida el sentido. Acompañada de la soledad, tengo a la Luna como linterna y mi mente como protagonista, el cielo parece ser un lienzo en blanco y mis problemas e inquietudes acuarelas esperando ser utilizadas, pero, falta algo, una inspiración y alguien quien pinte; Parece ser que tengo miedo de apropiarme de mis propios problemas y por lo visto no tengo razones para acabar con aquellas acuarelas, en el poco tiempo que llevo en este mundo son escasas las veces que he logrado encontrar dicha inspiración y son nulas las veces que he tomado el pincel y decorado el cielo con mis problemas, siguen ahí deseosos de ser estrenados, esperando el día en el que yo me levante de mi cama y al ver el Sol radiante recuerde aquella claridad de la noche anterior y aquella hermosura con la que vestía la Luna, caminar hacia el futuro, con la satisfacción de haber estrenado las acuarelas y pregonar por el mundo el ver esa noche a las 12:00am el cielo y encontrar en el el único rastro que dejaron mis problemas he inquietudes, un cosmos recordando lo duro que es la vida y lo bello que es vivir.