Nadie había contemplado la posibilidad, pero la vieja casa de Richard y Mary Parker, padres de Maguna y Peter, se había convertido en el refugio del arácnido desde que se marchó de la torre Stark con intención de no volver.
Apenas había pasado unos pocos años de su vida allí, en aquellas paredes, siendo un niño normal con una familia normal. Todo empezó ahí dentro, donde se puso en marcha un motor que lo empujaría a su perdición: a Spider-Man. Todavía conservaba algunos recuerdos, algunos momentos de felicidad a los que aferrarse, donde las únicas preocupaciones eran cepillarse los dientes antes de dormir y procurar que Morgan estuviese bien arropada por la noche para que no pasara frío.
¿Por qué sus padres se marcharon de la noche a la mañana? ¿Por qué los abandonaron de aquel modo? Necesitaba respuestas, necesitaba poner un por qué a aquellas incógnitas. ¿Por qué él, y no otro, estaba destinado a no ser una persona normal? Solo dentro de ese hogar abandonado podía encontrar respuestas mientras se resguardaba de la lluvia y el frío propios de la estación.
La vieja habitación de sus padres, el despacho, cualquier recoveco, incluso detrás de los muebles del salón, ni una sola pista. Hasta que un pequeño flashback asaltó su cabeza: su padre guardando a toda prisa un maletín entre los viejos tratos del sótano, entre la basura, donde nadie nunca buscaría.
A toda prisa, Peter bajó los peldaños de dos en dos hasta llegar a la planta baja, atestada de papeles, chismes y suciedad. Sin demorar mucho más, comenzó a registrar entre las cajas, en los estantes, a leer cualquier papel que pudiera darle la menor pista a seguir. Al igual que los días anteriores, todo en vano: el maletín estaba completamente vacío.
—¿Es qué tenía que enrevesarlo todo? ¿No tenías suficiente con marcharte y dejar solos a tus hijos? ¡¿También tenías que hacerlo sin dejarme respuestas?!
Enfadado y frustrado, empujó la pared de ladrillos con todas sus fuerzas, la cual tembló. Asustado, retrocedió unos pasos creyendo que la pared no podía sostener sus habilidades superiores y que terminaría por echar el muro abajo. Lejos de aquello, una pared corredera se deslizó y dejó expuesta una pantalla.
Inserte el código de seguridad: _ _ _
Peter se sintió empalidecer, pero corrió hacia el monitor para comenzar a teclear números sin ton ni son. Todos erróneos. Debía haber una pista, el menor de los indicios que le dijera cuál era la clave de seguridad que resolvería todas sus dudas.
Y tan solo tuvo que mirar hacia el maletín para hallar la respuesta en el grabado del cuero: OOO
Con el corazón latiéndole a mil por hora, tecleó los tres dígitos y, pronto, la imagen de su padre quedó frente a la pantalla; parecía nervioso y cansado, incluso paranoico, pero tras comprobar en varias ocasiones que estaba solo en la habitación, comenzó a hablar frente al monitor:
Hola Peter, hijo. Me habría gustado darte este mensaje en vida, haberlo explicado como se merecía, pero me temo que eres demasiado joven como para comprenderlo y que no me queda demasiado tiempo. Eso es lo que realmente me duele, saber que aquí llega el final. Han sido unos años maravillosos, y no sabes lo orgulloso que estoy de ti y de poder llamarme tu padre. Créeme, el sentimiento de tu madre es el mismo. Los dos os queremos con locura, a ti y a Morgan. Sé que cuidarás de ella. Siempre lo has demostrado, eres mejor de lo que tu madre y yo seremos nunca. Incluso que los tíos Ben y May. Os dejamos en buenas manos.
Sin embargo, hay algo que nunca os hemos dicho, ni siquiera a ellos, y que tarde o temprano tenéis que saber. Tú el primero, eres el mayor después de todo, colega.
Mi investigación científica con las arañas, sé que el Doctor Connors cree que lo he abandonado sin razón alguna, pero no es cierto. El gobierno quiere apropiarse del experimento y crear un ejército demasiado poderoso como para ser frenado, no nos ha quedado más remedio que destruir todas las pruebas posibles y huir. Si nos atrapan, será el final de todo, comenzará la guerra. Y mi deber moral es impedirlo. Ojalá pudiéramos llevaros con nosotros, pero ni siquiera sé si llegaremos muy lejos y no es un riesgo que estemos dispuestos a asumir con tu hermana y contigo. Es doloroso, pero es la mejor opción.
Unos ruidos se escucharon tras Richard, el propio Peter, siendo niño, llamaba a su padre.
No me queda mucho tiempo y aún tengo algo importante que decir. Espero que algún día nos perdones por esto, pero quiero que entiendas que tu madre y yo estábamos desesperados, y que de haber tenido otra opción jamás habríamos recurrido a ello. Pero no hubo más remedio.
Durante mucho tiempo, tratamos de ser padres por la vía tradicional pero me temo que mis genes no son lo suficientemente fuertes, así que jugamos una maniobra desesperada: hacernos con la genética de otra personas. Espero que comprendas que eran otros tiempos y que nuestro amor hacia vosotros nos llevó a cometer un acto imprudente pero... Peter, aunque jamás me quitaré de encima el título y el honor de ser el padre de mis pequeños Parker, por vuestras venas corre otra sangre. La de Tony Stark.
Si algún día ves esto y decides ponerte en contacto con él, Dios sabe que estaré agradecido por ello. Es un buen hombre, sé que él cuidará bien de vosotros si algún día os faltan la tía May y el tío Ben. Aunque espero que nunca tengáis que comprobarlo.
Peter, te quiero más que a nada en este mundo, y a tu hermana también. Cuídala. Conviértete en el hombre que estás destinado a ser. Mi legado eres tú. Si alguien debe continuar con lo que yo dejé en vida, ese debes de ser tú.
El video se cortó de pronto, Peter ni siquiera se inmutó o reaccionó aparentemente, demasiado en shock por todo lo que había oído. Sus padres no se habían ido por voluntad propia, los querían, solo habían intentado ponerlos a salvo. Habían obrado en busca de un bien mayor. Por fin tenía respuestas para el Doctor Connors.
Sin embargo, algo resonaba con mucha más fuerza dentro de su cabeza, por encima de todo el cúmulo de pensamientos: Por vuestras venas corre otra sangre. La de Tony Stark.
La de Tony Stark. La de Tony Stark. La de Tony Stark. La de Tony Stark. La de Tony Stark. La de Tony Stark. La de Tony Stark. La de Tony Stark. La de Tony Stark. La de Tony Stark. La de Tony Stark. La de Tony Stark. La de Tony Stark. La de Tony Stark. La de Tony Stark. La de Tony Stark. Tony Stark. Tony Stark.
El señor Stark era su padre.
—Hay que joderse —musitó, confuso por tal hecho.
Sin embargo, no tardó en recordar la primera vez que se conocieron, la conexión, la complicidad. Como el señor Stark y él se habían entendido desde primer momento con una sola mirada. Sus instinto paternal hacia él y Maguna. El deseo oculto de ser una familia. La necesidad de estar juntos. Todas las veces que Peter en su fuero interno había pensado en él como “papá” antes de la adopción, el incontable número de ocasiones en que Maguna lo había llamado así en voz alta, con toda naturalidad. El parecido físico.
Había tenido la respuesta ante sus narices y no había sido capaz de verlo por sí mismo, cegado por el deseo y la frustración de querer ser un Stark sin abandonar sus raíces como Parker.
Lo había tenido todo el tiempo y, lejos de conservarlo, había salido corriendo.
No volvería a dar la espalda a quien era:
Peter “Parker” Stark-Strange.
| Mención a Tony Stark: @thedarkestnightrol |