{ R o y a l | A U }
“A veces tratamos de conseguir algo y fracasamos, entonces vemos al mundo muy grande y que no somos nada; pero si conseguimos lograr lo que anhelamos, el mundo nos parece pequeño y nos sentimos los reyes del mundo.”
Todos tienen su versión acerca de la historia: la que está en los textos antiguos, por ejemplo. Pero hay una mucho más antigua, una que no fue escrita, si no que pasada de generación en generación: como ejemplo de qué para reinar un imperio, primero hay que mantener unidos los lazos familiares. Ya qué, si la base de una monarquía cae, todo se desmorona.
Unas cortinas de seda azul impedían la entrada de la luz a tal ostentosa habitación. No era ni tan pequeña, ni tan amplia. En el centro se ubicaba una cama de dos plazas, con un bello dosel de tono plata. Las sábanas eran de seda verde; aquellas tapaban en éste momento a su dormido ocupante. Mismo que tenía sus cabellos negros desparramados sobre esa cómoda almohada. “ Toc - Toc “
Ese mínimo golpeteo a las puertas de dicha habitación, sólo consiguieron robar un gruñido por parte del chico dormilón. Al final, un joven de cabellos castaños y con buen vestuario; entró. En sus manos llevaba una bandeja con muchos dulces y dos tazas, además de una hermosa tetera de porcelana. Ladeó la cabeza, no había respuesta. “Príncipe, por favor. ¡Es hora del desayuno!”
—No quiero, vete.
“El Rey no se pondrá contento si no come algo, Príncipe.”
Al fin, el azabache despertó, quitando las sábanas sobre su rostro; a la vez que se sentaba sobre esa fina cama. Gruñó, pero no por la insistencia de su sirviente. Eso era lo de menos. —Yoichi, te he pedido que no me digas príncipe. Dime Yuichiro, al menos.
“Oh, disculpa, las costumbres no se quitan. Bueno, Yuu; ¡traje el desayuno!”
—¿Rollos de canela?
“¡Con glaseado!” —Puedes quedarte.
Dos horas mas tarde, ya vestido y algo arreglado; salió de su habitación. Tras él caminaba su sirviente, mismo que le señalaba sus tareas de el día de hoy: Geografía.. Latín... Historia antigua... Etcétera.. Sin embargo, no prestaba atención a tales cosas; si no que a la gran muralla construida fuera del castillo. Una que lo rodeaba por completo, totalmente indestructible. Pero.. ¿por qué? ¿Por qué su padre mandó a construir la muralla?. Es decir, se le explicó en un principio que era “porque los plebeyos no tenían derecho a entrar al palacio”, pero.. ¿tan así?. Pasaron las horas, y con eso; las clases. Estaba cansado, y eso que no era hora del almuerzo.
El comedor real era largo, sin embargo, en la cabecera estaba el asiento de oro del Rey y, a su lado, el de su hijo; al otro lado del Rey, había un asiento de plata sin ocupar por más de dieciséis años. Ahora estaba sentado a la mesa, pero hace pocos días que no hablaba mucho con el Rey; no porque no tuviesen cercanía, si no porque.. bueno. Él hacía preguntas que molestaban en sobremanera al gobernante. Como hoy, por ejemplo: —Quiero explorar las afueras del muro, Padre.
{ trashinose }








