Ooc
$LAYYYTER
cherry valley forever

⁂
No title available
DEAR READER
we're not kids anymore.

祝日 / Permanent Vacation
Xuebing Du
Not today Justin
Game of Thrones Daily
h

No title available
Cosimo Galluzzi

izzy's playlists!

@theartofmadeline

Product Placement
Three Goblin Art
hello vonnie
macklin celebrini has autism
NASA
seen from France
seen from Mexico

seen from United Kingdom
seen from Canada

seen from United States

seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from United States

seen from United States
seen from United States

seen from United States

seen from United States
seen from Germany

seen from Malaysia

seen from United States
seen from Egypt

seen from Brunei

seen from Italy
@niklausxrp
Ooc
.
...
Rodó los ojos un tanto impresionada por su comentario, pero en realidad se lo esperaba. Ella le habló de forma mala y él se la respondió igual. Aún así la castaña siempre se salía con la suya y vio a una amiga que estaba a un costado, una trabajadora del lugar. Sin importarle que la gente reclamara o algo parecido, pero se salió de la fila y se acercó a ella, tomando el refresco que ya le tenía listo. Le dio el dinero y con una sonrisa se acercó al chico. – Suerte con la espera – le dijo aún con una sonrisa un tanto maliciosa, solo para molestarle y prosiguió su camino.
Klaus rió ante el acto de la castaña. —¿Crees que me voy a molestar o algo así?—Cuestiono observándola con gracia. —Actos infantiles como aquellos no me molestan. En cambio te felicito por salir de la fila, así no tengo que estar escuchando tu irritante voz. —Dicho esto dejo de mirarla, su vista se fue hacía la fila. Faltaba poco, así que se alegro un poco. Al parecer de algún modo la cajera se apuraba más, era algo torpe ya que sus manos no le ayudaban del todo. Pero al menos la fila avanzaba.
...
Sonrió de lado al escuchar de nuevo al rubio y se encogio de hombros. — Sí, probablemente nacimos para hacerles la vida más complicada, porque sino ¿no te parece que todo sería muy aburrido? — ironizó, alzando las cejas. Estaba bromeando, por supuesto, pero el comentario de él la había hecho sonreír con diversión. — A veces hace falta que nos lleven la contraria. — se encogió de hombros.
—No lo sé, siempre habrá quien piense diferente. Pero si le da algo de emoción a las cosas. Si todos pensáramos igual, todo sería tan monótono. —Respondió con una sonrisa, después de pagar por lo suyo tomo el refresco nuevamente y lo abrió para darle un trago. —No lo niego, valió la pena la espera.—Confesó riendo.
Se enderezó como pudo en la gran cama para así observarlo mejor levantarse y caminar hacia su ropero, rogando en el fondo que no se tropezara con sus propios pies ni nada parecido. –En esta situación…– no le gustó como sonaba aquello, más lo ignoró y solamente encogió sus hombros, intentando restarle importancia al tema pasado. –De nada, no pareces ser ni un violador ni un asesino serial y me has escuchado y me has visto llorar como niña de cinco años… supongo que es lo mínimo que puedo hacer– habló y volvió esta vez a sonreírle de forma leve, tomando dos de las botellas. –Estas dos, mías, esa es tuya, querido extraño, te la has ganado– le entregó la que sobraba. –Además, hoy es un día para estar ebrio y olvidar lo que nos jode, así que abre esa botella y salud– suspiró y abrió la primera petaca de vodka, llevándola a sus labios por unos momentos para echarle unos cuantos tragos. –Klaus– asintió luego de hacer una mueca extrña por el ardor en su garganta. –Seguramente es porque cada persona que está a mi lado me tapa o porque yo me escondo bajo la tierra o por alguna extraña razón de la vida y bueno, esas cosas– rodó los ojos y rió. –¿De donde vienes, Klaus? Digo, me refiero, a que distrito– preguntó volviendo a dar unos tragos a su botella.
No pudo evitar reír un poco. —Violador no lo sería nunca, asesino serial… Realmente no estoy interesado en matar gente. Pero si me gustaría que algunos no existieran. —Confesó mientras la escuchaba hablar nuevamente. —Ya he bebido mucho, pero supongo que un poco más no daría gran diferencia. —Respondió tomando la botella de las manos de la chica. Asintió estando de acuerdo con ella, y abrió la botella. Cuando esta estuvo abierta dio un pequeño sorbo dejando que la sustancia inundara su boca, para que después se deslizara por su garganta. Nuevamente estaba recordando aquel sabor familiar que había tomado hace poco. —Pero por tu rostro, no pasas muy desapercibida que digamos.—Dijo observándola un poco, aunque no se apreciaba muy bien su cara por los moretones, se veía una chica linda. —Distrito Maend, muchos no creen que sea de ahí. Ya sabes porque me gusta romper reglas, pero antes no era así. Respetaba más…. Supongo que me di cuenta de las injusticias con el tiempo.—Respondió a su pregunta, tratando de adivinar de que distrito era ella. Pero más o menos lo adivinaba. —¿Tú eras de los futuros rebeldes?—Cuestiono sonriendo ante como sonaba aquello.
Sintió el tirón que le produjo el haberse enganchado la tela de (alguna parte de) su vestimenta al ponerse de pie. No ponía ingeniárselas, de cualquier modo, a salir de allí, y no se atrevía a jalar por miedo… bueno, por miedo a que fuese peor de lo que se sentía y quedase al descubierto partes de ella que no tenía intención de mostrar.
—Hey, tú —llamó a un posible desconocido que pasaba no tan cerca de ella, pero lo suficiente como que aquel la oyese. —¿Me darías una mano? —. Y con un dedo, señaló su parte trasera, esperando que no se viera vulgar.
Klaus caminaba tranquilo hasta que escucho una voz femenina llamarle. Volteo su cuerpo y dirigió su rostro hasta donde provenía aquella voz. Miró la señal que hacía la chica entendiendo que se había atorado, pues al menos eso se notaba. Pero como siempre pensó en bromear un rato. —Oh, no soy ese tipo de persona. ¿Siempre te le insinúas así a las personas?—Respondió con una sonrisa juguetona mientras se acercaba para ayudarla.
...
— Si, bueno, si sigues amenazando así a las cajeras del lugar no creo que te vayas de aquí con tu refresco. — respondió ella, mientras alzaba una ceja hacia el rubio, inquisitivamente. Ahogó una carcajada al escuchar el siguiente comentario de él, mientras colocaba las cosas que ella estaba comprando para que la otra chica las tuviera a la mano para marcarlas. — Le digo éso porque a punto está de salir corriendo de aquí. Y si lo que quieres es que te atiendan rápido no creo que espantando a la gente sirva de mucho. — dijo finalmente, mientras se encogía de hombros.
—Como sea. —Dijo no prestándole mucha atención a la chica. No sabía si tenía razón, pero como siempre pensaría que él la tenía.—Te pareces a mi esposa, siempre intentando llevarme la contrario a lo que hago. Pero así son casi todas las mujeres. Además de que creen tener la razón. No digo que los hombres no piensen tener la razón. Pero ya entenderás.—Comentó pensativo.
Secó las lágrimas que caían de sus ojos hacia sus mejillas con el dorso de sus manos, sacudiendo la cabeza y apretando sus parpados por unos momentos. Basta, se decía, Basta, basta ya, tienes que dejar de llorar. El no querría verte llorando, el odiaba verte llorar, tienes que parar. Y así lo hizo, tras unas cuantas bocanadas de aire y el alcohol pasando por su cuerpo, comenzó a calmarse, los sollozos ya no se escuchaban y aunque sus ojos ahora estaban rojos, ya no lagrimeaban. –Gracias– dijo de un momento al otro al hombre ebrio sentado en su cama. –Por… intentar… hacer algo– continuó y tragó con fuerza. –Eres el ebrio más sensato que he visto en mi vida, si te sirve como cumplido– trató de sonreír, más solo una extraña mueca se presentó en sus facciones. –Pero ayuda por un tiempo ¿no?– relamió sus labios y suspiró. –¿Puedes hacerme un favor? Unos cuantos, en realidad…– pidió, elevando la mirada hacia el. –Hay… hay dos petacas de vodka y una de tequila en el armario, están mis camisetas y atrás hay como una puertita, ¿podrías ir por ellas? Yo… me duele mucho el torso como para caminar– confesó, los moretones y rasguños que tenía en el no se habían curado y tampoco creía que lo harían de un día para el otro. –No… yo… yo en realidad quería estar sola, por lo menos un rato pero, pero no me importa que te quedes si eso quieres, además estas muy ido como para salir ahora– negó con la cabeza. –Bueno, si es que quieres– encogió uno de sus hombros, tampoco iba a obligarlo a quedarse allí con ella mientras estaba toda lastimada y llorosa. –Soy Arlandria–
Después de que la castaña le agradeciera sonrió. Seguramente mañana ni recordara aquello, o tal vez sí. No estaba muy seguro. Ya que casi siempre olvidaba las cosas que hacía cuando estaba ebrio. Asintió a lo que dijo y miró hacía el suelo para después de regresar la vista hacía los ojos de la chica. No le molestaba hacerle un favor, así que se paro con cuidado y fue hasta donde creyó ser el clóset. Busco lo que le había pedido y al encontrarlo camino nuevamente hacía ella. Se sorprendió así mismo de que llegara ahí sin tambalearse. Quizá ya se le estaba pasando aquel efecto. Pero aún sentía un dolor de cabeza. —No me gustaría dejarte sola en esta situación. Pero de todas maneras gracias por dejarme quedar, aunque sea un extraño—Formo una ligera sonrisa en sus labios mientras le daba las bebidas. —Klaus, un placer. Rara forma de conocernos—Esto último le causo un poco de gracia por lo que se pudo escuchar una pequeña risa. —No recuerdo haberte visto antes. Pero quizá sea porque no estoy en mis cinco sentidos.
...
— Lo único que conseguirás será que te saquen de aquí. — murmuró al rubio que estaba frente a ella en la fila del supermercado, observando como un guardia ya se había percatado de la actitud del mismo. Luego giró la cabeza a la cajera, que tenía una expresión de miedo bastante remarcable. — Ya casi termina el día, pronto no te tendrás que preocupar por éstas cosas. — trató de tranquilizar a la pobre, que temblaba mientras marcaba los productos.
—Mientras me dejen llevarme el refresco por mí no hay problema.—Miró a la rubia con extrañes. Después escucho lo que le decía a la cajera y levanto una ceja. —Le dices eso porque seguramente serías igual de torpe. —Comentó sin expresión sin importarle mucho su comentario. Casi siempre los hacía, así que suponía que decir algo como eso daba lo mismo.
Se sonrojó un poco, bajando la cabeza. Coquetear no era lo suyo, y no lo había hecho a propósito pues ya tenía a alguien, pero el hombre delante suyo sacaba todos sus instintos a la superficie. “Porque podría servirte de algo.” respondió tranquilamente, todavía tímido. “¿Cómo puedo ganarme la confianza de una persona que no confía en nadie?” preguntó atónito, pues no veía como un chico tímido, incómodo, y raro, podría conseguir la confianza de una persona así. “Lo imaginaba.” no se esperaba el lindo.
—No pareces alguien que fuera a mandarme a prisión. Más bien pareces alguien que intenta seguir las reglas, pero no está seguro de lo que hace.—Comentó observándolo algo serio pero no tanto. —Además tu cambio de personalidad dice que es sospechoso. ¿Tú qué opinas?—Cuestiono acercando su rostro al del contrario mirándole a los ojos con una sonrisa.
Arlandria ansiaba una rebelión de parte de todos los ciudadanos para tener libertad, justicia, tener todo lo que por años no pudieron y lo que perdieron, familias, hijos, amigos, verdaderas almas gemelas. No entendía como podía haber nacido en un tiempo donde un grupo de gente te obligaba a estar con alguien, donde te decían que hacer y a donde pertenecías. No entendía por qué no había estado en esos tiempos, lejanos, totalmente lejanos donde la sociedad vivía en armonía con las reglas de cada uno, sin alguien que los controlara. –El día que haya suficiente gente… el día que las personas dejen de tener miedo para rebelarse contra los superiores será el día que nosotros no estemos más aquí– contestó, tragando con fuerza, sintiendo como su estómago dolía por la fuerza que ponía en el. –Llorar es, es u-una mierda– soltó a la vez que los sollozos salían de ella, mordiendo su labio inferior para que este dejara de temblar a la vez que bajaba la cabeza, como si no quisiera que la vea, como si no quisiera que vea cada lágrima de cansancio y de derrota que derramaba. Respiro hondo y trató de alejar esos sentimientos de debilidad de ella por lo que tan solo tomó la botella que había en las manos contrarias y la llevó a sus labios, tomando el poco liquido que quedaba y dejando que este hiciera arder su garganta.
Klaus notó la negatividad en la chica. Pero quizá tenía razón. Los habitantes de ahí eran muy cobardes y casi nadie se atrevía a enfrentarse. Deseaba que mientras el siguiera con vida, las cosas cambiaran. No estaba seguro de cómo sería el futuro. Nadie podía estarlo, aunque sinceramente se veía igual de horrible que el presente. Escucho las palabras de la chica, pensando que no lograría hacerla sentir mejor. Igual no pensaba darse por vencido. —Si no lo hicieras guardarías sentimientos y eso te causaría más problemas. —Comentó creyendo sus propias palabras. Trato de recordar la última vez que lloro, pero le fue difícil. Ya que seguramente eso fue hace bastante tiempo. Más o menos cuando era un niño pequeño asustadizo. Crecer sin padres de alguna forma le afecto. Pero con el tiempo se fue endureciendo y olvidando aquello. Aunque muy dentro de él seguía inconforme por aquello. —Muchos creen que el alcohol ayuda, pero en realidad el efecto solo dura un tiempo. Después vuelves a lo mismo. —Dijo después de observar como la chica bebía de la botella. Él más que nadie sabía que el alcohol podía tranquilizarte y hacerte olvidar cualquier cosa. Pero siempre venía el momento de volver a la realidad. Aunque él siempre lo usaba más para diversión. —Quizá te vendría bien hablar lo que sientes con una amiga. Ya sabes con alguien de confianza, que te pueda animar. —Sugirió no muy seguro de sus palabras. Pero sabía que siempre se necesitaba hablar con alguien. Y los amigos servían para eso. Aunque no todos eran sinceros.
El chico giró extrañado para encontrarse con Klaus, un chico con el que no tenía ningún tipo de relación, pero le agradaba. Y eso era un punto a su favor, ya que Axel solía odiar a casi todo el mundo. —No, nada especial —respondió, restándole importancia. —¿Por qué?
—Entonces te puedo invitar a tomar un trago. —Respondió con una ligera sonrisa en su rostro esperando la respuesta del chico. —¿Te gusta beber no?—Preguntó no muy seguro de la respuesta que Axel daría.
Self-Para; La carta.
Habían pasado días desde que Klaus había visto por última vez a Emily, suponía que seguía molesta con él. La última vez que se habían visto discutían por que la chica creía que algún día los comentarios que él hacía en voz alta lo iban a llevar a una muerte segura, lo mínimo que lo llevaran lejos. Aunque lo reconocía, ella tenía razón. Pero no podía evitarlo, así que cuando esta comenzó a elevar el tono de voz Klaus se molesto y se fue de ahí. Aquella fue la última vez que la vio. Ese mismo día él se encontraba en casa de sus vecinos mayores. Siempre iba ahí cuando tenía problemas en casa. El hombre que vivía en aquel lugar siempre lo tranquilizaba. Además de que escondía alcohol algunas veces. Pero en cuanto comenzó a escuchar gritos y llantos, supuso que estaban haciendo el simulacro nuevamente. En ese mismo momento en lo único que pensaba era en volver a casa y ver si su esposa estaba bien. Los dueños de la casa donde estaba se lo impidieron. Por lo que se quedo ahí sin hacer nada. Le pareció extraño llegar a su casa después de esto y ver que su esposa no estaba. Pero suponía que debía estar en casa de una de sus amigas. Por lo que no se molesto en buscarla. Pero pasaron tres días y seguía sin saber de ella. En su pensamiento se imaginaba cosas sencillas, como que estaba realmente molesta y que no quería verlo. Pero al llegar a su casa encontró una carta tirada enfrente de la puerta. La tomo sin importancia y leyó su nombre en ella, así que la abrió sin interés en leerla pero había algo que le decía que tenía que hacerlo. Fue ahí cuando comenzó a leer: Sr Niklaus. Como todos sabemos, en los pasados días se realizó uno de los simulacros anuales diseñados específicamente para entrenarles en caso de que alguna situación requiera el tener conocimientos sobre supervivencia extrema. Éstos simulacros son reales hasta el punto en el que se viven y se aplican las normas que se llevarían a cabo en un escenario de la vida real tal cual como la conocemos, por lo que todo aquel que estuviese en las calles dentro del periodo que duró el simulacro ─ dos días naturales ─ sería ejecutado sin pudor alguno sin importar el motivo por el que éste se encontraba en el exterior. Dicho todo lo anterior y habiendo aclarado el procedimiento llevado a cabo en todo simulacro, desde la Sociedad nos vemos obligados a comunicarle que su esposa de nombre Emily, la cual fue denominada su alma gemela en su respectivo momento, ha sido ejecutada al incumplir las normas básicas. Desde lo más profundo de nuestro ser, la Sociedad le envía su más sincero pésame por tan grande pérdida. Pero ni usted ni ninguna otra persona que haya perdido a su cónyuge se quedará sin pareja; lo que queremos decir es que repetiremos el proceso del Banquete que realizaron al cumplir la mayoría de edad, se les volverá a asignar una nueva pareja junto con su ficha correspondiente. Por último, nos gustaría informarle de que en los próximos días se celebrará en la ciudad un funeral conjunto de todas las personas que perdieron sus vidas en el ya nombrado simulacro. Recibirá otra carta con toda la información que necesitará saber sobre éste solidario acto hecho para que todos se puedan respaldar en todos, no está sólo en ésto.
Atentamente: – La Sociedad. Un puñado de enojo, tristeza, y odio se formo en todo su cuerpo. Realmente creían que reemplazando a los muertos mejorarían las cosas. Vaya montón de idiotas. Pero la rabia que sentía no era tanto hacía ellos, era hacía él mismo porque no la había podido salvar de aquellos imbéciles. Notó como lagrimas se deslizaban por sus mejillas. ¿Eran de coraje? ¿De tristeza?, no estaba seguro. Pero tenía que aceptar que le dolía la muerte de su compañera. Aquella que paso tantos años a su lado. Se había encariñado con ella, aunque al principio solo la veía como un estorbo en su vida, esta se convirtió en su complemento. ¿La amaba?, no lo iba a negar ya que con el tiempo se fue enamorando de ella. Era su opuesto, una chica dulce llena de alegría, demasiado tierna que al principio le causo nauseas. Pero siendo que prácticamente su enojo se debía a la falta de cariño en su vida. Ella le dio este, causando que abriera su corazón hacía esa chica. Había veces en la que ella se molestaba, pero siempre terminaban arreglando las cosas. La mayoría de sus peleas eran porque se preocupaba demasiado por él. Camino hasta su habitación, la cual ambos compartían. Había algo que no notó hace días. Su diario estaba en la mesilla de noche junto a una pluma. El diario que siempre escondía de él. Se preguntó si debía leerlo, era su privacidad. Pero necesitaba tener algo de ella, así que lo abrió y leyó la última entrada. Querido diario: Han pasado días, no sé si podré seguir sin preocuparme. Una parte de mí me dice que él está bien. Otra me dice que tengo que salir y encontrarlo. Seguramente esta con los vecinos. Lo conozco bien. Sé que hice mal en enfadarme con él, pero no lo haría si no me preocupara tanto por él. Necesito verlo, creo que iré a buscarlo. Emily ¿Lo había ido a buscar?, aquello lo hizo sentir aún más culpable. Había muerto por su culpa. Jamás se podría perdonar aquello. Ya no le veía sentido a nada. Dejo el diario donde estaba sin querer leer más de este. Aunque quería tener algo de ella, su recuerdo solo le causaría dolor. Además de que ya sentía mucha culpabilidad. Miró hacía la foto de ambos que estaba en esa misma mesilla donde había dejado su diario. Un fuerte dolor se formo en su pecho. Tomo la foto con lagrimas y se despidió de ella. —Quizá no lo dije muy seguido. Pero me cuesta un poco Em. Sé que tú siempre te diste cuenta de que te amaba. Lo siento en verdad, algún día vengare tu muerte. Te amo Emily.
La tensión se fue de su cuerpo cuando vio que el chico no había hecho nada como para agredir a la muchacha, que parecía muy asustada por un momento. Siguió observando al muchacho, que le había parecido curioso desde el principio, hasta que le dijeron que se apresurase en la cola para pedir. Pidió su orden habitual, dándole las gracias a la cajera. “Te vas a meter en problemas. Aunque eso ya lo sabes. Quizá deberías decirme tu nombre por si algún día te arrestan y necesitas que te saquen del lío.” comentó juguetonamente al pasar por su lado.
Escucho nuevamente la voz de la persona con la que antes había charlado. Después de que terminara de hablar se le formo una curveada sonrisa ladina. —¿Por qué te diría mi nombre? Qué tal si lo usas de mala forma. —Volteo su cuerpo de manera que pudiera mirarle a los ojos, mientras alzaba una ceja cuestionando sus intenciones. —Primero gánate mi confianza y después te diré mi nombre.—Dijo no muy seguro de si el chico realmente lo haría. —No soy tan fácil de ganar por cierto lindo—Rió bromeando y tomando del refresco que anteriormente había comprado.
,
...
Al momento de escuchar la voz del muchacho que creía había abandonado el recinto, no pudo evitar sobresaltarse pues, debía admitir, su presencia le daba una mezcla de sentimientos que fluctuaban entre la sorpresa y el temor. Nervioso, se apartó con la intención de que el joven pudiese realizar tranquilo sus trámites, sin interés alguno de molestarlo. Lamentablemente sus piernas no estaban de acuerdo con sus decisiones, por lo que en vez de hacerse a un lado suavemente, terminó enredándose con su propio cuerpo y empujando ligeramente al chico. Si bien no fue más que un pequeño toque, tuvo la fuerza suficiente para desatar una cadena de reacciones que no podían tener un buen resultado para Thomas: en primer lugar, las monedas que el desconocido tenía en sus manos terminaron rodando por el suelo de todo el recinto y, en segundo lugar, su botella de agua, a penas abierta, golpeó el suelo con la fuerza suficiente para terminar de abrirse y desparramarse por todos lados, incluyendo el calzado de ambos muchachos involucrados. Sintió como los latidos de su corazón aumentaban a medida que el tiempo se detenía. Alzó la vista intentando mantener la calma y evitar el contacto visual con el joven, mientras balbuceaba algo que sonaba como una disculpa pero que, en realidad, no eran más que un montón de sonidos ininteligibles. Estaba completamente mudo.
Klaus sintió el leve empujón del chico, notando que estaba algo nervioso. Pero no entendía el porqué, quizá lo había intimidado. No dijo nada solo se quedo callado observándole, dándose cuenta que había mojado sus zapatos. Resoplo frustrado por la estupidez del chico, pero entendía que debía estar nervioso. —¿Estás bien?—Preguntó observando al rubio ya que se veía temeroso de algo. Parecía que intentaba decir algo, por lo que Klaus levanto la ceja e intento adivinar. —Si quieres decir algo dilo, no tengo todo el tiempo del mundo chico. —Su atención nuevamente se fue hacía la cajera quien estaba algo asustada. ¿Realmente causaba temor en las personas?, se agacho para recoger las monedas que estaban en el suelo. Un poco húmedas por el agua, lo que causa una mueca en su rostro. —Tienes suerte de que no te haya dado una paliza. Pero creo que tu estupidez se debe a tu nerviosismo. —Lo miró algo serio y espero a que la cajera reaccionara nuevamente. Aquel día iba a ser más lento de lo que creía.
.