the tortured auror headquarters
Todavía era muy temprano en la mañana. Tenía que moverse con cautela para que pudiera salir de la cama sin ser detectado. Al menos tres de los cinco días de la semana no lo conseguía, pero al parecer tendría suerte por una vez.
Apoyó los pies en la alfombra y salió de la habitación sin ponerse las pantuflas, intentando hacer el menor ruido posible. Se encaminó por el pasillo hasta la habitación decorada en su mayoría de color azul y blanco. La cuna en el centro estaba igualmente decorada con pequeños unicornios dorados pintados a mano. El par de ojos verdes que lo miraban interrogantes, eran idénticos a los suyos.
— Lo conseguí, enano. No desperté a mamá y tú y yo podremos preparar el desayuno antes de que tenga que irse a la oficina. ¿Qué me dices, Kit? ¿Estás conmigo? — le preguntó a su bebé, que aunque recién había cumplido ocho meses, ya se ponía de pie sujetándose de los barrotes de la cuna.
Lo sacó de la misma, despeinando su cabello y levantándolo hasta su nariz para olfatear
—Muy bien parece que ese pañal está limpio. Eres el niño más considerado del mundo. Y el más esponjoso. Mira ésta barriguita esponjosa— dijo haciéndole cosquillas mientras lo llevaba en brazos a la cocina, pero no contaba con que la inconfundible risa del pequeño terminaría alertando a Liza que se asomó por la puerta de la habitación.
— Ay no capitán Kit, hemos sido descubiertos en medio de nuestra misión. El protocolo dice que el líder del equipo se sacrifica por la tropa. Lo siento tanto... — dijo con un fingido tono dramático mientras lo dejaba ir con su madre, pues ya había extendido sus brazos en su dirección. Se unió al abrazo, besando la frente de ella —. Perdóname por despertarte. No te preocupes, ve y acuéstate un momento con nuestro bebé oso. Tendré listo el desayuno antes de lo que puedes decir Petrificus Totalus. ¿Lo dije bien? Me pareció escuchar que lo susurrabas en tu sueño.


















