Mis pensamientos gravitan en torno a ti.
Cada idea, cada imagen, cada recuerdo
orbita en el espacio de mi mente,
trazando un eje silencioso
Es más bien algo que me intriga.
Porque, después de tantos años,
siento que una parte de mí
se fue contigo aquella última vez que te vi.
Aún recuerdo la luz de la tarde en tu rostro,
como si el mundo hubiera guardado silencio
solo para presenciar ese adiós.
Yo creí que volvería a verte
Los recuerdos del futuro compartido,
las fotos que no nos tomamos,
las bodas a las que nunca asistimos,
los besos que imaginé en tu boca,
los desayunos, las comidas, las cenas,
las buenas noches tibias,
las caricias, tiernas y cachondas,
la cuenta infinita de tus pecas a besos,
los sueños hundidos en la misma almohada,
mi manía de hacerte reír,
los chistes que no nos contamos,
los poemas que no escribí junto a ti,
las diez mil y una noches,
y la parte de mí que se quedó contigo.
y que lo sigo siendo al cargar este arrepentimiento.
Te escribo en tu recuerdo y en tu sombra.
Ceno, preparo el desayuno,
y a veces comparto comidas con desconocidas
que no tienen culpa de que yo busque,
en cada gesto, en cada voz,
Vivo esperando que llames,
que digas que todavía es posible,
si es que algo sigue siendo posible.
Sigo esperando esa parte de mí
como un libro abierto que nadie devolvió.
Y no importa qué haga, dónde esté,
si estoy en la playa respirando sal
o en mi casa escuchando el techo crujir.
En una plaza llena de ruido
o en un bar con música cansada.
como si mi mente fuera un viejo acetato,
rayado justo en la misma canción,
volviendo siempre al mismo punto: tú.