Hanged Man
Beneath the branches a debt paid
Salt shall mend break bleed and mend.

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Hanged Man
Beneath the branches a debt paid
Salt shall mend break bleed and mend.
" 𝑷𝒉𝒚𝒍𝒍𝒐𝒃𝒂𝒕𝒆𝒔 𝒗𝒊𝒕𝒕𝒂𝒕𝒖𝒔 ☣️🐸 - The Golfo Dulce Poison-Dart Frog "
//© Rafael Steinlesberger
" This small, brilliantly colored frog has its name due to its small distribution, being endemic to the Golfo Dulce region of Costa Rica. The flashy colouration is typical for poison dart frogs, as this evolutionary adaptation (called aposematism) serves as a warning signal to predators about their toxicity. Interestingly, they don't seem to produce their own toxins, but instead obtain it from a specialized arthropod-rich diet through beetles of the family 𝑴𝒆𝒍𝒚𝒓𝒊𝒅𝒂𝒆. This is reinforced by captive individuals becoming far less poisonous or even not poisonous at all! "
Pacific broad-headed litter frog (Craugastor rugosus). Sierpe, Costa Rica This shot has been taken with a do it yourself lens based on @venuslaowa 85mm APO ultra macro and a few other pieces. I always hope that Laowa will come out with some new “opera” which will permit a true fisheye bug-eye view similar to this, but with optimized sharpness and chromatic aberration control (utopia?). #frog #craugastor #costarica #sierpe #centralamerica #herpingtheglobe ##herps #herping #insitu #picoftheday @ilcp_photographers @sierpe_frogs (at Sierpe,Osa) https://www.instagram.com/p/Cllzs-pKYF8/?igshid=NGJjMDIxMWI=
Hace mucho tiempo había una moza lavando ante la casa de un ricohombre cuando se le apareció delante una enorme sierpe: «Escucha bien lo que te digo —dijo la sierpe—, o me enroscaré a tu cuerpo y te reventaré». «Decid, que yo haré cuanto esté en mi mano.»
Entonces la sierpe escupió una carta, diciéndole a la muchacha que la mostrara a su rico amo. Ella corrió a llevársela y éste la abrió enseguida: «Dadme una de vuestras tres hijas u os mataré a vos y a vuestra esposa. Aparejad para nuestra boda una casa delante de tal laguna. Sabed que ni de cien pies de fondo me será bastante». Tras leer la carta el rico matrimonio lloró y se adoleció sin fin.
Espantados, llamaron a su hija mayor y le contaron la demanda de la sierpe: «¡Valiente broma! —contestó la hija mayor— ¡Ya os puede amenazar de muerte que nunca me casaré yo con una sierpe!». Los atribulados padres recibieron idéntica respuesta de su segunda hija. Entre lágrimas convocaron por fin a la menor y más querida.
«Haré lo que sea menester para salvar la vida de mis padres.» ¡Daba tanta lástima! Sus padres prepararon su partida entre llantos. Hicieron levantar la casa delante del estanque como había indicado la sierpe y la hija menor salió hacia allí con su compaña. Nada más llegar a la casa nueva su cortejo emprendió la vuelta, dejándola sola ante su suerte. Aquella noche, sobre las diez, se levantó de repente viento y comenzó a diluviar cuan ancho era el cielo, entre estampido de truenos y fucilazos de relámpagos. La muchacha veía las formidables olas a lo lejos y tenía el alma en un hilo. Cuando estaba a punto de desmayarse apareció ante ella la sierpe, tan grande como la casa: «No temas. ¿Tienes un cuchillo? Si es así, córtame la cabeza».
Aunque la sierpe la horrorizaba, sintió una extraña lástima de hacer como ordenaba; aún así, remisa y todo, hizo lo que le pedía, y con su tijerilla de uñas le cortó la cabeza a la sierpe sin sentir. Pasmada vio cómo surgía del cuerpo de la sierpe un hermoso y joven caballero en atuendo de calidad. Éste envolvió la piel de la sierpe y la guardó en una arqueta china que entregó a la doncella. Ambos se echaron. La moza olvidó su temor y durmieron estrechamente abrazados los dos.
Así vivían felices en amor y compañía. Nada les faltaba, pues de la arqueta china surgía cuanto habían menester, con lo que se daban por contentos y pagados. El hombre, que tenía muchos deudos y servidores, dijo un día: «En verdad soy un rey dragón del mar y a veces he de cruzar el cielo. Me reclaman algunos negocios allá arriba, así que mañana o a lo más pasado, me remontaré al cielo. Tengo previsto volver dentro de siete días. Si algo se atraviesa y no vuelvo, espérame dos semanas. Si no llego, espera otra más. Y si para entonces no he vuelto sabe que no he de tornar ya».
—¿Qué haré entonces?
—En el sector oeste de la capital vive una mujer que posee cierta calabaza que medra en una noche. Cómprasela, plántala y escala sus trepadores bejucos hasta el cielo. Será una ardua empresa, de éxito incierto. Mas si lo logras y alcanzas el cielo, pregunta a quienes encuentres por el camino dónde queda la residencia de Amewakamiko. —Luego le advirtió—: Y nunca abras la arqueta china. Si lo haces nunca podrás volver de allí —y con esto partió al cielo.
En esto llegaron sus hermanas mayores de visita, curiosas de su dicha: «Por nuestras malas obras sentimos miedo del hombre aquella vez», dijeron, y empezaron a registrar los arcones y alacenas de la casa. Cuando vieron la arqueta china que el hombre había prohibido expresamente abrir, le pidieron a la muchacha que la abriera: «¡Vamos a ver que hay dentro!». La muchacha dijo que había perdido la llave. Pero las hermanas no cejaban: «Danos la llave. ¿Por qué la escondes?», gritaron, haciéndole cosquillas, hasta que la llave que tenía atada a la enagua resonó contra la antipara. «Aquí está!», y las hermanas abrieron la arqueta. Pero —¡ay!— estaba vacía, salvo por una vedijilla de humo que voló al cielo. Las hermanas, chasqueadas, se fueron de allí.
La muchacha esperó tres semanas, pero su marido no volvió. Así que fue al oeste de la capital y compró la calabaza mágica a aquella mujer que le dijera él. Al dejar la casa donde habían sido tan felices, deploró el quebranto de sus padres al saber su desaparición. A duras penas y de mal grado, comenzó a trepar por la enredadera: «Nunca más veré mi casa ni a los míos», se dijo y recitó el poema:
¿Acaso veré de nuevo entre las nubes a mi marido? Colgada así del aire ¿qué será de mí?
La muchacha por fin alcanzó el cielo y empezó a andorrear, al rato vio a un apuesto joven noble que vestía con desgaire: «¿Dónde queda la casa de Amewakahiko?», le preguntó. «No sé. Preguntad a otro.» Y cuando ella quiso saber quién era, él respondió: «Soy el Véspero». Luego se topó con un hombre que llevaba una escoba y le preguntó como al anterior. «No lo sé. Preguntad a otro. Soy el Cometa», contestó y salió disparado. Luego se encontró con un grupo y les hizo la misma pregunta. Recibió idéntica contestación de quienes se nombraron las Pléyades. Perpleja, ya desesperaba de encontrar jamás a su marido. Pero no estaba en su índole flaquear y rendirse, así que siguió adelante. No tardó mucho en cruzarse con un caballero en una espléndida silla de manos engastada de gemas. Volvió a repetir la pregunta, sin grandes expectativas. Sin embargo esta vez el hombre contestó: «Seguid un poco más adelante y veréis un palacio enjoyelado, todo de lazulita. Preguntad allí por Amewakamiko». Y allá que fue ella.
Cuando dio con él le contó lo desamparada que se sentía, habiendo abandonado su hogar sin saber qué sería de ella. Él la compadeció en extremo. «Al no poder reunirme contigo en la tierra, me he atormentado por ti cada día. Pero me consolaba con la seguridad de que darías conmigo según prometiste, y te he esperado. Me conmueve ver que sentías lo mismo.» Tras aquellas declaraciones, la pareja renovó sus votos. No cabe duda que debió de existir un fuerte vínculo entre ellos en vidas anteriores. Mas luego él añadió: «Aún hay otra cosa que me desazona. Mi padre es un demonio. No sé qué puede hacer contigo si te halla aquí. ¿Qué partido tomar?» Ella se asombró, pero pensó que su sino eran las cavilaciones, y que al fin y al cabo no tenía ya un hogar al que retornar, así que por cruel que fuera su destino no podía más que dejar que se cumpliera.
Pasaron los días y ocurrió que su suegro el demonio pasó de visita. El hombre de inmediato transformó a su mujer en un reposabrazos, para ocultarla a su padre. Pero éste fue a reclinarse sobre ella. ¡Cómo le dolía el trance de su mujer! Estaba en ascuas viendo a su padre descargar todo su peso en ella. Por fin se levantó para irse. «Mira que esto huele a ser humano. ¡Apesta!», dejó caer.
Después de aquello su padre pasaba con frecuencia. Pero en cada ocasión él mudaba a la muchacha en alguna cosa: un abanico o un almohadón. Aún así el demonio debió de olerse algo, porque cierto día se coló subrepticiamente sin hacer ruido y pilló a su hijo haciendo la siesta, de modo que no le dio tiempo de ocultarla.
«¿Quién es ésta?» Ya no tenía sentido seguir guardando el secreto, de modo que le contó todo. «Así que ésta es mi nuera —bufó el demonio con desdén—. Pues a falta de otros servidores, la pondré a la faena.» «Me lo temía», se lamentó el hijo, mas como no podía negarse, le entregó a la muchacha.
«Tengo en el campo varios miles de vacas; guárdalas bien. Sácalas a pastar al alba y a la tarde tráelas a la majada». Como ella no sabía qué hacer, consultó con Amewakamiko, que se descosió una manga y se la dio. Le explicó que debía agitarla al aire, diciendo: «¡La manga de Amewakamiko es!». Una vez estuvo en la dehesa, ella así lo hizo, y los miles de vacas la obedecieron, yendo a pastar al alba y tornando a la majada de atardecida.
«¡Estupendo!», exclamó el demonio al ver la tarea tan puntualmente cumplida. Pero luego le impuso otra nueva: «Muda ahora tres mil fanegas de arroz de un granero a otro y no te dejes ni un grano». La muchacha agitó de nuevo la manga, diciendo: «¡La manga de Amewakamiko es!», y una legión de hormigas sin cuento acudió y mudó todo el arroz en menos de dos horas. Tras verlo el demonio hizo la cuenta de los granos: «Falta uno —rezongó disgustado—. ¡Ya puedes dar con él!». Su expresión hacía temer lo peor y la muchacha se dejó ganar por el miedo: «Intentaré encontrarlo», acertó a balbucir y empezó a buscarlo. Entonces vio a una hormiga deslomada luchando por arrastrar un grano de arroz. No se pudo sentir más feliz. Alborozada le llevó el grano a su suegro el demonio.
Pero así y todo éste mandó que la encerraran en un almacén reforzado con herrajes, lleno de ciempiés, pero no de los ordinarios, sino de un pie de largo, y entre cuatro y cinco mil de ellos. Cercaron a la muchacha con sus fauces abiertas para devorarla. Casi desfallecida, ella agitó la manga diciendo: «¡La manga de Amewakamiko es!», a lo que los ciempiés recularon metiéndose en los rincones y no se le acercaron. Tras siete días el demonio abrió la puerta y ella salió tal cual.
Luego la encerró en el cubil de las sierpes. Pero fue agitar la manga y no osaron acercarse. De allí salió sana y salva tras otros siete días. El demonio estaba atónito: «Sin duda está dispuesto por el hado que seas la mujer de mi hijo —reconoció al fin—. Podrás verlo una vez al mes». Ella no lo escuchó bien: «¿Una vez al año, decís?». «Sea una vez al año, pues os place», dijo tirando un melón a tierra. El melón reventó en el suelo y brotó la Vía Láctea. La esposa se convirtió en Vega y el esposo en Altair. Y desde entonces se encuentran una vez al año, el séptimo día del séptimo mes.
Amewakahiko sōshi
Some concept art illu I did to practice
La Devoción se venera entre los velos arrizados de esta Sierva que a tus pies se yergue. Contorsión dorsal de espinas que arguyen un Único Deseo. Ser... (NOS) .../... "Áspides" ©ɱağa Puedes leer si deseas en: https://eltactodelpecado.blogspot.com/2018/11/aspides.html
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A stunning individual of granular poison frog (Oophaga granulifera) from Sierpe region in Costa Rica. These tiny jewel really rivaled with Oophaga pumilio in beauty and skin texture (I really like the granulated skin of this species). Shot during my short visit with my friend and amazing guide @sierpe_frogs Equipment: Nikon Z9, 60mm afs macro, Godox mf12 flashes with custom diffuser. @nikonitalia @godox_global #herping #costarica #picoftheday #frog #poisondartfrog #oophagagranulifera #sierpe #osapeninsula #dendrobatidae #amphibian https://www.instagram.com/p/CgvSlX3vHSg/?igshid=NGJjMDIxMWI=