(...) Sin tu voz, sin tus ojos, ni la sombra de tu cabello de oro en la frente, ni el rostro como una rosa pálida, mi vida seria un gran vado que sonara al recordar. Mas tu orgullo me hacía un gran regalo: el universo era mi tesoro otra vez. La acacia verde en la fuente traslúcida, la nube color miel y el azur fresco tal agua de espíritu tranquilo, el fino astro y la ancha mar y la música clara de los pinos y aquel viñedo púrpura... Todo tornaba a mí en aquel setiembre dorado y moribundo. Bello acuerdo en el mundo, las cosas: armonía de amor y claridad. ¡Oh diosa altiva!
"Tu orgullo" / Marià Manent










