Me siento como Cenicienta… aunque sin la parte en la que me encargo de las tareas domésticas, jaja.
Para mi padre soy una interesada, nunca una prioridad. Siempre pone a otros por encima de mí y parece importarle muy poco si estoy bien o mal. No lo dice con palabras, pero sus acciones hablan por él. Solo soy su hija cuando necesita lucirse ante otros y exhibirme como un trofeo; fuera de eso, nunca se preocupó realmente por mí.
Su inestabilidad, su irresponsabilidad y sus mentiras me hicieron sentir que no puedo confiar en él y que nunca podré sentirme verdaderamente cómoda a su lado.
Para mi mamá soy una tonta que nunca hace nada bien ni sirve para nada. Siempre quiso tener hijos que hicieran todo exactamente como ella decía y jamás toleraría el más mínimo error. Se deja llevar fácilmente por la ira y, cuando eso ocurre, deja de parecer mi madre. Se transforma en una persona desagradable y desconocida que parece detestarme y entristecerse con mi presencia.
Con ella regresan los fantasmas de aquellas personas que en el pasado me humillaron.
Entonces, ¿cómo podría sentirme bien, en confianza y feliz con ella, si por momentos parece una persona buena y al instante siguiente se vuelve alguien completamente distinta? ¿Cómo confiar si un día me juzga con dureza y al otro actúa como si nada hubiera pasado?
¿Cómo demostrar afecto cuando, con sus acciones, me enseñó a desarrollar un instinto de supervivencia frente a ella? Es casi imposible.
Escuchar los reproches de ambos a veces se siente como un mal chiste.
Mis hermanos viven sus propias vidas y mi existencia les resulta indiferente. Pareciera que solo se aman a sí mismos.
Y mis padres, tan llenos de sí mismos, no parecen capaces de percibir el daño que le hacen a mi corazón. Incluso cuando intento hablar con ellos con calma, buscando comprensión y entendimiento, no logran ver más allá de su propia perspectiva. Se aferran a su versión de la verdad, a esa falsa creencia de tener siempre la razón en todo, sin admitir una sola contradicción o señalamiento.
No vivo con mi papá, pero su sombra todavía me persigue. Constantemente me reprocha cosas, como si reclamara un amor que él mismo nunca supo darme. Ahora quiere llevarme con él, lejos del único entorno que me ha brindado cierta seguridad durante 26 años, sin ofrecer ninguna garantía de que algo bueno pueda salir de eso.
A veces me pregunto qué pasa por su cabeza.
¿De verdad nunca le importé ni un poco?
Siento que solo busca obtener algún beneficio a través de mí, y eso me duele profundamente.
Con mi mamá tampoco es fácil. Ahora que me siento tan dependiente, sin fuerzas, casi como un zombie, vivir con ella se ha vuelto más difícil. Desde que falleció mi abuela, el sentimiento de soledad y vulnerabilidad dentro de mí se volvió más fuerte.
La ansiedad me consume lentamente, y ella no parece notarlo… ni siquiera cuando intento decírselo. Hemos llegado a un punto en el que ya no tolero el caos del lugar donde vivo.
Entonces siento que no pertenezco a ningún lugar.
Ningún sitio se siente realmente como mi hogar.
Y es que sí, todavía siento que mi madre me brinda cierta seguridad cuando llegan las crisis y todo en mí tiembla descontroladamente, porque ha sido la única persona que ha estado cerca de mí durante toda mi vida.
Y entonces me siento atrapada.
Me gustaría ser capaz de superar por mí misma todas las crisis, sin necesitar la compañía de nadie… o al menos no depender de alguien que parece no ser sincera conmigo. Alguien que dice amarme y necesitarme, pero que en el fondo me hace sentir como un cero a la izquierda: una inútil, una loca.
La amo y no le guardo rencor. Nunca he odiado a nadie, pero me siento por completo asfixiada de tanta oscuridad a mi alrededor.
Quiero tener mi propio hogar.
Quiero encontrar a alguien que realmente sepa sostenerme. Alguien generoso, tierno y comprensivo. Alguien que busque el amor antes que la discordia; que prefiera consolar antes que herir; que valore la empatía y la resolución de conflictos antes que el orgullo y las ofensas.
Alguien leal, protector y sincero.
Pero hay algo dentro de mí que me susurra que tal vez nunca llegará. Que quizá, al menos aquí en el plano terrenal, no podré experimentar eso de ser “una sola carne hasta la muerte”.
¿Quién querría construir un hogar con una persona complicada como yo?
A veces siento que nadie.
Cada una de las personas que han estado —y están— en mi vida me han hecho creer que simplemente no soy alguien digno de elegir para compartir una vida entera.