Vivir no es un acto de cobardía; nunca lo fue. Vivir es avanzar sin pedir permiso al miedo, sin arrodillarse ante el arrepentimiento ni negociar con culpas heredadas. Prefiero el perdón que nace del exceso antes que el permiso que mata los impulsos. Que piensen lo que quieran. Si alguna vez hay un verdugo en esta historia, no llevará mi nombre. No me condeno por existir, no me traiciono por encajar. Soy lo que soy mientras me pertenezca, y eso basta. Que me llamen villana si les incomoda, héroe si les conviene. Los títulos nunca me quedaron bien: no abrigan, no definen, no salvan. Yo no vivo de etiquetas, vivo de decisiones. Hoy soy quien elige qué hacer consigo misma, quién entra, quién se queda, y qué heridas ya no merecen voz. Vivo como venga la vida, sin dar explicaciones innecesarias, sin pensar de más en lo pequeño, porque sé —con una certeza feroz— que el pasado ya no manda aquí. Este presente es mío. Y eso, por primera vez, lo cambia todo.
No Saints Live Here — from The Chronicles of Tartarus











