No sabía el por qué de su empeño por tener bajo secreto los pensamientos de su vecino. Pero había estado en un continuo sin vivir ante el mero hecho de vivir verja contra verja. Cualquier ruido, cualquier vistazo, o la simple idea de estar sola, la hacían saltar de puro miedo.
Se vio obligada a pasar frente a la puerta de tan odiada casa, y se topó con la desagradable sorpresa de que el hombre la esperaba. Quiso correr, avisar telepáticamente a alguien, pero sus pensamientos eran tan atroces que la bloquearon.
—Te noto acelerada hoy, vecina. ¿Alguna razón en especial para ello?
Tocó el pelo de la chica con morbo, se acercó y la olió, haciendo que un escalofrío se atravesara en la columna de la pelirroja.
—¿Sigues siendo una chica inocente, Jyn?
—¿Qué?
Se le empaparon los ojos, sabiendo de qué le estaba hablando. Nunca antes su vida había estado tan asustada como en ese interminable momento.
—¿Qué estás haciendo?
La voz de su tío Ralph, de pronto a su lado, la sobresaltó. Jyn ni siquiera se había dado cuenta, pero se acercaba desde el fondo de la calle cuando se topó con la escena. La expresión de Ralph delataba que estaba al borde de perder los estribos. Ni siquiera hacía falta ser un genio para entender qué estaba pasando entre ellos dos. Y el hecho de que la víctima fuese su sobrina despertó un sentimiento colérico que no había experimentado hasta la fecha.
—He dicho que qué estás haciendo —repitió.
El vecino, paralizado, solo soltó una risotada. Como si con ello pudiera disimular cualquier pensamiento perverso que se cruzara por su cabeza. Pero ese gesto fue suficiente para Ralph Senior, que le soltó un puñetazo en plena cara.
En un abrir y cerrar de ojos, empezaron a forcejear, a golpe limpio, hasta que cayeron al suelo.
No había modo humano de hacerlo razonar. No después de lo visto y escuchado. Sus manos se habían cerrado en puños para dar un golpe tras otro. Ni siquiera paró cuando vio la sangre saltar, ni por el dolor que sentía en los nudillos.
Solo podía ver la cara asustada de Jyn. Cómo la había tocado, en las preguntas que le había hecho, en su cara lasciva. Todo le incitaba a seguir pegándole.
—¡Como vuelvas a tocarla estás muerto, hijo de puta!
—¡NO! ¡RALPH! ¡Tío Ralph, para! ¡PARA! —El miedo de la chica cambió de forma, ahora le aterraba el estado en que su tío se encontraba, fuera de control.
El vecino, desbordado por los golpes, jugó sucio y llevó las manos contra su cuello. Para aquel entonces, algunos de los peatones dieron aviso a la policía.
Ralph ni se dio cuenta. Echó una mirada a su lado para mirar a su sobrina. Estaba siendo injusto con ella al montar tal escena, pero no podía parar. El quemazón por la falta de aire subía desde sus garganta hasta los ojos. Clave para darle una idea. Llevó las manos hacia los ojos del hombre y los clavó sin piedad hasta que lo soltó.
—No la mires. Ni la toques. Ni siquiera pienses en ella. ¡O te juro por dios que yo mismo te mato!
Cada frase venía acompañada de un puñetazo, viendo el rostro del hombre hinchado e irreconocible. No se daba cuenta, pero estaba llorando de pura impotencia desde hacía un rato.
En ese momento, Kala Senior apareció corriendo por la calle, rostro desencajado, sin detenerse hasta llegar hacia su hija, a la cual atrapó entre sus brazos.
—¡Basta! ¡Los dos! ¡Ralph! ¡Ya es suficiente! ¡Tienes que controlarte! —exclamó.
Se armó un revuelo. Las sirenas de la policía hicieron eco y algunos vecinos acusaron a punta de dedo a Ralph de haber iniciado la pelea. Los agentes, sin tener muy claro qué había pasado, se dispusieron a esposar a ambos hombres.
—¡NO! ¡Él no ha hecho nada! ¡SOLTADLE! ¡Mamá! ¡Haz algo!
Ralph a duras penas miró a su hermana mayor.
—Lo siento mucho, Kala.
Cerró los ojos un momento, no podía consigo mismo. ¿Cómo había podido pasar por alto la actitud de Jyn todo ese tiempo? No haberse dado cuenta de qué pesadilla estaba viviendo. Había jurado protegerla a ella, igual que a Ani, desde el día en que nacieron.
—Te sacaré de allí Ralph —aseguró Kala, con gesto abrumado—. Te lo prometo. No me mires así. Lo has hecho. Lo has hecho. Has protegido a mi hija.
Jyn, que había dejado de forcejear y no podía hacer más que llorar, se quedó en completo shock. Que sus poderes se vieran anulados por la presencia de su tío no ayudaba con la situación. Quería saber desesperada qué sería de él.
—Jyn, escúchame. Todo va a estar bien. Haría esto todas y cada una de las veces que hicieran falta. Ya se ha acabado todo. Todo va a ir bien. No me arrepiento de nada.
—Tío Ralph... —musitó—. Tienes que volver, no puedo perderte. Vuelve. Promete que vas a volver.
Pero antes de que pudiera responderle y prometer que volvería, la puerta del coche patrulla se cerró, teniendo Jyn que afrontar la dolorosa escena de ver cómo se lo llevaban.








