Pon tu delicia en el Señor y Él te concederá los deseos de tu corazón.
El sábado leí este versículo por casualidad. Estaba bastante triste, con miles de pensamientos en la cabeza, sintiéndome otra vez inútil y sin ganas de nada, comparándome con otras personas y preguntándome que por qué yo no tengo lo que ellos tienen, que por qué Dios no responde a mis oraciones.
Este versículo apareció de repente y me hizo reflexionar. En ese momento, hace un par de días, me dio calma. Me hizo ver que todo iba a ir bien, pero, ¿cómo?
Pues, para Dios, las casualidades no existen (yo siempre llamo estos acontecimientos "causalidades") y hoy este versículo ha vuelto a mi vida como un jarro de agua fría. Como si Dios quisiera decirme que qué me pasa, que si soy tonta o que por qué paso de Él.
La verdad es que veo como me he ido alejando de Dios, y he dejado de hacer lo que más necesitaba hacer: orar. Me he quejado durante más de un mes de que Dios no me escucha, que pasa de mi, que no me da lo que Le pido, pero... Yo nunca he llegado a pedírselo.
Vale, sí, lo he pensado mucho, y a veces a lo largo del día me han salido pequeños comentarios como "ay Dios por favor, que suceda esto" o "Dios te lo ruego", pero nunca ha ido a más; llevo un mes y medio sin hablar realmente con Él, callándome. ¿Por qué he hecho eso? No lo se, supongo que dentro de mi pensaba que daba igual pedir o no pedir, que Dios nunca me contesta.
Pero sí lo hace. Como hoy, que fui a hablar con el sacerdote de mi Parroquia, y al poco de empezar la conversación me suelta este versículo:
"Pon tu delicia en el Señor y Él te concederá los deseos de tu corazón". (Salmos 139:4)
"Se lo has pedido a Dios?" me ha preguntado. Y yo convencida empiezo a contestar que sí hasta que me doy cuenta de que estoy mintiendo. De que dentro, en el fondo de mi corazón, hay cosas que deseo muchísimo y que ruego que Dios cumpla, pero... a Él no se lo digo. Paso de Él. Simplemente le hablo enfadada cuando veo que mis peticiones no se cumplen.
Ahora sé por qué.
"Les dijo también: «Si uno de vosotros tiene un amigo y, acudiendo a él a medianoche, le dice: "Amigo, préstame tres panes, porque ha llegado de viaje a mi casa un amigo mío y no tengo qué ofrecerle", y aquél, desde dentro, le responde: "No me molestes; la puerta ya está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados; no puedo levantarme a dártelos", os aseguro, que si no se levanta a dárselos por ser su amigo, al menos se levantará por su importunidad, y le dará cuanto necesite». Yo os digo: «Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.»". (Evangelio según San Lucas 11:5-13)
Dios quiere que hable con Él. Que le cuente lo que me pasa, y le diga lo qué necesito, porque si es Su voluntad, Él me lo va a dar.
Como un papá al que su hijo le pide mil veces salir y al final el padre cede y le deja salir, lo mismo hace Dios conmigo: si me muero por tener una cosa, si dentro de mi quiero algo con todas mis fuerzas y con todas mis ganas, y se lo pido a Dios, si es Su voluntad Él me lo dará.
Solo hay que pedir, pero como a veces hay miedo a que la respuesta sea no, me ahorro el preguntar. Cuando Dios es lo que más quiere de mi: que hable con Él.
Ahora mismo estoy mejor. Me siento con una gran tranquilidad dentro, sabiendo qué cosas tengo que mejorar y cómo puedo hacerlo. Quiero seguir así y volver a acercarme a Él como antes y ser mejor cristiana. Sé que puedo porque Él no se va de mi lado. ¡Qué amor más grande! A pesar de haber sido egoísta y arrogante, Él me sigue queriendo.
Y sigue cumpliendo los deseos más profundos de mi corazón.
Solo tengo que pedírselo y confiar en Su promesa.















