La gente immagina di pensare, e accade che degli esseri senza pensiero si erigano ad arbitri di coloro che pensano davvero.
seen from United States
seen from United States
seen from Spain

seen from United States

seen from United States
seen from Morocco
seen from United States

seen from United States
seen from United Kingdom
seen from United States

seen from Denmark

seen from Kazakhstan
seen from Denmark
seen from United States

seen from France
seen from United States
seen from Spain
seen from Hong Kong SAR China

seen from Brazil

seen from France
La gente immagina di pensare, e accade che degli esseri senza pensiero si erigano ad arbitri di coloro che pensano davvero.
No puedo no más que sorprenderme de la lucidez del comentario. Comparto su argumentario al 95%, ya que la figura de Dios no aparece y cuando situamos al hombre, individuo, en su lugar, suceden cosas como han sucedido a lo largo del S.XX.
Max Stirner y el anarquismo individualista
Por Joakim Andersen
Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera
En la periferia de la historia de las ideas hay un grupo de filósofos y escuelas que están relacionados entre sí porque todos defienden la rebelión del individuo contra la sociedad y la moral. También están relacionados porque las personas que han sido influenciadas por uno de estos pensadores suelen conocer a los demás. Los más conocidos entre ellos son probablemente Friedrich Nietzsche y el fundador de la Iglesia de Satanás, Anton Lavey (nacido Levi). También encontramos aquí al socialdarwinista Ragnar Redbeard y su furioso manifiesto Might is Right, al ultramaterialista Marqués de Sade y a la fundadora del objetivismo, Ayn Rand (aunque es dudoso que ella encaje realmente en este grupo). Estas ideologías extremistas y más o menos antisociales pueden, en algunos casos, ser beneficiosas para el desarrollo de un individuo, ya que le ayudan a ver más allá de ciertos ideales modernos como el etnomasoquismo y el igualitarismo. Sin embargo, en condiciones normales, parecen servir con la misma frecuencia como excusa para aceptar sus aspectos más aburridos y bajos y para permitir que los individuos fracasados y amargados se vean a sí mismos como superhombres, pero esto probablemente depende en gran medida del tipo de persona que se ve expuesta a ellas. Sin embargo, estas ideologías solo deben considerarse como una posible fase en el desarrollo de un individuo y tienen grandes deficiencias a largo plazo. Por lo tanto, la entrada de hoy tratará sobre un representante algo menos conocido de esta «tradición», Max Stirner (1806-1856). Dado que yo mismo estuve bastante influenciado por Stirner en el pasado y sigo encontrando aspectos valiosos en su filosofía, la entrada de hoy será más personal de lo habitual.
Stirner fue contemporáneo de Marx y Engels y en su correspondencia se puede ver que Engels quedó muy impresionado al principio por su obra Der Einzige und sein Eigentum. Fue necesaria una carta airada de Marx para que Engels se diera cuenta de la peligrosidad de Stirner y a continuación ambos escribieron juntos un largo ataque contra Stirner y su filosofía. Este ataque ha sido probablemente más leído que el libro de Stirner.
Las tres fases de la vida y la historia
Stirner estuvo inicialmente influenciado por el filósofo alemán Hegel, lo que se nota en la forma en que comienza el libro. Por un lado, es historicista y, por otro, es fácil encontrar los tres conceptos de Hegel (tesis, antítesis y síntesis) en su escritura histórica. Stirner sostiene que la historia de la humanidad se asemeja a la historia del individuo. Cuando somos niños, intentamos descubrir cómo funciona el mundo y las diferentes cosas. A medida que crecemos, nos volvemos idealistas, lo que significa que descubrimos lo que se esconde «detrás» de la realidad física. Durante esta fase, podemos volvernos profundamente religiosos o algo similar. Sin embargo, Stirner sostiene que durante este período son los ideales los que nos dominan y no al revés. A continuación, insinúa una tercera fase, en la que nos convertimos en dueños del mundo de las ideas que hemos creado, del mismo modo que en su día nos convertimos en dueños de la realidad física.
Stirner asocia estas tres fases con las tres grandes razas humanas, en las que el interés del niño por la realidad puramente física se denomina fase negroide, el interés del joven por el mundo de las ideas se denomina fase mongoloide y la fase del hombre maduro y autónomo se denomina fase caucásica. Según Stirner, la fase caucásica aún no ha comenzado, sino que seguimos siendo esclavos de los fantasmas mentales que nosotros mismos hemos creado. Stirner también sostiene que las dos primeras fases corresponden al período antiguo (pagano y judío) y al moderno y cristiano, respectivamente. Aquí demuestra su voluntad de encasillar las múltiples y cambiantes culturas de la humanidad en un único modelo monolítico que habría avergonzado incluso a Marx. Sus conocimientos sobre las sociedades paganas parecen limitarse a los griegos y los romanos, lo que le lleva a creer que la filosofía india era infantil y «negroide».
Stirner y las ideologías
Es bastante evidente que Stirner ve a Dios como un fantasma mental o «rueda en la cabeza». Nunca defiende esto con argumentos, sino que parte de la base de que es obvio que sus lectores son materialistas (un lector malintencionado podría afirmar que el materialismo es el fantasma mental de Stirner). Más interesante aún es que ve un concepto como la Humanidad como un fantasma mental de naturaleza religiosa, de hecho, aún más exigente que las antiguas religiones. Esto significa que, según Stirner, incluso los liberales, los conservadores y los comunistas son religiosos u «obsesionados». Es aquí donde nos resulta más útil hoy en día, ya que nos ayuda a identificar los fantasmas que se esconden detrás de la inmigración masiva y el feminismo radical como una especie de religiones. Porque la «humanidad» ha sustituido a Dios con la ideología liberal y es un ser abstracto que controla todo, desde nuestra política de inmigración hasta nuestra política social. El bienestar y el malestar de las personas concretas suelen ser bastante irrelevantes para quienes sirven a la abstracción de la «humanidad». También nos recuerda que una persona puede ser libre desde el punto de vista jurídico, pero que eso no sirve de mucho si sigue llevando a su esclavista en la cabeza.
Sin embargo, Stirner va más allá, ya que también considera que la moral, las leyes, la nación, la familia y la propiedad son fantasmas mentales. Hoy en día, tal vez se utilizaría la expresión «construcciones sociales». Sin embargo, Stirner se muestra aquí más ambivalente. Por un lado, se pueden tener sentimientos hacia la familia y entonces estos son concretos. O bien uno se puede someter a la familia, a pesar de que en realidad no lo quiera, y en ese caso se trata de un fantasma mental. El ideal de Stirner es aquí el egoísmo y lo único que «realmente» existe es el individuo único. Todo lo demás son fantasmas para él y su ideal es que uno los posea y los utilice según sus propios intereses. Del mismo modo, sostiene que hay que «utilizar» a otras personas, aunque a veces de forma tan pacífica como en forma de clientes o amigos. Es una forma cruda y extraña de expresarse, pero lo positivo de Stirner es que nos recuerda que debemos revisar nuestros ideales y pensamientos y reflexionar sobre cuáles son propios y cuáles son consecuencia del «lavado de cerebro» cotidiano. Sin embargo, da la impresión de que uno debe poder cambiar sus ideales más o menos a diario, por motivos egoístas, y eso es una falta de coherencia que parece indigna. Al parecer, tan pronto como resulta incómodo tener una determinada opinión, el egoísta debe poder cambiar de opinión, pero entonces se describe más a un ser voluble que a un individuo autónomo.
A veces, Stirner también recuerda a un niño pequeño rebelde. Por ejemplo, escribe que puede asociarse con otras personas sin ningún problema, aunque eso limite su libertad. Pero no soporta al Estado, porque este exige ser visto como algo superior a al individuo (por mucho que un fantasma pueda exigir cosas). Sin embargo, en otras partes de su libro no tiene ningún reparo en mentir descaradamente, por lo que nunca queda del todo claro por qué le resulta tan insoportable profesar con los labios la supremacía del Estado. Por el contrario, argumenta hábilmente en contra de la democracia, ya que considera que, como individuo, está igualmente oprimido tanto si es una sola persona como si son cinco millones las que deciden sobre su individualidad (en lo que tiene toda la razón). Sin embargo, no presenta ninguna alternativa viable, salvo quizá que el Estado cambie su nombre por el de «confederación» ...
«Stirner más allá de Stirner»: Jünger y el anarquista, Jung y el paganismo
Como se puede ver, la filosofía egoísta de Stirner tiene varios puntos débiles y, en muchos sentidos, él representa, junto con el igualmente materialista Marqués de Sade, lo peor de la Modernidad. Sin embargo, Ernst Jünger ha demostrado con su concepto del anarquista que se puede desarrollar a Stirner hasta convertirlo en algo más útil. Como es sabido, el anarquista de Jünger es un individuo que está más allá de diversos «ismos» y es dueño de sí mismo. La diferencia entre Stirner y Jünger es que este último parte de la tradición europea, por lo que el Anarca aparece como un individuo más normal y mentalmente sano que el voluble y estéril «Einzige» de Stirner. Muy similar al Anarca de Jünger es el concepto de Apoliteia del tradicionalista italiano Julius Evola, desarrollado en Cabalgar el Tigre. Jünger y Evola no recuerdan a niños pequeños arrogantes y, a diferencia de Stirner, pueden tomarse con cautela las «exigencias» de respeto del Estado moderno.
Sin embargo, el gran problema con Stirner es que parece un aburrido burgués, algo que contagia su Einzige. Es muy posible que una persona tan «única» pueda crear grandes obras de arte, realizar hazañas heroicas o cosas por el estilo, pero esa no es precisamente la impresión que da el libro de Stirner. En él aparece más bien un egoísta bastante aburrido, rancio y mezquino, que como mucho podría robar a sus padres o mentir en un tribunal. Así pues, para utilizar una expresión de Nietzsche, lo que nos diferencia de Stirner es, en última instancia, una cuestión de gustos. Yo también me considero único, pero esto es consecuencia de la combinación única de características que me hacen ser yo (es decir, mi etnia, mi cultura, mis genes, mi género, etc.). Para Stirner, y para la mayoría de los liberales y socialistas modernos, parece ser, en cambio, es lo que queda cuando se eliminan todas esas características personales lo verdaderamente interesante, pero si eliminas todas tus características concretas y crees que queda algo, entonces es más probable que estes dominado por fantasmas mentales.
Se podría objetar que no es asunto de Stirner decirles a sus lectores que se conviertan en héroes culturales o anarquistas arios, pero el problema es que es tan minucioso al describir lo que no deben ser que al final solo queda espacio para burgueses y pederastas, en resumen, los «individuos» atomizados y sin raíces del liberalismo (aunque aún menos fiables de lo habitual). Stirner tiene, por lo tanto, una antropología muy débil y tiene poco que decir a los individuos que son «de gran alma» (por usar una expresión antigua) o diferenciados (expresión de Evola). Un individuo así no se conforma con lo puramente negativo, con lo que no se debe ser, sino que eso es solo el primer paso. El segundo paso es positivo, creativo, para este tipo de persona. Para una persona así, el concepto germánico de honor es algo natural, al igual que gran parte del autocontrol del tradicionalismo, ya que una persona así quiere demostrar que puede imponerse una ley/código de honor y cumplirlo. Para los subhumanos que leen con demasiada frecuencia a Stirner, Lavey y similares, el concepto de honor, el sentido de la responsabilidad y el sacrificio se perciben, por el contrario, como algo que se les impone, pero para un tipo de persona superior es algo que viene de dentro.
Ahora bien, teóricamente se puede imaginar que incluso un egoísta stirneriano puede elegir luchar por diferentes causas, por motivos puramente egoístas. Por ejemplo, se puede imaginar que un individuo único se sienta mal por el maltrato animal y, por lo tanto, luche por los derechos de los animales o que otro individuo único encuentre un valor en su propio grupo étnico y, por lo tanto, se convierta en activista étnico. Pero cabe preguntarse qué tan probable es eso.
Un tipo de individuo superior también se da cuenta de que el ser humano es un animal tanto social como político. Y los egoístas de Stirner no son capaces de construir una sociedad funcional y viable (por ejemplo, no pueden sacrificarse por ella, y el fanatismo parece serles indiferente). Quizás se pueda decir que el Einzige de Stirner se acerca más al «último hombre» de Nietzsche que a los superhombres y semidioses de la mitología griega, Prometeo y Heracles. Un tipo de individuo diferenciado también se da cuenta de la necesidad que tiene el ser humano de los mitos. Esto significa que cuando Lavey, cuya filosofía por lo demás se asemeja mucho a la de Stirner, pero es menos original y está peor estructurada, utilizó la figura mítica de Satanás como arquetipo de su «iglesia» materialista, fue una jugada superior desde el punto de vista del marketing.
Sin embargo, personalmente creo que es más divertido y saludable utilizar los mitos y arquetipos de nuestra herencia nórdica. Además, las joyas que se encuentran en Stirner se pueden encontrar con frecuencia en formas al menos igual de buenas en nuestra herencia nórdica o indoeuropea. Cuando Stirner advierte contra dejarse obsesionar por una única pasión, como la codicia, tal idea ya ha sido expresada en la doctrina india de los cuatro objetivos de la vida. Cuando Stirner intenta en vano dar sentido al concepto de «la nada creativa» se encuentran descripciones mucho más inspiradoras en el concepto de los últimos creyentes en el paganismo nórdico gudlausir menn (los más místicos también pueden encontrarlo en el Tao oriental). Un ideal humano más adecuado que el del anarquismo individualista, pero no tan ajeno como para no poder dar forma a la personalidad de un anarquista individualista, se expresa, por cierto, en el ideal oriental del bushido. Pero también en equivalentes nórdicos como drengskapr y gaefumadr. El egoísmo que persigue Stirner recuerda al svadha indio o al ethos europeo. Así pues, lo más valioso e interesante de la filosofía de Stirner, y de Lavey, ya se encuentra en el paganismo. Y, además, con más coherencia.
El individualista anarquista verdaderamente infantil podría objetar en este punto que «pero yo no creo que la tormenta sea causada por Thor, que va en su carro». En ese caso, sin embargo, se puede llegar a la conclusión de que ni siquiera son capaces de darse cuenta de que el mito es un lenguaje, una forma de describir contextos, tal vez no merezcan que se les dedique tiempo y tal vez ni siquiera sea necesario explicar que no todos los creyentes en la mitología nórdica se tomaban los mitos al pie de la letra. Los anarquistas individuales que son diferenciados, por el contrario, descubrirán gradualmente las deficiencias y limitaciones de Stirner y entonces darán un paso más allá. Interpretado literalmente, Stirner es un callejón sin salida.
Fuente: https://motpol.nu/oskorei/2007/11/18/max-stirner-och-individualanarkismen
" La creatività, come uso finalizzato della fantasia e dell'invenzione, si forma e si trasforma continuamente. Essa esige una intelligenza pronta ed elastica, una mente libera da preconcetti di alcun genere, pronta a imparare ciò che gli serve in ogni occasione e a modificare le proprie opinioni quando se ne presenta una più giusta. L'individuo creativo è quindi, in continua evoluzione e le sue possibilità creative nascono dal continuo aggiornamento e dall'allargamento della conoscenza in ogni campo. Una persona senza creatività è una persona incompleta, il suo pensiero non riesce ad affrontare i problemi che gli si presentano, egli dovrà sempre farsi aiutare da qualche altra persona di tipo creativo. Le tecniche della sperimentazione e della ricerca non finalizzate, aiutano lo sviluppo della creatività. Queste due attività vanno svolte in modo sistematico altrimenti si avranno solo dei dati parziali e non si sarà sicuri di aver sperimentato ogni possibilità utile. "
Bruno Munari, Fantasia, Laterza, 1977¹; p. 121.
2051- Buscamos llenar el vacío de nuestra individualidad y por un breve momento disfrutamos de la ilusión de estar completos. Pero es sólo una ilusión: el amor une y después divide.
(Lawrence Durrel)
Culle vuote, telefonini sempre accesi e specchi infranti.
Intanto le relazioni si spezzano. I figli si educano da soli. Decine di donne vengono uccise mentre altrove si muore di fame, di stenti e di bombe.
Una #riflessione sul presente.
Una riflessione preoccupata
«Ciertamente, ya no es posible, en mi opinión, llamarse a sí mismo anarquista sin añadir un adjetivo calificativo que lo distinga de los anarquistas personales. Como mínimo, el anarquismo social está radicalmente en desacuerdo con el anarquismo centrado en un estilo de vida, la invocación neosituacionista del éxtasis y la soberanía del ego pequeñoburgués cada vez más marchito. Los dos divergen completamente en los principios que los definen: socialismo o individualismo. Entre un cuerpo revolucionario comprometido de ideas y práctica, por una parte, y el anhelo deambulante de placer y autorrealización personal, por otra, no puede haber ningún punto en común. La mera oposición al Estado podría muy bien unir al lumpen fascista con el lumpen stirneriano, un fenómeno que no carecería de precedentes históricos.»
Murray Bookchin: Anarquismo social o anarquismo personal, un abismo insuperable. Virus Editorial, pág. 102. Barcelona, 2012.
TGO
@bocadosdefilosofia
@dias-de-la-ira-1
Es irónico que en una época donde cada vez hay menos racismo, homofobia y sexismo, donde surgen en aumento movimientos sociales y de igualdad, seamos más egocéntricos y cerrados.