Sobre una red social de microblogs que conocí hace mucho.
Nadie supo de su funeral, pero venimos a dejarle flores constantemente. Nadie se enteró de su muerte, aunque era una crónica anunciada; ya varios lo sospechaban. Su pulso ya no era el de antes y su vitalidad cada vez se fue a menos y quedó como en estado vegetal. Olía mal desde hace mucho, su deceso fue paulatino y no por causa natural, y es que pasó por demasiadas manos que juraron ser la cura de su enfermedad. Le quitaron el corazón para ganar muchos más corazones, le extirparon la esencia para lograr ser tendencia, desfiguraron su cara en el intento de buscar una apariencia que fuese más acorde a lo masivo; la supuesta mejoría siempre fue un efecto placebo. Dejó de existir y, como un alma en pena, quedó su legado; la memoria también se la extrajeron, pero el mal que le aquejaba quedó intacto. Los que decían tener la medicina eran los putrefactos. Como parásitos le siguieron sacando provecho, y lo dejaron ya cadáver en su lecho. Alrededor de su tumba deambulan fantasmas queriendo darle vida, traspasarle sus latidos, pero hay un gran signo de peso en vez de una cruz en medio de su pecho.
Textos para degustar y escupir.













