"Tlacuilo" es una palabra náhuatl que en español podría traducirse como "el que escribe pintando". Así llamaban en la historia del México antiguo a los hombres y mujeres cuyo oficio era muy similar a lo que hoy llamamos notario público, pintor, escriba, escritor, historiador o sabio.
Los tlacuilos eran expertos conocedores de la tradición y cultura, además de hábiles dibujantes que plasmaban sus conocimientos en lo que hoy llamamos "códices".
Según algunos expertos que no comulgan con la "versión oficial", hay una notable diferencia entre los códices elaborados antes de la conquista y los códices elaborados después de esta, a saber, que en estos últimos hay una evidente necesidad del conquistador para justificar sus actos a través de propaganda política y cultural. Me explico: en toda invasión o conquista suele haber justificaciones o pretextos para entrar en una guerra, por ejemplo, Estados Unidos tuvo que inventar que Irak estaba fabricando armas de destrucción masiva para poder actuar. Es una práctica común ya desde la antiguedad, incluso puesta en práctica por los mismos mexicas antes de la llegada del conquistador.
Como sea, lo que importa aquí es que en todos los códices anteriores a la conquista existe un patrón: todo códice contiene una serie de glifos (dibujos) que enmarcan a otro más grande, y que hablan desde una lógica matemática. El dibujo central habla de los conocimientos propios de un mito, de un evento fantástico.
Al mirar de cerca a un antiguo códice, evoca de inmediato en los ojos bien abiertos aquella categorización del hombre de conocimiento para distinguir el cuerpo de la información que recibe: lo evidente, lo discutible y lo esencial. De lo evidente nos hablan aquellos glifos de lógica matemática; de lo discutible nos habla el dibujo central, donde unos ven más que otros, ya porque tienen mayor imaginación, ya porque cuentan con más conocimientos; de lo esencial nos habla el mito, cuya información está reservada a aquellos que ubican la mirada más allá de la lógica....como decía Antoine de Saint-Exupéry: "Lo esencial es invisible a los ojos. Sólo con el corazón se puede ver con claridad".
De algo similar hablaba Lacan con sus tres registros: el registro de lo real, el registro de lo imaginario y el registro de lo simbólico. Y el resultado aquí es igual: importa el mito tanto o más que los conocimientos de lógica matemática o histórica, porque en el mito están ocultos profundos conocimientos que son atemporales: valen para toda época.
¿Y para qué me sirve todo esto? Pues para comprender que en toda información o conocimiento hay dos puntos de vista opuestos entre sí argumentando siempre desde una lógica racional, pero necesitamos ubicar la mirada más allá del debate estéril, que además de dividirnos entre esto o aquello, siempre terminan favoreciendo a algún otro. Es importante, pues, distinguir en todo momento lo evidente, lo discutible y lo esencial.