Sigo pensando en ti.
Todos los días. Como una mala costumbre que no termino de dejar.
Antes dolía distinto.
Era una especie de incendio pequeño pero constante. No podía soportarlo. Me ardía el pecho, me ardía el orgullo, me ardía el silencio.
Ahora es diferente.
Ahora es… tolerable.
Como una vieja lesión que ya no te impide caminar, pero te recuerda que una vez corriste demasiado rápido.
Y eso me inquieta más que el dolor.
Que ya no me duela igual.
Me pregunto por qué sigo pensando en ti.
Si no estás.
Si no vas a volver.
Si ya aprendí la lección.
Tal vez no es que te extrañe a ti.
Tal vez extraño la versión de mí que existía cuando estabas.
Y eso… eso es más difícil de aceptar.
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