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Yo siempre fui paciente, en absolutamente todo; pero ahora estoy perdiendo la cabeza al recordar que ya no estás aquí. No sé que hacer, y la ira me invade.
Entiendo que los procesos no son lineales, pero es una tortura un día sentir tu corazón, cuerpo, mente en paz y al siguiente día una ola de emociones, pensamientos y recuerdos alborotados.
Me presentaron a Dios en una iglesia, pero lo conocí en mi soledad, en mi proceso, en mis miedos, en mi sufrir...
Aunque hoy la distancia nos separe y el silencio sea más frecuente que las palabras, sólo quiero pedirte que te cuides, come bien, abrígate y, si sales, hazlo con cuidado. Yo sigo aquí, construyéndome poco a poco, trabajando en mí con paciencia y dolor, extrañándote en cada momento en que el mundo se queda en pausa. Deseo de corazón que estés siendo feliz, que la vida te esté tratando con ternura y que estés logrando cada una de tus metas. Guardo la esperanza, tranquila pero firme, de que algún día nuestros caminos se vuelvan a cruzar y podamos mirarnos sin reproches, sólo con todo lo que aún sentimos.
El "proceso de duelo" de los hombres es irse con otra, asegurarse de que tú te enteres y luego regresar a buscarte.
Las mujeres, lloran, se valoran, se superan y siguen adelante.
Hay procesos que se acomodan muy lentamente. Tan lento que cuando por fin encajan, se sienten ya tan integrados, que a veces olvidamos que lo estábamos esperando. Hay una tranquilidad muy genuina en ello. Y espacio, mucho más espacio.