Las respuestas solo traerán más preguntas.
¿Quién te devaluó tanto para que te afanes en ser valorada fingiendo ser otra? ¿Qué fue lo que te convenció de que mintiendo sería más fácil que te amasen de verdad? ¿Qué te hizo sacar por conclusión que para ser digna de alguien debías perder tu integridad? Te engañas a ti misma para que ya nadie te engañe; lo que te hicieron se lo haces a otros. Quizá te consuele que los demás beban del mismo vinagre. ¿Así reparas tus errores? ¿Hieres para sanar tu herida? ¿De dónde sacaste tanto valor para volverte tan cobarde? Hay un incendio consumiéndote por dentro y solo exhalas frialdad, mujer de alma entumecida, ¿con qué fuego te quemaron que quieres volver cenizas todo lo que te ofrece vida? No paras de llover lamentos y sigues ardiendo; quieres dejar en otros las mismas llagas que se te impusieron en algún momento. ¿Qué verdugo metió las manos en tu corazón para que manipules sentimientos ajenos? ¿Quién es el culpable del juez en tu cabeza? Si fuiste víctima, ¿eso te da derecho a ser victimaria? ¿Por qué te ensañas en hacer lo mismo? Quizá ya sea demasiado tarde para tanta franqueza. Quisieras traspasarle tu amargura a quien sea que se ría contigo, el mal adquirido, contagiarlo como si estuvieras vengándote del destino; huyes y no puedes deshacerte de ti, no toleras ya mirarte al espejo, pero el ego distorsiona para tu sobrevivencia la verdad de tu reflejo. Santos, entre nosotros no hay ninguno; seguiré mirándote fijo a los ojos, sabrás sostener la mirada descabelladamente mientras le tomas la mano a él, sin remordimiento alguno.
Memoria Selectiva.












