seen from United States

seen from China

seen from Brazil

seen from United States
seen from Australia

seen from United States

seen from Australia
seen from United States

seen from United States
seen from China
seen from United States

seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from China
seen from Thailand

seen from United States

seen from Italy
seen from United States
seen from Russia
Mi inconsciente ha empezado a dibujarte mientras duermo.
Te cuento que me atreví a enviarte esa carta que se aloja en mis notas.
Te esperó en ese pequeño rectángulo de un café oxidado.
Sin remitente ni firma,
pero llena de verdades.
Después fui a un bar;
ahí estabas —con ella—.
No quería verte,
mas mis ojos eran metal atraído por ti.
Encontré tu mirada sobre mí;
discreta,
sutil,
curiosa.
Fingías sonreírle.
¿Así te sientes?
El regreso a casa fue solitario
—como todo desde que te fuiste—.
Mi cálida mujer esperaba al pie de mi cama con una hoja doblada entre las manos;
escrita por ambas caras,
letra apenas legible
y repleta de manchones.
Un desastre.
Igual que su destinatario.
Se parecía tanto a la mía;
implorabas por mí,
por nosotros.
Apareciste en la puerta y,
después de años,
pude abrazarte.
Se sintió seguro y entrañable.
Fue como regresar a casa luego de un día ajetreado.
De nuevo juntos... Qué fantasía.
Cobijas frías y una habitación solitaria
me devolvieron a la cruda y cruel realidad;
sin ti.
Con las palabras atascadas en la garganta y en la punta de los dedos.
En algún momento, sin saber cómo, decidí que parte de mi vida y de mi pensamiento te perteneciera.
Caminar a tu lado no es perder mis pasos.
M. Q.
Tampoco es perder el tiempo, más bien tú le das tiempo a mi tiempo, le das calidad a los días, calidez a las horas, amor a cada minuto.
Espero que tú caminar no pierda el mutuo sendero, que tu mirada no se extravié en otros sitios o rumbos, que tus brazos siempre lleguen a abrazar a los míos, que tus labios encuentren mis besos dispuestos para ti y que las caricias sean remitente y destinatario de ti y de mi.
Leregi Renga
¿Quien es el dueño de una carta?
Aunque el envío es urgente, la carta es sin remitente
Sin remitente (Melendi)
Sería bueno si pudiéramos poner el dolor en un sobre y devolverlo al remitente.✉️
Querido, tú.
Hoy me he tomado la libertad de escribirte esta carta a la antigua, ya que sé que te gustan este tipo de cosas y haré lo posible para que esta “carta de despedida” sea lo más correcta y agradable para ti, no es un carta de amor.
Si tal vez soy una loca por hacer esto, pero es lo mejor para ambos -aunque ha pasado un tiempo ya-, y espero que comprendas mis razones.
Las personas como yo no se involucran con personas como tú.
Alguien hace días me preguntó por ti, me preguntó si te extrañaba, me limité a sonreír, quizás no yo quería saber la respuesta.
En estos últimos días has estado atacando mis pensamientos, ya no sé si recordarte es un acto de desesperación o elegancia. Sé que quizás dirás “esta niñata inmadura, no supera las cosas, no las deja pasar”, pero no, no cuando fuiste mi primer, más grande y más complicado amor.
Un día, tu decidiste escribirme luego de un comentario donde me defendía, yo amablemente te respondí, me volviste a escribir y yo te volví a responder, eras tan amable.
Así que decidí conocerte y déjame decirte que fue la mejor y la peor elección de mi vida.
¿El por qué?
Simple...
Me enamore de ti.
Y eso no podía ser más patético.
Yo me enamoré de aquella persona amable, aquella que estaba a kilómetros de mí y que posiblemente jamás conocería en persona. Me la pasaba horas frente a una pantalla, charlando contigo, sonriendo como tonta, me sentía tan patética pero tan bien, sentía que tenía a alguien, sentía que era importante para alguien. Valía la pena amanecer al siguiente día con ojeras, valía la pena pasar hasta la noche hablando contigo, porque eras tan genial, tan divertido, tan inteligente, tan hermoso y cada cosa de ti me cautivaba, cada cosa que proviniera de ti era interesante. Te estabas convirtiendo en una persona
tan importante para mí en tan poco tiempo, que me aterraba, me aterraba el hecho de sentir algo por ti, me aterraba pensar en ti, en lo hermoso y en lo perfecto que eres. Me sacabas sonrisas aun así, cuando estaba derrumbándose por dentro, eso me hacía sentir aún más extraña.
Me entran nauseas de solo pensar en esto, pero no es por asco, es supongo que por lo turbio de la situación, mi situación, me dan nauseas el solo recordar esos momentos en mi vida, tan inmadura, tan inútil y estúpida, no me soporto ahora, pero podría decirse que mucho menos a la de hace un par de años atrás.
No entendía que sucedía conmigo, así que decidí hacer que me conocieras bien, todas mis aristas, incluso ese lado horrible mio, aquel que soy realmente, todo eso lo hice para dejar de sentir lo que sentía por ti, por alejarte, lo irónico fue, que tú seguías ahí, tras de una pantalla para mí, me consolabas cuando realmente la que debía callar era yo, me molestaba que me consolaras, porque
sabias que lo detestabas y aun así lo hacías, detestaba que estuvieras para mí, que me "quisieras" porque yo no entendía como alguien como tú, podía querer a alguien como yo. Te conté mis secretos, te mostré mi verdadero lado, mi lado realmente inseguro y estúpidamente maniático y tu seguías ahí para mí, maldita sea, ¡Seguías ahí para mí! Cuando todos a mi alrededor no lo estaban.
No tenía la suficiente valentía al principio para decirte que yo sentía algo por ti, mi orgullo era más grande y no iba admitir que en poco tiempo me había enamorado de alguien como tú.
Así que intente olvidar lo que sentía por ti, lo cual era irónico, porque aquellas personas que si estaban presentes personalmente, pero no lograban llenar ese vació que tú a la distancia, si llenabas... Así que lo admití finalmente.
Y no sabes cuan jodida me sentía, estaba jodida. ¿cual era el problema? no había ninguno, pero yo le busqué muchos, con el corazón hecho trizas y
con las inseguridades invadiendo mi ser
Teníamos miedo, teníamos miedo a la distancia que nos separaba, tenía miedo a que te aburrieras de mí, tenía miedo de que a medida de que pasara pensaras que esto era estúpido, tenía miedo de que conocieras a alguien mejor que yo.... el verdadero problema era que tenía miedo.
Luego tome valor y tecleando las palabras más sinceras, te escribí: "Me gustas mucho"
Solo esperaba que me rechazaras...
Pero no sucedió.
Me dijiste que estabas lejos, pero que no ibas a aburrirte de mí, que conocerías a otras personas pero que ellas no serían como yo, me dijiste que me querías, que tú estabas enamorado de mí y que no importaba cuando lejos estuviéramos que me querías y eso era lo que realmente importaba.
Pero aparte de eso recuerdo el día donde decidiste romper el hielo -otra vez vuelven las arcadas a mi, supongo que el demostrarte que soy malditamente estúpida al recordar esto me hace más patética, pero ese es el problema quizás, aquí está uno recordando lo que el otro ya olvidó- me dijiste que era
bella, pero no te creí, nunca creo eso ¿sabes por qué?, no, no es para que me digan “oh, vamos, eres muy hermosa”, es que tú no me conocías, no me conoces como para decir si mi aspecto físico estaba bien, todos dicen esas mierdas por hipocresía o por no hacer sentir mal o quizás por rutina, y no sé cual es peor.
Las cosas luego de aquello, cambiaron.... llegaron las bromas, las cursilerías, odiabas que te llamara por tu nombre, yo amaba hacerlo solo para hacerte enojar, los celos no faltaron, eras celoso, muy celoso aunque lo ocultaras y a mí me encantaba que me celaras, claro yo también era celosa y te dejaba en claro cuando lo estaba y aunque no éramos nada, eras mío y tú lo sabias. Tú eras mío, o eso era lo que yo pensaba.
Las cosas siguieron normal, cada día me enamoraba más de ti y yo quería que eso siguiera avanzando, me confesaste que amabas, yo no lo podía creer, no podías amarme ¿Por qué abrías de hacerlo? ¿Por qué amarías a una persona como yo? ¿Por qué?
Yo también te amaba, pero lo arruinaste, lo arruiné, lo arruinamos.
¿recuerdas las veces que nos dijimos “te amo”?
¿Los apodos que causaban diabetes?
¿nuestra canción? -sí, aquella que me sé incluso aunque luego de todo me rehúso a escucharla, lloro al escucharla, justo como lloro ahora. Quizás despierta muchos sentimientos que me de preocupado por ocultar-
Quiero que sepas que no todo fue malo después de todo,
Pero te alejaste de ti por varios días tratando de superarme,pero para mi todo lo eras tú, todo lo relacionaba contigo, mis versos iban dedicados a ti, eran hechos pensando en ti.
No podías seguir tolerando aquello, no podías seguir enamorando de mi cuando estabas tan lejos, así que un día, cuando me dejaste aquel mensaje tan peculiar, aquel que hizo que mi corazón latiera con fuerza, aquel en donde tomaste la decisión de dejarte, de mentirte.
Te dije que las personas como yo no se involucran con personas como tú, justamente como lo escribí al principio de esta carta.
Sabías que unas simples palabras de despedida no bastarían para alejarte de mí, me dijiste que ese era el adiós, te despediste de mi de una manera fría, No te respondiste, eso me rompió el alma, pero supuse que te habías cansado, supuse que no te importaba, que realmente nunca me amaste como lo decías, me sentí destrozada y patética una vez más por sentir todo por ti.
Finalmente te había perdido.
Unos meses después volví a escribirte, no, no era para que volvieras a mi, era para felicitarte, ¿recuerdas? Que simplemente me equivoqué, confundí años (igual aprovecho para decirte que, sí es este año, felicidades amor, lo has logrado, estoy muy orgullosa de ti, de todo tú, eres maravilloso) pero aun así hablamos, me escribiste, bueno, no, te escribí y hablamos (agradezco al
cielo que que haya olvidado tu numero, así no tengo las de perder) y volvimos a caer, o al menos yo, nos volvimos a alejar, esta vez no sé porque, o quizás sí pero no quiero pensar en ello.
Y esta carta no es para que regreses a mí, esta carta es para explicar algo que no me corresponde, para cerrar esta etapa y tirarla desde un precipicio, te lo explico porque debía de hacerlo.
Fuiste mi todo, pero sin embargo ahora eres mi nada.
No te miento, no me arrepiento de nada, pero el solo recordar que solía ser feliz junto a ti me duele y siento asco, asco de no sé, ni de ti ni de mi, ni de nosotros, asco porque no supero esto, algo tan efímero y tan vació, algo tan sobreentendido y total, esto.
Así que con estas simples palabras, te dejo ir una vez más.
Te amo ¿Lo sabias? creo que no.
Pero eso ya no vale la pena.
Querido mi nada, espero que algún día encuentres a esa persona que realmente te haga feliz -aunque creo que ya la tienes, eso me hace muy feliz, después de todo encontraste a tu alma gemela-, una persona que no sea como yo, porque...
Las personas como yo, no deberían de enamorarse de personas maravillosas como tú, podemos herirlas con nuestros afilados y rotos trozos.
Gracias por alejarte entes de hacer que yo te alejara
No sé cómo despedirme más que con un sincero:
Por siempre mi nada....
Te ama Vale o como quieras llamarme Xx.
Carta de desamor sin remitente
Amelia,
No sé por qué razón le pedí a Dios que me despojara de todo recuerdo tuyo. No lo recuerdo, pero el muy truhan respondió a mis plegarias. Cada día que pasa, olvido algo nuevo –o viejo, más bien. Al principio creí que sólo olvidaba mis recuerdos contigo, mis recuerdos de ti. Aquellos que una vez atesoré y pensaba atesorar mientras tuviera memoria. Pues ya ves que la memoria se me está escapando, ¡pero entera! Se me han estado olvidando aspectos, no sólo sobre ti, sino sobre mi familia, sobre mis amigos, sobre mi trabajo… sobre mí. La otra vez se me olvidó que tenía gato, y como nadie le limpió su arenero, el muy cabrón fue y se orinó en mi cama. Pero no le culpo. El pobre animal está lejos de ser el culpable. Lo eres tú, Amelia. Eres la causante de mi desdicha. No puedo evitar pensar lo contradictoria que es la vida, o al menos la mía, al querer mi memoria de vuelta ahora que la estoy perdiendo. Porque quiero recordar qué me impulsó a desear echarte de ella. ¿Pues qué fue lo que me hiciste, Amelia? ¿Qué agravio puede ser tan desgraciado como para querer desvanecer toda reminiscencia tuya? Ya casi se me olvida el color de tus ojos. Están por esfumarse de mis remembranzas todos los momentos que compartí contigo. Ya no sé si fueron hartos, ya no sé si fueron gratos. Ya ni sé si me quisiste. Pero hay una que otra cosilla por ahí, escondiéndose en los recovecos de las corrientes de mi mente, que se niega a ser olvidada. Una de esas es tu nombre. Tu maldito nombre, Amelia. Estoy convencido de que no lo voy a olvidar nunca. Dios me ha condenado a olvidarte a ti, recordando siempre tu nombre; a olvidarlo todo, pero no tu nombre. Como para recordarme que hay alguien que echó a perder mi vida, sin dejarme saber por qué. A lo mejor se está mofando de mí así como yo me he mofado de él de vez en cuando, bromeando con mis amigos. Y otra cosa que permanecerá impresa en mi mente es el amor que te tuve –que te sigo teniendo. Comienzo a sospechar que esta carta que te escribo es una carta de desamor. Es posible que lo único que hiciste haya sido dejarme, porque eso sí, ya no hay vestigio tuyo en mi departamento. Sé que vivíamos juntos, aún recuerdo eso, pero toda búsqueda por alguna evocación tuya ha sido fútil. ¿Por qué me dejaste? ¡Debes haber sido tremendamente injusta! Porque si no, ¿qué me impulsó a pedirle a Dios que borrara todo recuerdo tuyo? ¿O será que me dejaste por algo que yo hice? ¡Me lleva! Tal vez todo es mi culpa. Puede que sí, puede que yo sea el malvado y que Dios me esté castigando, de ahí que mi memoria esté feneciendo. Pero, ¿sabes?, me siento más cómodo culpándote a ti. Porque eventualmente se me habrán agotado los recuerdos sobre mí, ¿y cómo habré de culparme a mí mismo cuando ya no sepa ni mi nombre? En fin, no te sorprenda que esta carta no tenga remitente porque, de hecho, ya se me olvidó. Pero el tuyo, Amelia, jamás.
Atte.
Por Joaquín Murillo Ilustración: Fabían Colín.