× Prompt elegido: Día especial.
× Título: Little red riding hood.
× Relación: Quentin Beck/Peter Parker.
× Etiquetas/Advertencias: Peter Parker es Caperucita Roja, Quentin Beck el gran lobo feroz, Happy Hogan es el leñador, Final feliz, 🔞
× Resumen: Peter debe llevarle a su tía May una canasta con víveres. En medio del bosque se encuentra con alguien que podría tener relación con un lobo feroz.
× Notas: Gracias por haber leído hasta acá :)
Espero el año que viene poder tener la confianza suficiente a escribir un desafío 100% en inglés para tener más llegada, sin embargo, en Instagram tuvo un poco más de recibimiento y en Archive of Our own hay al menos otro fanfiction con la temática que pueden encontrar en los marcadores de la colección.
Miles de gracias a @darkhaotic, @scarlet_tsubaki_15 y orsaverba por no dejarme haciendo este desafío como loca mala XD thank you, y'all :3
See you at the next challenge!!
× Leer en AO3 (o abajo).
🔮🕸
Había una vez un muchacho de rizos castaños y ojos avellana que vivía en una cabaña con su madre. Peter, así se llamaba el muchacho, observaba a su madre terminando de hacer los preparativos para la canasta que él debería llevarle a su tía May. Desde el día en que su padre y su tío murieron, ella se recluyó en una casa en medio del bosque, lejos de todo y de todos. Una vez a la semana, su cuñada, Mary le llevaba una canasta con ingredientes que no crecían en su pequeña huerta, y demás cosas necesarias. Sin embargo, dos días antes, arreglando junto a Peter una gotera en medio de una tormenta, se pescó un resfrío. Su hijo le dijo que él le llevaría la canasta a May, que no se preocupara y siguiera descansando.
Mary sólo le dijo una cosa antes de despedirlo, mientras él se ponía su capa roja preferida, esa que tenía una capucha:
—No te desvíes del camino, y no hables con extraños.
Peter ya no era un niño, y no era la primera vez que iba a visitar a May, pero sí era cierto que el camino recto era en realidad el más largo, pero no le molestaba, le gustaba pasear por el bosque. Si tenía algo de suerte, podría cruzarse con Quentin. Quentin era un amigo que conoció cuando iba al trabajo con su padre. Cuando creció, al igual que su progenitor, Quentin tomó el turno nocturno, Peter nunca se preguntó la razón, probablemente era un vampiro. Fantaseaba con que así fuera y lo abordara en algún rincón oscuro para morderle el cuello y quitarle la sangre necesaria para su supervivencia. Desde las últimas vacaciones que vio a Quentin cortando leña en pleno verano, el torso desnudo y la camisa a cuadros anudada en la cintura, con el sudor recorriendo su piel y haciéndola brillar bajo el rayo del sol se dio cuenta que estaba enamorado de su amigo de la infancia, o cuanto mucho quería que lo destrozara de la misma forma en que esa hacha lo estaba haciendo con esos trozos de madera.
El camino recto era el más largo. Al demonio, estaba solo. Iría por el atajo.
Él no sabía que desde que salió de su casa, un par de ojos lo observaba hambriento.
×××
Hacía menos de diez minutos que Peter había salido del sendero y se sentía perseguido. Si agudizaba un poco el sentido del oído estaba seguro que podía oír pasos detrás suyo. Estaba nervioso, ansioso, y no esperaba llegar a lo de May, aunque faltara un buen trecho todavía.
×××
Las copas de los árboles, altas, le impedían ver más allá del camino que estaba haciendo, más allá hacia ambos lados y más allá a sus espaldas. Cuando oyó algo moviéndose en los arbustos se quedó inmóvil y utilizó la canasta como escudo. De entre las plantas salió alguien encapuchado. Peter pudo ver su sonrisa pese a la oscuridad del ambiente.
—¿Peter?
—¿Quentin?
—¿Eso es una canasta? —siguió preguntando el muchacho mientras se acercaba a él.
—Tengo que llevársela a May. ¿Me acompañas? ¿Qué haces tú por aquí?
—Me pareció haber visto a unos niños por aquí, pensé en darles una mano.
—¿Niños? ¿En este camino?
—Tú estas aquí.
—¿Me acompañarás?
—Claro, Peter.
×××
Entre charlas y risas, Peter perdió esa sensación de sentirse perseguido. Con Quentin se sentía protegido. Golpeó la puerta de la cabaña un par de veces cuando llegó a la casa de May, pero ella no le respondió. El muchacho giró el pomo del picaporte mientras se bajaba la capucha con la otra.
—¿May? —de repente, Peter sintió una de las manos de Quentin sobre la suya y su nariz pegada a su cuello—. ¿Qué haces?
—¿Por cuánto tiempo, Peter?
—¿Qué? —preguntó el muchacho, sorprendido, inmóvil.
—¿Por cuánto tiempo has aguantado estar lejos de mí? —susurró Quentin sobre su oído, besando todo su cuello y detrás de su oreja a medida que hablaba—. ¿Cuánto tiempo has deseado que te posea de esta forma?
La canasta terminó en el suelo y su contenido desparramado en la entrada mientras Quentin alzaba a Peter entre sus brazos con una fuerza sobrehumana. Su cuerpo fue recostado sobre un sillón donde Quentin le impidió escapar al sentarse encima suyo. Sus enormes manos recorrieron su torso mientras sus labios hacían lo mismo sobre su cuello.
—Espera… May puede llegar en cualquier momento.
Ante sus palabras, Quentin alzó la cabeza y olfateó el ambiente.
—No está ni cerca —le dijo antes de volver a atacar a Peter—. Y sabes que mi olfato no miente —el muchacho se quedó mirándolo. Estaba embelesado, perdidamente enamorado de su brillante mirada azul. Lo agarró de la nuca y lo atrajo hacia él, besándolo apasionadamente y sorprendiendo a Quentin por su accionar—. ¡Demonios! Pensé que sólo a mí me afectaba la luna llena.
—Cómo dijiste, hace tiempo que no nos veíamos. No sabes lo que me costó convencer a mi madre de dejarme venir solo.
Mientras Peter hablaba, sus manos se dedicaban a desvestir a Quentin, y él lo observaba igual o más enamorado de lo que Peter estaba de él.
—Te lo hubiera hecho en el bosque, pero me pareció de mal gusto, y cuando lo hacemos, mis sentidos se centran sólo en ti, cariño —reconoció Quentin levantando sus hombros.
—Tú me estabas siguiendo, ¿cierto?
—Desde que saliste —Peter estaba por quitarse la capa, pero Quentin se lo impidió—. No. No te la quites.
—Oh. ¿Tienes un fetiche con el color rojo ahora?
Quentin le sonrió y se relamió los labios.
—Te dejaría los dientes marcados si pudiera.
—¿Qué te lo impide?
Quentin deleitó su mirada con el banquete que estaba debajo suyo. Desabrochó la capa de Peter para abrir su boca sobre su cuello y morder la delicada piel con fuerza. Podía sentir las manos del muchacho aferrándose a su cuerpo y el palpitar de su corazón acelerado. Lamió la marca que había dejado, algo de sangre salió de ella. Su sabor hizo desear más de él. Era óxido pero dulce a la vez, casi adictivo. Pronto, se dio cuenta que del mismo modo en que Quentin disfrutaba de la sangre de Peter, Peter disfrutaba sintiendo su cuerpo rompiéndose cada vez que los dientes de Quentin se clavaban en su carne. Debieron reducir la intensidad del acto cuando varias veces casi caen de bruces del sillón al estar embistiendo a Peter contra el respaldo que no estaba apoyado en ningún lado. Finalmente optaron porque Peter estuviera sosteniendo su cuerpo con ambas manos sobre el respaldo, de pie, mientras Quentin lo embestía como si al día siguiente el mundo acabase.
×××
Peter terminó siendo abrazado por Quentin, enrollado en su capa. Mientras él jugueteaba con sus rizos, Peter lo miraba, enamorado y somnoliento. De pronto, Quentin se estremeció.
—¿Qué sucede?
—Está saliendo la luna.
—¿Ya es hora?
—Lo mejor será que me vaya. Creo que tu tía no vendrá, pero lo mejor por hoy será que te quedes a dormir aquí.
Quentin se aclaró la garganta mientras se vestía. Le faltaba ponerse la camisa cuando sintió algo que lo hizo caer arrodillado en el suelo y alertó a Peter, que seguía en ropa interior.
—¿Quentin? —Peter estaba por ir corriendo hacia él, pero sabía muy bien lo que le estaba sucediendo. Poco a poco las facciones y el cuerpo de Quentin se transformaron hasta adoptar la forma de un hombre lobo. Su ropa se rompió por partes, su pelaje escapó por esos agujeros. Su forma de ser, sus sentimientos hacia Peter no cambiaban, él seguía siendo el mismo, con la salvedad que la única forma de comunicarse que tenía era con aullidos y las señales que demostraba con su cuerpo. Bastó unos instantes para que el pelaje de Quentin se erizara, alertando a Peter—. ¿Qué sucede?
De repente, la puerta de la cabaña se abrió, dando paso a May que, espantada, estaba pensando lo peor.
—¡Peter, cuidado! ¡Es un lobo!
De las espaldas de May, apareció un leñador y compañero de trabajo de Quentin quien obviamente no estaba enterado de su verdadera naturaleza.
—¡Déjamelo a mí! —exclamó el hombre seguro de sí mismo, saltando frente a May, protegiéndola con un brazo y blandiendo un hacha.
—¡No! ¡Happy, espera! —exclamó Peter interponiéndose entre Happy y su amante.
—Peter, ¿qué estas haciendo? —le preguntó May, asomándose de atrás de Happy.
—¡Es Quentin!
—¿Estás diciendo que esta abominación es Quentin Beck?
—¡Es lo que estoy tratando de decir!
Happy se quedó mirando a Quentin pero no dijo nada. Su mente trataba de ver en ese animal al muchacho que él conocía de pequeño. De pronto lo reconoció. Su mirada llena de angustia la había visto cuando su padre fue hospitalizado, siendo Quentin aún un niño. El leñador bajó su hacha. El lobo, intrigado, levantó sus orejas.
—No puedo creerlo..
—Esto sucede cuando hay luna llena —comenzó a explicar Peter—. Al llegar a la mañana, vuelve a ser un humano normal.
—¿De qué se alimenta? —preguntó May.
—Ha vivido todo este tiempo a base de vegetales. Come carne cocida cuando tiene nuestra forma.
—¿Y tú lo sabias? —preguntó Happy, guardando su hacha.
—Desde que éramos niños.
—Oh, Peter. ¿Y has vivido todo este tiempo guardando este secreto?
—Tenía que hacerlo, May. No quería poner en peligro su vida.
—Lo quieres, ¿verdad?
—Con mi vida —respondió Peter mientras sostenía con fuerza la mano de Quentin.
Al día siguiente, Mary se enteró de lo sucedido. Quentin fue aceptado en su familia como pareja de Peter y todos se dedicaron a protegerlo de los peligros que los hombres lobo pudieran enfrentar.
Peter y él fueron felices para siempre.









