Estábamos y los juicios se fueron.
Y desde el principio fui yo, no hubo más, te mostré todo lo que era y soy, fuiste la última persona a la que decidí contarle mi pasado, te hice saber la primera vez que me enamoré, te conté mis deseos, mis miedos, sueños, tristezas y mis alegrías, en mis conversaciones conjugue todos los verbos en pretérito, presente y futuro para así enseñarte que fui y soy un desastre, pero que me quiero reconstruir. Tú solo me miraste callado, me observaste y me abrazaste, no hubo más, no necesite más.
Estábamos y los juicios se fueron.
Desde ese momento descubrí que contigo puedo ser sin ocultar nada, cuando ves que soy un desastre inocente solo me ves, tu mirada en esos momentos es única y siento que nos disfrutas, disfrutas ver el caos que puedo ser, en esos instantes me siento segura y feliz; en cambio cuando soy un desastre directo a la destrucción total prefieres enfrentarme y decirme lo necesario para detener cualquier crisis que se pueda avecinar.
Es muy poco el tiempo que hemos estado el uno en la vida del otro pero en este tiempo me has dejado hacer todo lo que quiero, lo que no y lo que no sabía que quería y podía.
Todos estos momentos tan pequeños que pueden pasar por desapercibidos e insignificantes; me hacen sentir agradecida de que estés, que seas y que existas en mi vida. Porque entre tanta devastación, tú me inspiras a ser mejor y es por eso que me sigue gustando elegirte todos los días; ojalá que el bien que me haces,yo pueda provocarlo día a día en tu vida.














