La última acusación arrancó algo diferente esta vez.
No era culpa ni vergüenza. Era algo que definió como irritación. Una dolorosa y peligrosa irritación.
Albus permaneció inmóvil unos segundos mientras Alice terminaba de hablar. Gideon estaba entretenido golpeando su vaso contra la bandeja y Beth intentaba alcanzar una rodaja de manzana que estaba frente a ella .
Por primera vez desde que la discusión había empezado, Albus no miró a ninguno de los dos. Solo a Alice.
—No —respondió con voz tranquila. Demasiado tranquila—. Eso no es verdad.
La sonrisa cansada había desaparecido.
—Sí tengo razones— se enderezó despacio pero no parecía enfadado, se veía como alguien que acababa de tomar una decisión—. La diferencia es que tú asumiste que no las tenía, porque no te las dije, hasta ahora.
Sus dedos buscaron algo dentro del bolsillo interior de la chaqueta. Y durante un segundo estuvo tentado a detenerse.
Elizabeth probablemente lo mataría. Fabian probablemente también. Incluso él mismo sabía que aquello era una mala idea.
Pero Alice acababa de pasar los últimos veinte minutos diciéndole que era incapaz de preocuparse por alguien y quizá con eso, estaba a punto de demostrar exactamente lo contrario.
Sacó un pequeño sobre doblado y lo dejó sobre la encimera entre ambos.
—No lo hice antes porque sabía exactamente cómo reaccionarías—su mirada no abandonó la de ella—. Y porque una parte de mí esperaba estar equivocado. Pero resulta que ser paranoico tiene algunas ventajas profesionales.
La comisura de su boca se movió apenas. No era una sonrisa, más bien una mueca de disgusto.
—¿Sabías que durante los últimos seis meses Elijah ha recibido visitas nocturnas regulares en su apartamento?— no esperó respuesta de ella—. Hombres y mujeres. Ninguno más de una vez.
Albus apoyó una mano sobre el sobre.
— Aquí hay fotografías, con fechas y horarios.
Su tono permaneció peligrosamente sereno, esforzándose por no estallar.
—Antes de que empieces a gritar sobre privacidad, no investigué a tu novio porque sale contigo. Lo investigué porque cualquier persona que se acerca a alguien de esta familia termina apareciendo en algún informe o declaración, tarde o temprano. Y cuanto más miraba, menos me gustaba lo que encontraba.
Por primera vez en toda la conversación ya no parecía estar intentando convencerla de que era un buen padre. Sólo estaba intentando ser un auror.
Uno acostumbrado a sospechar, a seguir pistas. Y que acababa de encontrar algo que consideraba preocupante.
—Ahora dime otra vez que mi criterio es un chiste— Albus empujó lentamente el sobre hacia ella—. Ábrelo.
Y por primera vez desde que Alice había entrado por la puerta, la siguiente decisión no parecía estar en sus manos.
Conocía perfectamente de lo que era capaz Albus Potter. Pero eso no quería decir que no comenzaba a molestarse. Por un momento las luces parpadearon y pudo escuchar claramente cómo el vaso que había utilizado para servirse jugo comenzaba a craquelarse. Había cosas que podía tolerar, pero no que mintiera de esa manera para tratar de meterse en su vida porque se creía con derecho a hacerlo.
No le gustaba en lo más mínimo a dónde era que se dirigía la conversación, y mucho menos que él parecía estar disfrutándolo.
Lo vio sacar un sobre de su chaqueta. Eso solo la llevaba a preguntarse cuánto tiempo había estado cargando lo que pensaba mostrarle y que si no era en ese momento, probablemente hubiera elegido el más inoportuno para hacérselo llegar.
Pero al escuchar de qué se trataba, fue como si todas las piezas encajaran dentro de su cabeza. Tomó el sobre para ver las fotografías, todas ellas con la fecha y la hora escrita en la parte trasera. Se esforzó por no dejar que la expresión en su rostro la delatara. Había ido demasiado lejos y no dejaría que las cosas se quedaran así.
Suspiró pesadamente, permitiéndole por un momento creer que había descubierto algo.
— Me han llamado muchas cosas, pero definitivamente no un chico.— Mientras hablaba, tomó de nuevo su teléfono, aunque esta vez para llamar a alguien. Cuando la llamada entró, regresó el teléfono a su bolsillo, asegurándose de que meterlo solo lo necesario para que la otra persona pudiera escuchar la conversación.— Su criterio es un chiste. Y su capacidad de poner atención también lo es, claro que no es una sorpresa considerando el patético intento de Auror que es.— Tomó algunas de las fotografías en donde aparecía de espaldas, con el cabello cubierto por la gorra que utilizaba precisamente para evitar que pudieran reconocerla en la calle pero lo más importante era los zapatos que usaba en esas fotografías.— Claramente no está poniendo atención a los detalles que importan y solo buscaba una justificación para su paranoia o de lo contrario se habría dado cuenta que esas son mis botas.— Dirigió la mirada hacia sus pies. Si bien no las usaba todos los días, sus botas de trabajo iban con ella cuando estaban trabajando en el campo, pues con la lluvia y otras particularidades del clima, era necesario usar algo que evitara que pudiera resbalar.
— Tampoco es que sea asunto suyo si tomo prestada su ropa algunas veces.— Eran varias las fotografías en las que se le veía llegar a casa utilizando alguna de sus sudaderas con capucha, que al ser mucho más grandes le llegaban prácticamente a las rodillas y el gorro ocultaban su rostro.— Son visitas regulares por las noches porque siempre espero a que los bebés se fueron a dormir. Y yo no tendría por qué darle explicaciones si no fuera un enfermo demente que ha pasado meses afuera de su casa como un acosador. ¿Qué es lo que sigue? ¿Va a tratar de ver por las ventanas? ¿Va a usar a los bebés como excusa para estar vigilándolo en el hospital? — Supo que su llamada había funcionado cuando escuchó a alguien llegar por la chimenea. No iba a dejar que Potter se fuera como si nada después de admitir algo así.
@albus-potter (Harry)
Harry apareció entre las llamas verdes con la sensación inequívoca de que acababa de interrumpir algo desagradable. Él mismo había incluido la chimenea de su despacho en la lista de seguridad de puntos que podían conectarse con la red flú en la casa de Elizabeth, aunque nunca creyó que iba a usarla, hasta ese día.
No era difícil adivinar lo que estaba pasando. Alice estaba de pie junto a la encimera con el teléfono aún en la mano. Albus tenía esa expresión que había heredado de su hermano James cuando estaba a punto de discutir una estupidez hasta las últimas consecuencias.
Y los bebés por supuesto, parecían estar disfrutando mucho más de la situación que cualquiera de los adultos presentes.
Durante unos segundos nadie habló.
Harry observó las fotografías esparcidas sobre la encimera y luego observó a Alice, después a su hijo. Y finalmente volvió a mirar las fotografías.
—Dime que no es lo que parece. Vamos — el silencio fue respuesta suficiente. Cerró los ojos apenas un instante. Merlín, a veces era agotador ser padre. Cuando habló de nuevo, su voz no fue dura, sino profundamente cansada—. Albus... Por favor dime que no llevas meses vigilando a la pareja de tu hija.
Porque formulado de esa manera sonaba exactamente tan absurdo como era. Los ojos de Harry descendieron hacia una de las fotografías. Reconoció a su nieta en todas, inmediatamente.
Levantó una ceja, luego otra. Y finalmente volvió a mirar a Albus.
—¿Es en serio? — Harry tomó una de las fotografías entre los dedos, dejándolas sobre la mesa como si fueran las cartas de una baraja—. Estas son las botas de Alice.
Otra fotografía sobre la encimera.
—Y esa sudadera es justo la que está sobre aquella silla.
Otra más.
—Y esta ni siquiera está enfocada.
La dejó caer nuevamente sobre la encimera con las demás. Harry no necesitaba defender a Elijah, ni siquiera pensó en hablar de él. Estaba demasiado ocupado horrorizado por las acciones de Albus.
—¿Cuánto tiempo llevas haciendo esto, eh?— su voz era tranquila, quizá demasiado tranquila. Porque Harry ya conocía la respuesta, no necesitaba escucharla y eso era precisamente lo que lo decepcionaba.— No te bastó con invadir la privacidad de un muchacho que no te ha hecho absolutamente nada.
Ahora su mirada se desplazó hacia Alice. Y allí sí apareció algo más cálido. No podía evitar sentirse con el deseo de hacer cualquier cosa por ella, como su abuelo que era pero no tenía permitido ser al mismo tiempo. —Ni siquiera reconociste a tu propia hija.
Y ahí está el golpe verdadero. No fue necesario decir en voz alta que era un mal auror o que estaba completamente equivocado. La realidad era infinitamente peor. Ni siquiera era capaz de reconocer a Alice. No podía siquiera aspirar a llamarse su padre jamás.
@lizzie-longbottom
















