«La primera virtud de un rey es la obediencia. Ella, como sabidora de lo que vale la templanza y moderación, dispone con suavidad el mandaren el sumo poder. No es la obediencia mortificación de los monarcas; que noblemente reconocen las grandes almas vasallaje á la razón, á la piedad y á las leyes. Quien á estas obedece, bien manda; y quien manda sin haberlas obedecido, ántes martiriza que gobierna.»
Francisco de Quevedo: «Política de Dios y gobierno de Cristo», en Obras de Don Franscisco de Quevedo y Villegas, tomo primero. M. Rivadeneyra Editor, pág. 75. Madrid, 1852.
TGO
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