Me da miedo que te aburrái de mí po’
Fandom: Los Prisioneros
Pareja: Claudio Narea Joven! x Lectora Femenina (Rebeca) Liceana!
Advertencia: Celos, inseguridades, pelea, leve angustia con reconciliación.
—Es todo por hoy —dijo la profe, cerrando el libro justo cuando sonó la campana del liceo.
Suspiré frustrada.
—¿Y a ti qué te pasa? —preguntó Sara.
La miré sin ganas, soltando un quejido. Estaba chata.
Hace algunos meses, Claudio me pidió pololeo y éramos relativamente felices. Él era lindo, divertido y me quería, pero el problema era que era demasiado celoso.
Anoche me invitó a una tocata que tenía con los chicos. Apenas llegamos, me dejó con la Sandrita y se fue a preparar el show. Mientras esperábamos, se nos acercaron unos cabros. Eran lindos, para qué mentir, pero a mí me gustaba mi moreno. Nos acompañaron durante todo el show, pero sin segundas intenciones. De entrada, con la Sandra les dijimos que estábamos pololeando.
Durante toda la tocata, sentí la mirada pesada de Claudio sobre mí. La razón era obvia: estaba celoso.
Cuando terminó el show, con la Sandra fuimos a donde estaban ellos. Miguel aceptó gustoso el beso de la Sandrita, pero cuando fui donde Claudio, simplemente me ignoró.
—Qué weón este Claudio —soltó Sara cuando terminé de contarle lo que pasó anoche.
—Me fue a dejar, ni un beso me dio. Solo me dijo "chao" y se fue —bufé.
—Tú igual, po’, lesa —me pegó un paipe en la cabeza—. Una relación se trata de comunicación. ¿Le explicaste?
Negué con la cabeza.
—No me dejó, oh. Lo intenté, pero me ignoró.
Ya habíamos llegado a la entrada del liceo.
—Ucha, Rebe —me dijo y me tomó del brazo—. ¿Querí ir a mi casa?
—No, me iré a la casa y trataré de llamarlo.
—¿A quién van a llamar? —preguntó una tercera voz.
Levanté la vista y vi a un cabro un poco más alto que yo, con una sonrisa confiada y el pelo medio pelirrojo. Me recordó a Sara.
—¿Y tú? —preguntó ella, sorprendida—. ¿No estabai en el sur, trabajando?
Mi amiga se separó de mí y lo abrazó.
—Rebe, él es Joaquín, po', mi hermano.
—Hola —sonreí y me acerqué a saludarlo—. Rebeca Pérez.
—Joaquín Villagra —respondió con un tono medio coqueto—. Venía a buscar a la Sara pa’ que vayamos a la casa —miró a su hermana y luego a mí—. ¿Tu amiga viene?
—No creo, se va a ir a su casa a llorar por el pololo —se burló Sara.
—Qué eri hincha pelota, Sara —la empujé y ella se rió. Pero su expresión cambió de repente, como si se hubiera acordado de algo.
—¡Dejé algo en el liceo! Vuelvo al tiro —salió corriendo de vuelta, dejándome sola con su hermano.
El silencio se instaló por unos segundos.
—¿Eri amiga de la Sara hace rato? —preguntó Joaquín, rompiendo la incomodidad.
—Algo así. Hicimos un trabajo juntas en primero medio y aquí estamos.
Él se rió.
—¿Y tú? ¿En qué trabajai en el sur?
—Estoy en el sector agrícola. Hago de todo allá.
Asentí. Se volvió a hacer otro silencio incómodo. Suspiré, desviando la mirada.
—¿Así que tení pololo? —volvió a hablar.
—Sí... supongo —me encogí de hombros.
—¿Cómo que "supones"? ¿Terminaron?
—No, son solo peleas tontas.
—Qué fome.
—¿Por qué?
Joaquín se acercó un poco y, por instinto, retrocedí dos pasos. Estábamos peleados con Claudio, pero no lo iba a gorrear.
—Eri linda. Pensaba invitarte a algo antes de que me vaya.
Me quedé sorprendida con su declaración, pero antes de que pudiera responder, Joaquín fue empujado bruscamente hacia atrás.
Ya sabía quién era.
—¿Qué weá te creí? —espetó Claudio, fulminándolo con la mirada.
Joaquín apenas se estabilizó tras el empujón, lo miró con una media sonrisa burlona.
—¿Y tú quién eri? ¿El paco de la Rebeca?
—Soy su pololo, imbécil.
—Ah, el pololo celoso —soltó Joaquín con sorna—. Se nota.
Claudio le iba a responder con los puños antes que con palabras, pero lo detuve, tomándolo del brazo.
—¡Claudio, basta!
—¿Tú creí que podí venir a jotearla así como así? —le gruñó Claudio a Joaquín, sacudiéndose de mi agarre.
—No la jotée, solo le hice un cumplido. Es culpa tuya si andai con los celos a flor de piel.
Claudio no se aguantó más y le lanzó un combo directo a la cara. Joaquín cayó al suelo con la boca ensangrentada.
—¡Conchetumadre! —gruñó el pelirrojo, limpiándose con el dorso de la mano antes de lanzarse contra él.
Ambos terminaron forcejeando en el suelo. Yo no sabía qué hacer, pero de repente sentí que alguien me tomaba del brazo. Era Sara, que había vuelto del liceo y tenía la cara desencajada.
—¡¿Pero qué mierda están haciendo?!
Intentamos separarlos, pero la bronca de Claudio era más fuerte. Joaquín se defendía, pero no parecía realmente interesado en pelear, sino en seguir provocándolo.
—¡Claudio, para la weá! —grité, empujándolo con todas mis fuerzas.
Él se detuvo al escuchar mi voz, respirando agitado. Sus ojos seguían encendidos de rabia.
Joaquín se reincorporó, escupiendo al suelo.
—Tení problemas, compadre.
—Ándate a la chucha —masculló Claudio, pasando una mano por su cara antes de girarse hacia mí—. Y tú...
No terminó la frase. Me miró fijamente, como si intentara decir algo pero no supiera cómo.
—Hablamos después —dijo finalmente, dándose media vuelta y alejándose.
Lo observé irse, sintiendo un nudo en la garganta.
—Tení que hablar con él, weona —murmuró Sara.
Asentí. Era verdad. Ya no podía seguir evitando esto.
Cuando llegué a la casa, me encerré en mi pieza sin decir nada. Estaba chata.
No sabía si tenía rabia, pena o qué, pero tenía esa sensación en la guata que no me dejaba tranquila.
Me tiré en la cama mirando el techo. No podía sacarme de la cabeza la mirada de Claudio cuando se fue. No era solo enojo… había algo más, algo que no supe leer en el momento.
Suspiré. Tenía que hablar con él.
Me levanté de golpe y fui al teléfono del pasillo. Marqué su número con los dedos temblorosos.
Uno… dos… tres tonos.
—¿Aló? —su voz sonaba seria.
—Claudio… —murmuré.
Silencio.
—¿Qué querí?
Fruncí el ceño.
—Hablar contigo, po’.
—¿Ahora querí hablar?
—¡Ay, no empecí! —bufé, pasándome la mano por la cara—. Nos vemos en la plaza en diez minutos.
Y corté antes de que pudiera decir algo más.
Cuando llegué a la plaza, Claudio ya estaba ahí. Estaba con la chaqueta de mezclilla, los brazos cruzados y la mirada fija en el suelo. Me acerqué con el corazón latiendome en la garganta.
—Hola… —dije con cautela.
Levantó la vista y al darse cuenta de que era yo se levanto rápidamente del banco.
—¿Te gusta ese hueón?
Puse los ojos en blanco.
—Claudio… no me gusta.
—Pero te dejó toda embobada con su tonito canchero.
—¡Ay, no hueí! —me crucé de brazos—. ¿Sabí lo que me da rabia? Que en vez de preguntarme, te enojai solo y me ignorai como si yo tuviera la culpa de algo.
—Es que me da rabia, po’ —murmuró, rascándose la cabeza—. Me carga la idea de que venga cualquier hueón a joteártela como si fuerai cualquier mina.
—Claudio, no soy "cualquier mina" y lo sabí.
No dijo nada. Se quedó mirando el suelo, pateando una piedra con la punta del zapato.
—Es que… —suspiró—. Me da miedo que te aburrái de mí po’, Rebe.
Me quedé en silencio. No esperaba que dijera eso.
—¿Por qué pensai eso? — mi tono se volvió una poco mas suave al escuchar eso. Él se encogió de hombros — amor…
—No sé — me interrumpio — A veces siento que te merecís algo mejor. Después pasa una weá como esta y me pongo más hueón de lo normal. — me reí y lo abrace por la cintura, en primera instancia no me devolvió el abrazo, pero finalmente cedió.
—Erí un celoso de mierda… pero te quiero, Claudio. — mi voz sonó amortiguada por la chaqueta que llevaba
Me miró sorprendido, pero después bajó la cabeza con una sonrisa tímida.
—Yo igual te quiero, Rebe — dejo un beso y apoyó su mentón en mi cabeza. —¿Me perdonai? —preguntó en un tono más suave.
—Si me prometís que la próxima vez hablai antes de ponerte a agarrarte a combos con el primer hueón que me mire.
—Voy a tratar… pero no prometo milagros.
Negué con la cabeza, pero sonreí.
—Ya, ven pa' acá, tonto.
Se acercó y me besó. Sus labios eran cálidos, familiares, como si en ese momento todo lo malo del día se esfumara.
Nos quedamos abrazados en la banca, con la brisa de la noche envolviendonos. Tal vez íbamos a seguir peleando, pero lo que tenía con Claudio valía la pena.
Hellou chiquillas, volví con otro one shot. Si les gusta dale corazon y si no, no me funes. TKM a todas, muak
















