Estaba a punto de lanzar su móvil al suelo, de la frustración. No había tenido batería en los últimos días y había elegido justo aquellos. Estaba preocupada, y no sólo éso, estaba realmente asustada. Del tipo de miedo que no había sentido desde hacía bastantes años. Por lo menos le había tocado terminar en un lugar que tenía tanto comida como cosas que podían ayudar a curar personas que habían sufrido alguna que otra cosa por los sustos que habían pasado. Éso había mantenido ocupados sus pensamientos, al menos. Sin embargo, ahora que salía del hospital y se asomaba de nuevo a la ciudad, sus preocupaciones volvieron a atormentarla. Se abrazó a si misma esperando encontrar cuerpos inertes a cada vuelta de la esquina y tuvo que contener el llanto que amenazaba con escapar de ella. Se sentía mareada por intentar contener sus emociones, y en lo único que podía pensar era en llegar a casa lo más pronto posible. Sin embargo, cuando sintió una mano en su hombro, dio un grito del susto y se giró a ver asustada a la persona que había hecho aquello. — Y-yo... — comenzó y tragó saliva antes de continuar. — ¿Q-que quieres? — preguntó, arrastrando las palabras.