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Ensayo 2: DEMENCIA
Entendemos por demencia la pérdida progresiva de las funciones cerebrales y cognitivas de la persona, afectando este detrimento principalmente al lenguaje, la memoria, el pensamiento, el juicio y el comportamiento. Cuando hablamos de demencia lo primero que nos viene a la mente es una persona enferma de Alzhéimer, pero no solo esta enfermedad se encuentra catalogada como un tipo de demencia sino que también podemos encontrar algunas como la esclerosis múltiple, la demencia senil o la enfermedad de Pick, entre otras.
Se tratan de enfermedades irreversibles y degenerativas y son las personas más mayores quienes las sufren (un 20% de personas mayores de 80 años tiene algún tipo de demencia), es decir, es poco común entre personas de menos de 65 años aunque esto no quiere decir que menores de esa edad no puedan padecer algún tipo de demencia.
Foto: tscomportamiento2010.blogspot.com.es
Los síntomas empiezan siendo muy débiles y podría presentarlos cualquiera: pérdida leve de la memoria, olvidarse de lo que se iba a decir, torpeza en los movimientos, repetición de las cosas que se han dicho,… Pero según la enfermedad va avanzando ya no hay marcha atrás: los problemas de memoria van a más, existe abandono personal, insomnio, caídas, nerviosismo, obsesiones y/o manías, no encontrar la palabra que se quiere decir,… y lo que es más doloroso para las personas que se dedican a cuidar del enfermo: el olvido de sus familiares más cercanos.
Sin embargo, a pesar de ello, la persona enferma, exceptuando en la fase más grave de la enfermedad, sigue conservando momentos de lucidez (aunque cada vez menos) en los cuales es perfectamente consciente de que algo le pasa, que no es la misma persona, que necesita más ayuda de la que ha precisado nunca,… en definitiva, que se ha vuelto complemente dependiente de su familia (en el mejor de los casos) y se siente una carga para ésta, de ahí que en muchas ocasiones la demencia vaya acompañada de depresión, que unida a la enfermedad hacen que todos los síntomas se agraven aún más.
Si hay algo que puede hacer que la enfermedad no avance tan deprisa es la rehabilitación y, de todos los recursos existentes, el que mejor se adapta a las características de los enfermos con demencia es el centro de día, pues allí hacen ejercicio físico, actividades de mantenimiento de la autonomía, ejercicios de logopedia, etc. Además, el beneficio es doble, ya que a las familias se las “libera” durante unas horas del desgaste, tanto físico como mental, que supone estar las 24 horas del día con un enfermo. Pero es aquí mismo donde existe, a la vez, un problema y es la inexistencia de plazas libres en centros de día públicos, pues todos ellos cuentan con largas listas de espera para poder acceder.
Entonces, si el enfermo tiene que estar en casa todo el día porque no tiene plaza para ir a un centro de día público, la familia tampoco dispone de recursos económicos suficientes para costear la plaza de un centro privado o contratar un cuidador y, además, quienes mejor pueden hacerse cargo del enfermo (los hijos, pues el cónyuge (si aún lo tiene) tiene una edad avanzada) trabajan, ¿qué se hace con el enfermo? ¿mantenerle en casa y rezar para que no ocurra algo para lo que la familia no esté preparada?
Foto: companiamedica.com
Por otro lado, si es la familia quien está constantemente en contacto con el enfermo, ¿no se hace necesario también una educación y un “tratamiento” para ésta? Es imprescindible que los familiares comprendan cómo actúa la enfermedad y cómo deben actuar ellos, saber si lo están haciendo bien o no, y lo que es más importante, hay que ayudarles a adaptarse a la nueva situación y a mentalizarse de que el enfermo ya no volverá a ser el que era antes, generando esto un dolor que solamente puede ser tratado por profesionales.
Por todo ello, se hace necesario e imprescindible trabajar tanto con el enfermo como con la familia para evitar la desestructuración y el resquebrajo de la misma y, ya que nos encontramos con que los escasos recursos existentes son de tan difícil acceso, habrá que empezar desde edades más tempranas con ejercicios de memoria, actividad física, llevar una rutina diaria, mantener buenos hábitos,… para retrasar el máximo tiempo posible la posibilidad de padecer una enfermedad como la demencia.
BIBLIOGRAFÍA:
Boada Rovira, M. y Robles Bayón, A. (2005). Análisis y reflexiones sobre la capacidad para tomar decisiones durante la evolución de una demencia: Documento Sitges. Barcelona: Glosa.
Cáceres Alfonso, R. y Elías Bláquez, V. (2010). Impacto de la demencia en la familia: la importancia de una intervención familiar. Revista "En Mente", 34, 24.
López Martínez, J. y Crespo López, M. (2008). Guía para cuidadores de personas mayores en el hogar: cómo mantener su bienestar. Madrid: Instituto de Mayores y Servicios Sociales (IMSERSO).
Matey, P. (14 de Julio de 2010). Sufrir depresión puede duplicar el riesgo de demencia. El Mundo.
Uncal Jiménez de Cisneros, J.M. (2002). La demencia senil: un duelo familiar. Revista Asociació Familiares Alzhéimer Asturias-AFA, 1.
Web Janssen
Web Medline Plus
Web TodoAlzheimer