FLUYAMOS CON EL MIEDO
Hagamos un ejercicio:
”Imagínate nadando –flotando- plácidamente en un suave arroyo. Lo único que necesitas hacer es respirar, relajarte y dejarte ir con la corriente. Súbitamente, te vuelves consciente de tu situación. Asustado, abrumado con los “¿qué tal si...?”, tu cuerpo se tensa. Empiezas a chapotear, buscando frenéticamente algo de dónde asirte. Te dá tanto pánico que empiezas a hundirte. Y luego te acuerdas, estás trabajando muy duro en esto. No necesitas llenarte de pánico. Lo único que necesitas es respirar, relajarte y dejarte ir con la corriente. NO TE AHOGARÁS”.
El pánico es nuestro gran enemigo. No es necesario que nos sintamos desesperados
Si aparecen en nuestra vida problemas abrumadores, necesitamos dejar de luchar. Podemos chapotear un poco hasta que vuelva nuestro equilibrio... Luego podemos seguir flotando plácidamente en el suave arroyo. Es nuestro arroyo. Es un arroyo seguro. Nuestro rumbo ha sido trazado. TODO ESTÁ BIEN.
”Hoy me relajaré, respiraré y me dejaré ir con la corriente”.
No le tengamos miedo al miedo. Dejémonos por momentos sentirlo al tiempo que respiramos, y hacemos la distinción entre realidad y ‘fantasía catastrófica’, NO SON LO MISMO; tomemos un respiro y hagamos una pausa para hacer contacto con nosotros mismos.
Démonos tiempo, no nos presionemos. Entendamos que uno de las funciones del miedo es la de protegernos, la de activar nuestro estado de alerta, en el que es importante distinguir entre ideas (pensamientos) irracionales y racionales.
Respiremos, relajémonos y dejémonos ir con la corriente...
Nada perdemos con probar.















