Thriller Night
Autor: Cassandra Pierce
Como de costumbre la noche ofrecía un silencio apaciguador a Cassandra, por alguna extraña razón no podía conciliar el sueño al despertarse en la madrugada y decidió irse caminando hasta el lago, tendió una manta sobre la cual se acostó mirando al cielo cuyas estrellas no eran lo suficientemente visibles para armar una constelación. En el agua nadaba su querida Milotic, la llevo consigo para tener algo de compañía dejando descansar a los otros pokémon, su novio se encontraba fuera de casa hasta mediados de la mañana así que ella podría estar ausente sin preocuparlo. Milotic intentaba arrullar a su entrenadora con un suave canto, sin embargo no hacía efecto como en otras ocasiones — es muy lindo, pero simplemente no tengo sueño, nos quedaremos un poco más y luego volveremos a casa, estoy bien solo es insomnio — le decía Cass con una sonrisa, hasta que le pareció escuchar unos gruñidos casi como un susurro y se levanta un poco apoyándose en sus brazos — ¿Milotic? ¿Estás bien? — no la veía por lo que fue acercándose más al agua hasta observar su propio reflejo. Parpadeó un par de veces cuando una extraña figura se refleja detrás de ella y un gruñido se escucha casi como si lo tuviera al lado. Trago en seco girando su cabeza, pero no había nada… Luego su corazón dio un brinco volviendo la vista al frente de inmediato por unos chapoteos, era Milotic que la miraba ladeando su cabeza al asomarse por encima del agua. Cassandra bajó la cabeza suspirando — eres tú… me asustaste… ¿Estabas gruñendo? — la pokémon negaba y luego la vista de ambas se dirigió a unos destellos de luz en el agua, se encendían y apagaban además estaban empezando a alejarse — ¿Lumineon? — preguntó al aire muy extrañada, es muy raro verlos en aguas que no sean del océano. Sin embargo algo de esas luces le atraía y quiso investigar de que se trataba. Se sentó en la montura de Milotic apresurándole para que no se les escapara, fueron avanzando adentrándose por un camino de una corriente que atravesaba parte de un bosque cercano. Al mirar el reloj en su muñeca pasadas las tres de la madrugada unas gotas le hicieron mirar el cielo nuevamente, una llovizna suave resonaba y otra vez un gruñido se escuchaba, Cass veía algunos pokémon nocturnos con prisa para resguardarse de las gotas frías, ella se bajó la capucha de su suéter dejando que el agua corriera por su cabeza relajándose. Determinada en descubrir lo que había no retrocedía — vamos hasta allá, se ve muy… brillante — musitó a Milotic llegando hasta una orilla. La castaña se preguntaba a qué se debía tanta luz ¿Era un punto de convergencia de cardumen de Lumineon? ¿Quizás otros pokémon? Cuando fue dando unos pasos por la tierra húmeda lo siguiente que vio no parecía real en absoluto, un Feraligtr un poco más grande de su tamaño normal, sin embargo eso no fue lo más notable… Parecía un monstruo… Era traslúcido y el azul de su piel brillaba como luces de neón. El pokémon se giró mirándola soltando un rugido que le estremeció hasta los huesos, las aletas dorsales también eran brillantes siendo un rojo casi como la sangre igual que en la cola y otras rayas del mismo color dándole un aspecto extremadamente espeluznante, fiero e intimidante. — Es… ¿Real? — se preguntaba titubeante al verlo, la respuesta fue el crujido del tronco que apretó Feraligtr y como sus garras dejaron una profunda rasgadura marcando un árbol en el que se apoyó, otro gutural rugido mostrando sus enormes dientes paralizaron a Cassandra, los alaridos de Milotic eran ignorados por la criatura que solo se enfocaba en la humana que tenía como objetivo. Al observar detenidamente el pecho del Feraligtr, tenía una enorme cicatriz horizontal… Tal como es descrito en una leyenda que pocos conocen. Unos decían que era un rumor, otros que era para evitar la crueldad con los pokémon, no obstante algunos testigos defendían firmemente su existencia, los escépticos creían que eran disparates y las muertes a según por ese fantasma tenían explicación médica. Cuenta la leyenda de una chica y un chico trastornados, estaban obsesionados con poseer el mismo poder que un pokémon. La joven pareja con 15 años mataron brutalmente a sus dos pokémon, para arrancarles el corazón y comerlo de acuerdo a un ritual que supuestamente les cedería toda la magia empoderada que anhelaban. El Feraligtr era de la chica, mientras que el chico tenía un Eevee ya que así podría transformar su poder al de las otras evoluciones a las que Eevee podía alcanzar, un anciano fue testigo de todo el horror y los maldijo apuntando con su dedo — ¡no pueden ir contra la naturaleza! ¡Malditos sean y su crimen los acechará hasta la muerte, Yveltal no les des piedad! — dicen que su clamor sincero fue escuchado, liberando el espíritu del pokémon cuyo sufrimiento fue mayor. Las lágrimas nublaban la vista del anciano al ver los cadáveres de las criaturas, en un intento de proteger sus almas les hizo un circulo de sal alrededor, ignorando las burlas e insultos de los jovencitos, con pesar se retiro cuando amenazaron su vida. A los tres días en la orilla de un río encontraron los cuerpos sin vida de la pareja, un sórdido rugido se escuchó cuando se los llevaron y los rumores decían que los mató la maldición del anciano, de lo contrario ¿Por qué repentinamente murieron de un infarto ambos? Dos personas afirmaron seis meses después haber visto un Feraligtr, era espantoso. Mató del susto a un criador que torturaba a sus pokémon, de igual manera unos pocos decían que les perdonó la vida y fungía de guía para las almas perdidas de esas criaturas, se le veía por el agua y sus rugidos indicaban su presencia. Cassandra recordó esa leyenda sintiendo un escalofrío bajaba por su espalda cuando Feraligtr se le iba acercando gruñendo apoyándose en sus cuatro patas, otro rugido le estremeció y finalmente se pudo mover retrocediendo de a poco hasta chocar su espalda contra un árbol, mientras un rayo de hielo de Milotic traspasó la figura del pokémon que acorraló a la temblorosa castaña. Ella cerró los ojos cuando Feraligtr rozaba su hocico con las mejillas de Cassandra, se sentía un frío distinto al de las gotas de agua de la llovizna — Cassie es linda ¡Ella no! — dijo una vocecita cuyo dueño aterrizó en la cabeza de Cass y luego como si flotara lentamente descendió hasta el suelo — los otros te esperan, anda vamos a casa — apuntaba su manita a la brillante luz que aún estaba a unos metros de donde vino Feraligtr. Al abrir los ojos la castaña aún tenía enfrente al fantasma azul, sin embargo se alejó un poco y bajó la mirada cuando la llaman saludando con una manita — no estés triste, yo también te extraño, los esperaremos — palabras de consuelo cuando Gible la vió caer sobre sus rodillas, Cassandra lloraba con la respiración entrecortada sin poder hablar sollozando ¿Estaba soñando? ¿Cómo es que podía entenderlo? Y la mayor incógnita ¿Por qué no la odiaba si lo dejó morir?. El pequeño dragón también era traslúcido, le colocó su baya favorita en medio de ambas manos de Cass, no podía dejar de mirarlo y vagamente intento acariciarlo… No lo tocaba, pero podía sentirlo — ¿me perdonas? Por no haberte salvado… yo… hice mucho daño a otros… — se encogía de hombros todavía llorando. — Tenía que irme, ya no era el mismo y dolía, no fuiste tú — se eleva colocando una manita cerca del corazón de ella — si lo escuchas todo estará bien — luego se alejo flotando yéndose con Feraligtr a la luz, otras figuras de pokémon aparecían siendo una familiar para la castaña. Ahora comprendía porque se refirió en plural Gible al darle un asentimiento Gardier y ella alzaba una mano despidiéndolos — adiós, bebito guerrero y caballero — musitó cegándose por un destello que le hizo perder el conocimiento. Despertó cuando Milotic frotaba su rostro contra la mejilla de ella, se encontraba de nuevo en la orilla del lago sobre su manta, estaba empapada pese a que ya no llovía y al ver la hora casi eran las seis de la mañana. Al sentarse cayó de su pecho una baya, Cass sonreía a la par que se le escapaban unas lágrimas, fuera o no un sueño no tenía dudas en el fondo de su corazón que Gible en espíritu sí la visitó. Volvió a su hogar e inevitablemente se durmió apenas estuvo en la cama, tenía una agradable sensación de paz y después le contaría a Alistair, de Gible… de Gardier… Quizás le ayude un poco a su novio, porque su querido mejor amigo Gardier lo podría visitar también.







