Legado de nuestros Héroes
Te prometemos ser siempre fieles
A los principios de libertad y justicia
Que hacen de nuestra Patria
A la que entregamos nuestra existencia.
Hablar acerca de los problemas sociales del país es hablar de un tema demasiado extenso que no solo abarca la pobreza ni el vandalismo, estamos hablando de una lista de innumerables males que de una u otra manera agobian al país e impiden su crecimiento y desarrollo. Como dice Pablo Ruiz Nápoles en su artículo Los grandes problemas actuales de México: “Es una larga lista de problemas que incluye la pobreza, el desempleo, el comercio informal, diversas formas de delincuencia, el narcotráfico, el contrabando, la emigración de mexicanos a Estados Unidos, la fuga de capitales, la corrupción, la contaminación y destrucción del medio ambiente, la impunidad, los homicidios sin resolver, los levantamientos populares regionales y el caciquismo, entre los más destacados.”
El sufrimiento del pueblo no es una broma, yo lo he visto, veo en los ojos de la gente la implosión de sentimientos negativos a causa de las injusticias que se ejercen en contra de la humanidad, hablando específicamente, en contra de los mexicanos.
Pero ¿cómo ayudo a solucionar estos problemas? Bueno, hablar de esto es aún más difícil, no se trata solo de enunciar algunos problemas; se trata de concientizar acerca de esto, hacer un análisis introspectivo y preguntarse a sí mismo; ¿cómo he ayudado a solucionar estos problemas?
Me gustaría comenzar aclarando que nací en el seno de una familia cristiana, los principios con los que se me educaron podrían abreviarse en solo dos conceptos; Amor y Servicio.
Siempre me ha gustado ayudar a la gente con sus problemas ya sean emocionales o físicos. Tengo esa facilidad de escuchar a la gente, no cabe duda de que tengo un don excepcional. Aquel don, el don que menciono, es el don del servicio y he decidido ponerlo en práctica.
No siempre me ha gustado México, realmente me costó mucho decir por primera vez; Amo a México. Y es que México no es un país prestigioso, la gente aquí se ha enviciado, se ha envuelto en su egoísmo pretendiendo así mejorar su calidad de vida. Nos hemos olvidado del pobre, del marginado, del dolido, del entristecido. Nuestra pobreza y nuestra escasa manera de vivir nos han obligado a mirar por nosotros mismos y no por los demás. Es justamente esto lo que he querido cambiar a lo largo de mi vida, el despotismo y el egoísmo que, a final de cuentas, es lo que trae la desolación.
Muchos letrados piensan que la realidad social de México; nuestra inferioridad, se ha venido arrastrando desde la conquista de los españoles, pero creo fervientemente que el problema no fue a causa de la conquista, más bien, de nuestra reacción ante la conquista. Quiero decir, la actitud de una persona “A” frente la transgresión de una persona “B” es totalmente independiente a la transgresión. Si alguien me golpease con arrogancia yo tendría la posibilidad de conducirme de manera similar o de manera diferente. Si alguien me dijese que soy un “tonto” yo decido si creerlo, o no.
Bien, lamentablemente los mexicanos optaron por conducirse de manera similar a los que nos conquistaron; Ser presuntuosos ante los que creemos ser débiles y sin valor. Mi trabajo aquí, en esta vida, es trabajar con estas personas ninguneadas, hechas menos, para así evitar la creación de un círculo vicioso.
Lo contrario de malo, es bueno; lo contrario de arrogante, es humilde y precisamente en este punto aparece un gran cliché: “El humilde es débil”. El presente estereotipo no se ha transmitido de manera verbal de padres a hijos, este pensamiento se ha estereotipado mediante el ejemplo de los padres hacia los hijos. Y si bien, la educación que los padres proveen a sus hijos son las bases de su comportamiento, obtenemos una costumbre, de manera que ser presuntuoso es ahora una costumbre. Es difícil arrancar algo que ya ha sido arraigado al corazón del hombre, pero no es imposible.
El inicio siempre debe empezarse con acciones pequeñas. Cuando se corre un maratón siempre se debe entrenar iniciando con distancias cortas; cuando se quiere levantar pesas de 500kg debes de empezarse con algunas de 50kg; Cuando se quiere ser grande, primero se debe de ser pequeño. Esto me queda claro, pues siempre he querido cambiar el mundo, ser parte de un cambio, vivir en una hecatombe de paradigmas. Pero Roma no se hizo en un día y la sociedad no rechaza una costumbre de la noche a la mañana.
El primer recuerdo que tengo acerca de mi servicio para con la humanidad fue haber recogido el suéter de una norteamericana de edad avanzada precisamente en Norteamérica. Yo era apenas un niño, no conocía del todo el idioma ni la cultura de aquel lugar, pero recuerdo haber escuchado algunas de las palabras que hasta entonces conocía “Thank you”. ¿Saben que gratificante es escuchar a alguien agradecido? posiblemente haya sido insignificante la ayuda que realicé pero tanto a mí, como a ella, el agradecimiento nos unió y nos satisfizo. Esto es la ayuda: satisfacer las necesidades de alguna persona para que éste logre algún objetivo. ¿Tu paga? Tu paga es recibir la placidez de ayudar a alguien a ser feliz. El hombre debe despojarse de sus comodidades para ayudar a otros a mejorar su calidad de vida y de esta manera llegar a la equidad.
Hace unos días mi padre mencionó: “Se ha visto una corriente nueva entre los hombres, esta corriente es la de levantar muros”. Muros por temor a la gente, muros de individualismo, muros por indiferencia y muros por diferencias. Me atrevo a mencionar que los mexicanos estamos especializados en ello, no sabemos trabajar en equipo y cuando lo hacemos, traicionamos. ¿Qué pasa con nosotros?, ¿acaso no debemos romper las barreras?, quiero decir, ¡somos mexicanos! somos hermanos y una familia separada no progresa. Una enseñanza muy clara tengo de Jesús: “Si los habitantes de un país se pelean entre ellos, el país quedará destruido. Si los habitantes de una ciudad se pelean unos contra otros, la ciudad quedará en ruinas. Y si los miembros de una familia se pelean entre ellos mismos, se destruirá la familia.” (Mateo 12:25 V.TLA)
Quiero desmentir todo pensamiento que considere que México está progresando. No, México no está progresando, todo lo contrario, México va cuesta abajo. Fue sencillo verlo el primero de Diciembre del 2012 con la ascensión de Enrique Peña Nieto a la presidencia. No quiero inventar falacias acerca del Presidente, tampoco ofenderlo en algún sentido, es mi superior y merece respeto por ello. Mi objetivo, al mencionar este hecho, es resaltar la cantidad de manifestaciones sociales que se han desatado desde entonces, dentro de los cuales cabe mencionar 3 de ellos: el movimiento #yosoy132, el movimiento estudiantil del IPN y el reciente levantamiento por causa de los 43 normalistas desaparecidos. El presidente no es el problema, el problema es que tenemos un sistema totalmente corrupto, el Estado ya no cumple su función.
Concluyo, de esta manera, que México está en serios problemas, estamos sumergidos en la penumbra de la miseria. Por donde sea que vea la situación mexicana, llego a la misma conclusión: política, economía, educación y cultura, todo me lleva a lo mismo y me pregunto ¿hay esperanza? Concuerdo con Octavio Paz, quien en su libro El laberinto de la Soledad mencionó: «Quien ha visto la Esperanza, no la olvida. La busca bajo todos los cielos y entre todos los hombres. Y sueña que un día va a encontrarla de nuevo, no sabe dónde, acaso entre los suyos. En cada hombre late la posibilidad de ser o, más exactamente, de volver a ser, otro hombre.» Así que sí, aún creo que hay esperanza. En cada persona reside una pequeña e insignificante flama de esperanza, pero ¿qué pasa si se unen dos, tres, cuatro flamas?, ¿acaso no se acrecienta la llama?, cuando la gente se une se logran cosas grandes.
Esto último, quiero reconocer, lo digo con voz de experiencia. Si bien, la pregunta principal es ¿Cómo contribuyo a solucionar los problemas del país? Quiero expresar que yo, junto a mis hermanos en Cristo Jesús y en especial con mi familia he realizado acciones que ayudan a solucionar estos problemas. He participado en suficientes campañas sociales; Estado de México, Oaxaca, y Michoacán han sido algunos de los lugares que he visitado en nombre del servicio. He visitado pueblos indígenas, visto a gente rechazada y marginada. En mi corta experiencia he trabajado junto a médicos, odontólogos, oftalmólogos y misioneros americanos. He entregado cantidades exuberantes de ropaje, y medicinas. He auxiliado a viudas, drogadictos, madres solteras y he jugado con niños huérfanos. He aconsejado, enseñado y defendido.
Desde niño me forjé para atender las necesidades de quienes lo necesitaban: compartir mi habitación con gente desconocida, dormir en lugares desconocidos, compartir la mesa con gente que jamás había visto, servir alimentos, servir bebidas, hablar con indigentes, llorar con ellos, despojarme de regalos invaluables, despojarme de mi calzado. Mensualmente brindo desayunos a gente que lo necesita en las salas de esperas, fuera de los hospitales y a gente de los alrededores, ofreciendo también, mi oído para oír y mi hombro para llorar. Créanme cuando digo que no es necesario conocer a alguien para consolarlo. La gente abre sus sentimientos y pensamientos con quien le escucha, no con quien pasa más tiempo. He aprendido a amar a gente que nadie ama, y aquí, me gustaría retomar a los indigentes, pues he hablado con muchos, una en especial. Es duro hablar con estas personas, quisieras darles todo, pero no lo tienes, no puedes darles todo. Sientes tanta impotencia que comienzas a llorar, sientes tanta impotencia que no dejas de pensar.
Camilo José Cela mencionó: «El nacionalista cree que el lugar donde nació es el mejor lugar del mundo; y eso no es cierto. El patriota cree que el lugar donde nació se merece todo el amor del mundo; y eso sí es cierto.» Esta frase cambio mi manera de ver a México. Me encontraba pronto a ser uno más, de confundirme entre la gente, estuve pronto a desaparecer. Pero creo que, para que México prospere, necesita amor. Necesita gente que se preocupe, que actúe; Necesitan ciudadanos que trabajen y que se procuren los unos por los otros.
Unos días después de haber leído esta última cita me encontraba donando sangre en el hospital Gustavo Baz Prada en el Estado de México. Quieto, esperando que llegase mi turno, me interese por leer una gran placa de metal adherida a la pared que se encontraba delante de mí. Esta placa enunciaba la biografía de Prada y algunas citas textuales de este gran médico. Pronto, me interese por esta cita: «El origen de la desigualdad entre los hombres es la ignorancia, aprovechada por la mala fe de aquellos que algo saben y la fórmula política para borrarla en lo posible, es atendiendo las llamadas de las mayorías y señalándoles caminos de satisfacción» Esta frase me ayudó a reforzar una gran decisión que, en aquel momento, estaba próximo a elegir; mi licenciatura. Considero que es importante relatar este hecho pues mi licenciatura está ampliamente relacionada con el servicio a los mexicanos, por tanto yo, viendo las grandes problemáticas sociales del país, decidí aplicar mi examen de ingreso a la universidad para la licenciatura en trabajo social, pues el trabajo social “promueve el cambio social, la resolución de problemas en las relaciones humanas, el fortalecimiento y la liberación del pueblo para incrementar el bienestar.” (Federación Internacional de Trabajadores Sociales)
La mejor manera en la que México pude cambiar es cambiando sus cimientos. Es necesaria una nueva generación de pensadores, licenciados, ingenieros, maestros y doctores que, con una nueva visión, cambien el rumbo de la nación, y si el cambio comienza por uno mismo, mi trabajo es poseer una visión renovada.
Cuando era un adolescente le pregunté a mi padre: “¿qué te gustaría que estudiara?”, a lo que él respondió: “lo que sea, pero lo que hagas, hazlo de la mejor manera posible.” Crecí con esta respuesta, posiblemente en ese momento no comprendía de la mejor manera. No obstante ahora intento, en lo posible, hacer las cosas de la mejor manera. Debo confesar que mi actitud de servicio y la apatía han tenido grandes disputas dentro de mí. No es sencillo ser siempre servicial, francamente, no es sencillo el hecho de ser servicial. Bien se dice por ahí que, sí algo fuese sencillo, todos lo harían, y lamento decir que faltan personas que sirvan.
Soy fruto de esta Nación y mi deseo es servirle, demostrar con mi vida, que la patria es primero. Aún si trabajase fuera de estas tierras, enorgullecerme al decir que soy mexicano. Anhelo el día en que este país renazca de sus cenizas y que de nuevos frutos. Anhelo un país justo y equitativo, un país desarrollado, libre de corrupción. Anhelo ver aquella nación ideal y sé que obtenerla será resultado de arduo trabajo.
Me encuentro a palabras de terminar este ensayo y me gustaría expresar que jamás había concebido experiencia tan grata al escribir. Reflexionar es difícil, más de lo que pensé, pero ahora sé que si alguien me preguntase ¿cómo contribuyes a solucionar los problemas del país? respondería sin preámbulos: sirviendo con amor y pasión.