¡Océano, te odio! Tus brincos y tumultos
los encuentra mi espíritu en sí; la risa amarga
del hombre derrotado, llena de sollozos y de insultos,
yo la escucho en la risa tremenda de la mar.
Charles Baudelaire en Obsesión. Las Flores del Mal.
Recuerdo que, en el pregrado de Filosofía, no faltaba el bufo que se creía el superhombre nietzscheano en tierra muisca; por "leer" el Zaratustra de Nietzsche. Lo mismo ocurrió con los que se creyeron la reencarnación del Che Guevara, luciendo como él en su peor momento, a causa de leer o escuchar a unos marxistas pretenciosos y dogmáticos; los cuales, era evidente, ni siquiera leyeron a Marx de primera mano o si lo hicieron, fue sin la rigurosidad intelectiva que corresponde.
Yo mismo caí en el estereotipo de la “irreverencia”, creyendo ser al igual que Poe, un poeta gótico maldito; un incomprendido especial que amaba la noche, acompañado de una botella de vino, cigarros, libros, una guitarra y papeles arrugados con poemas mediocres. Sí, esas mismas composiciones atesoradas que, al igual que tú, creía innovadores y especiales.
Amigo mío. Te lo digo a ti, mi accidentado lector:
Ayer tuviste quince años, hoy veinte y mañana treinta, quizás. Tu vida solo es un cúmulo de sueños rotos, que se arrastra -inevitablemente- al silencio eterno del sepulcro.
Que tengas un gran día, una tarde agradable o una feliz noche; según sea.