Hans, delgado con su rostro barbudo, sus cabellos en sus hombros, y sus ropas sencillas, fue llevado frente a la realeza de Arendelle, fue ‘aseado’ si un baño de esponja muy rapido y una cepillada que se llevo, a parecer de Hans la mitad de su cabello, se le podia llamar aseado, eso y claro, ropas que no le sentaban bien, ropas de prisionero. Ya no tenian brillo sus ojos, ni su cabello conservaba aquel fulgor...
Pero claro un año en prision podria quitarle las ganas de vivir a cualquiera, o bien, reforzar su voluntad, en el caso de Hans la linea de donde empezaba uno y terminaba el otro era demaciado tenue.
Le acompañaban sus hermano Lars, para ofrecer una muy tardia disculpa y para dejar a Hans para cumplir con la otra mitad de su condena, otro año en la prision de Arendelle, para compensar a la realeza, los nobles y los ciudadanos que el traiciono.
Hans ubiera preferido ser enviado a una lejana isla, al menos no estaria avergonzado.
Pero cuando vio a Anna y a Elsa, principalmente a Anna, parada a lado de.. de ESE plebello, su sangre hirvio, y su mirada se volvio fria mientras su hermano explicaba sus disculpas que simplemente no le importaban un bledo a Hans,
Sus ojos fijos en la princesa de cabellos rojizos.
“--Tienes Algo que decir Hans?” Pregunto Lars, haciendo que Hans volviera a la realidad.
Se produjo silencio, un minuto, quizas dos, pero se hicieron eternos, la tension en aumento, tan dura y grueza que era asfixiante, se necesitaria un cuchillo afilado para cortarla.
“Me disculpo” simplemente Hans dijo, como quien se disculpa por chocar contigo en la calle, su voz, ronca y tenue por la falta de uso, lo cual fue mas evidente cuando se aclaro la garganta, ensayado y no muy asimilado por el ex principe. Pero ahi estaba, ahora solo restaba, escuchar las palabras de la reina y enviarlo a su celda.