SOLEDAD
Amante de mis entrañas, te acurrucas al interior de mi pecho, te apoderas de mí, infausta. Me liquidas con tu aroma intenso, ese perfume a defunción segura que emanas de tus brillantes cabellos.
¡Oh! Mi dulce agonía... mi reina de la noche y del día. Convivo contigo desde siempre y no quiero perderte, eres parte de mi vida, eres mi amante a hurtadillas.
¡Oh! Soledad... niña mía, ojalá pueda lapidarte algún día. Pero es que dices amarme tanto que me da pena olvidarlo. Desearía serte recíproca y aferrarte en un “siempre mía”, pero no se puede obligar al sentir a la locura de, por nada, sufrir.
¡Oh! Soledad, mi amor imposible, hay cosas en este mundo que no son factibles. La existencia terrenal es solo un pasaje, sabes que podrías cazarme, que de hecho ya me tienes y casi por completo, dominada, y contra ti, prácticamente, no soy nada.
Me pierdo en ése, tu indomable deseo de hacer el amor conmigo, todas las noches eres mi entierro, y me pides que no te deje ¿¿pero qué, no lo ves?? soy débil a tus sentimientos...
Me quedaré contigo niña... porque pese al odio, te amo más que a la ira; y sin embargo no lo querría así, pero no puedo sacarte de mi mente, y eres mejor que a vivir como un ente.
Errante e impaciente, mantengo mi vista hacia un frente que más que un futuro indecente, se predice con copiloto ausente. Nadie encontraría el valor suficiente para comprar lo que no es evidente.
¿Me amarás esta noche una vez más, en lujuria inconsciente? Con tal, qué más da lo que el resto piense, sólo tú y yo sabremos lo que es real, realmente.













