No esperaba encontrarlo ahí, no esperaba encontrarlo nunca, pero sabía que tarde o temprano lo tenía que enfrentar, el destino (a pesar de no ser creyente de él) se iba a encargar de juntarlos una vez más. Una seguidilla de cosas habían sucedido desde la última vez que lo vio, pero eran eventos que no recordaba en lo absoluto y le era imposible culpar alcohol, no cuando a diario tenía una botella en mano. Rastros y recuerdos en sus prendas de aquel día parecían tener una firma indirecta, y claro, el inconfundible aroma que por momentos actuaba como su perdición. “Asumo que no estás aquí por mí,” fue su saludo, aunque en el fondo esperaba que sí. “pero me alegra que te atrevieras a venir.” la molestia en su voz era perceptible a kilómetros, y a pesar de que lo estaba intentando, no podía morderse la lengua. Había tenido demasiado tiempo para meditar en su discurso, mas nada estaba saliendo según lo planeado, al contrario y como siempre, se estaba dejando llevar por sus emociones. “¿Puedes explicarme lo que pasó la otra noche? La noche de distensión.” Su entrecejo pareció fruncirse por solo un instante, el enfado lograba desvanecerse al situar su mirada en las facciones que tan bien conocía. “Estoy seguro que tuviste algo que ver.” Aquello no lo pudo pronunciar en voz alta porque, en realidad, estaba la posibilidad de equivocarse, el castaño nunca le había hecho daño y no tenía por qué empezar ahora. // @tcrrencem