«El gran hecho de las ciencias naturales fundadas en las matemáticas fue una auténtica revolución en la ciencia, a fin de cuentas la única que merece verdaderamente este nombre. Lo que se desarrolló a partir de la nueva mecánica de Galileo y la difusión del tratamiento matemático de todas las ciencias experimentales representa el auténtico inicio de la época moderna. No empieza con una fecha —este juego de los historiadores está muy visto—, sino con el ideal metódico de la ciencia moderna. La unidad de la ciencia tradicional en su conjunto, que llevaba el nombre general de philosophia, se dividió en el dualismo insuperable de dos mundos, un cosmos de ciencias experimentales y un cosmos de orientación del mundo basado principalmente en la tradición lingüística. La conocida expresión filosófica de esta división es la diferencia hallada por Descartes entre res cogitans y res extensa. Con ella se introdujo una cuña en la ciencia general tradicional que marcó dentro de la ciencia la dualidad de las ciencias naturales y filosóficas.»
Hans-Georg Gadamer: La herencia de Europa. Ediciones Península, pág. 48. Barcelona, 1990.
TGO
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