Acababa de tomar una ducha caliente luego de arribar a su departamento, el día había sido extenso y exhaustivo, su jefe Jeff, un hombre que abusaba de su poder y superioridad en el restaurante, no le permitía hacer bien su trabajo, el masculino simplemente se estaba aprovechando de la personalidad sensible y reservada de Nola, y es que la italiana estaba propensa a la reflexión durante su jornada laboral debido a su reciente ruptura, se hallaba distraída la mayor parte del tiempo lo cual le proporcionaba una reprimenda diaria, pero su paciencia tenía un límite, la castaña deseaba desesperadamente renunciar, y quedarse exclusivamente con su esporádico trabajo en el club nocturno en donde se podía expresar artísticamente. Sin embargo todo parecía ir en picada, últimamente no tenía deseos de subir al escenario. El haber perdido a la persona que amaba le proporcionaba el más grande dolor, no se había enfrentado antes a una situación tan dura, a pesar de que había compartido con otras personas, el problema era que nadie le había enseñado como afrontar la perdida y le costaba en demasía salir adelante. Aún derramaba amargas lágrimas antes de irse a la cama, preguntándose qué había salido mal, Nola se sentía inevitablemente sola y es que estar lejos de su familia le hacía sentir peor, no tenía un hombro en el cual refugiarse, y a pesar de tener algunos buenos amigos, ellos no llegaban a llenar el vacío en su interior.
La fémina intentaba centrarse en si misma; conectándose consigo y sus intereses, dejando que su cuerpo hiciera el duelo sin interferencias, pero seguía cayendo el la trampa de la nostalgia, aquello hacía que el dolor se multiplicara. Sabía que el camino más rápido hacia el malestar era intentar bloquear sus emociones, por tanto decidió permitirse estar triste, no lucharía más contra ellas, aceptando que ello era normal. Debía ser capaz de seguir adelante aunque sintiese malestar.
Eran las tres y cincuenta de la madrugada y aún no conciliaba el sueño, entre sus manos la novela de Gustave Flaubert, Madame Bovary. Sus huesudas manos se hallaban frías debido a las bajas temperaturas, Nola adoraba el clima frío le hacía recordar su querida Europa.
De pronto se percata del sonido que provoca la puerta principal, la muchacha se alarma observando el reloj que descansa en la mesita de noche <<¿Quién podrá ser?>> se dice a si misma buscando su bata de algodón, a la par que se coloca sus pantuflas para atender el llamado. Rápidamente se posiciona tras la puerta exterior de madera maciza, encendiendo la luz del salón “¿Quién es?” pregunta en voz alta sin obtener respuesta alguna, sin embargo decide abrir, dejando la cadena de seguridad. Observa con dificultad por el espacio que existe entre su puerta y el exterior, notando la presencia de Thomas en un estado deplorable. La fémina arruga el entrecejo en un santiamén “¿Qué demonios sucede contigo? ¿Acaso no has visto la hora?” cuestiona con evidente enfado, sin embargo no pudo evitar sentir nostalgia inmediata, experimentando su amor renacer otra vez desde lo más recóndito de su corazón, un sentimiento incluso tan fuerte como el mismo enamoramiento.
la voz femenina serpenteó en su cabeza en forma de tenebrosos escalofríos que jugueteaban con la idea de carcomer su cordura. estaba loco por volver a tenerla en su vida, pero por otro ya no quería ni verla. quizás por la muchacha que lo ató a ella con el anillo que de su mano sacó mucho antes de llegar a la puerta de nola, o bien porque no podía convivir consigo mismo y la idea de una vida que no fuera con su antigua pareja. quería todo, pues thomas es la clase de hombre ambicioso que desde pequeño quiso comerse al mundo con sus claros ocelos. aunque el egoísmo se hizo a un lado tras divisar en su panorama unos rubios cabellos que alborotaron total y completamente su mundo. después de todo, el castaño aprendió lo que era el compañerismo y amor gracias a las manos que comenzaron a abrir la puerta que los separaba; no por su futura esposa que tendría que llevar al altar por beneficio de su idiotez. sus acciones no tenían lógica, pues él mismo había decidido apartarse de la mujer que ahora con desesperación buscaba. aun así, existía una clase de magnetismo que lo atraía una vez más a ella, algo sin explicación o uso de razón que luchaba por que decidiera con el corazón y no con la cabeza. “el tiempo jamás existió cuando estaba a tu lado, y lo sabes.” dio un paso tras otro, con una lentitud que buscaba establecer una peligrosa cercanía entre los cuerpos. claramente no sabía que sucedía con si mismo, ni con su forma de actuar, ¿acaso entendía un tercio de todo lo que pasaba por su cabeza? demasiados sentimientos encontrados, claramente su corazón estaba a punto de colapsar. “me sobra el insomnio; y de la misma forma el amor que te tengo” declaró, hallándose a centímetros de la italiana. si bien la diferencia de altura exclamaba cierta distancia, no era la suficiente como para que sus respiraciones no se mezclaran. no sabía como pedir perdón, mucho menos como esclarecer la situación teniendo en cuenta que estaba a cargo de un casamiento en proceso. por esa noche quería despojarse del desastre que hizo en su vida, volviendo a la paz que le brindaban los brazos femeninos. “¿podemos dormir juntos hoy?” tenía frío, pero no por esa friolenta noche en especial, más bien en todas. la ausencia de la chica desplazaba una tortura sin igual, una que necesitaba acabar en ese exacto momento.