La respuesta al mundo moderno.
El despertar que el mundo espera, que todos quieren y que pocos poseen. Retenerlo es difícil, pues supone un inconveniente cuando llega. Incomoda, desajusta el pasar de las horas. Te cuestiona, te obliga a responder, se mete en tu cabeza y hace que tu frente pese, que la mirada se pierda, que los oídos zumben. Se siente como un maremoto, se revuelve en tu ser.
Nos lo han quitado todo, incluso aquello que piensas que no, te darás cuenta que sí. Se nos han metido hasta en los recuerdos, se han apropiado de quienes somos y de quienes queremos ser. Nos despersonalizaron, nos dieron el mismo concepto a todos, el mismo ideal, la misma meta. Me da nauseas pensarlo, porque me siento vacía pero no precisamente como un jarro sin agua, porque ese jarro se puede llenar, pero mi espíritu no. ¿Y por donde se empieza en un mundo donde todo es criticable? Somos sus prisioneros, nos damos cuenta, pero la verdad es que después de un tiempo los pensamientos se calman, las preguntas se van y el modo automático entra en función, aquel nos salva, nos mantiene inertes, sumergidos, sin respirar, sin pensar. Así todo es mas fácil…
Se nos va la vida, crecimos para ellos, somos sus artilugios. ¿Qué aspiraciones tengo, cuales son reales, cuales son implantadas? Me he quedado horas vaciando mi cerebro, desbordándolo acostada en una cama. Estoy agotada. Mi cuerpo funciona, es ágil, se siente libre…pero es prisionero, la mente, aquella esta enferma, esta intoxicada, sufre, duele, pesa.
Necesito sanar, creí que se arreglaba huyendo, pero en todos lados es igual, puedes volar más de once horas y al llegar te darás cuenta que no hay salida. Estamos condenados, estamos condenados a apagar nuestra luz, nuestra imaginación, nuestro sentir, cada vez es más fácil deshumanizar al ser humano, volverlo un objeto, volverlo de piedra, ¿Qué importa? En un mundo tan artificial, ¿Qué importa? Me rehusó, me rehusó a seguir participando en esta farsa llamada vida, me rehusó, y me armo de valor para dejar de seguir en el sistema, me marcho, me marcho a sentir, a contemplar, a reír, a imaginar, a crear. Estoy en huelga, en huelga por recuperar las ganas, el hambre, la ilusión, el amor, estoy en huelga, porque me lo merezco, por aquella niña que fui, por aquella niña que soñaba con más, con mas espíritu, con mas pasión, con más emoción. Nos lo merecemos.