“Tras nuestro encuentro con Sócrates-san— Tras eso no recuerdo hacia donde ni durante cuánto tiempo estuvimos caminando.
No podremos escapar de este jardín en miniatura a menos que alguien decida sacrificarse.
Aquella abrumadora realidad volvió nuestras pisadas cada vez más pesadas y nos drenó la energía a tal punto que éramos incapaces de encontrar palabras para expresar nuestro sentir actual.
¿Qué deberíamos hacer ahora?
¿Cómo puede aquel orbe que se hace llamar Sócrates ser tan despiadado…?
¿En qué le beneficia nuestro sufrimiento?
Preguntas sin respuesta se presentaban una tras otra en mi cabeza.”
Lugar: Bosque
Yui: (Estoy desilusionada… Pensé que finalmente habíamos encontrado cómo regresar a casa, pero es con un método tan cruel.)
Subaru: Oye.
Yui: ¿Hm? ¿Qué sucede?
Subaru: ¿Qué quieres hacer cuando regresemos?
Yui: ¿Eh? ¿Por qué preguntas?
Subaru: Es que de nada sirve deprimirnos. Por eso…
Yui: (Ya veo, como me nota decaída intenta animarme a su manera.)
Yui: Fufufu.
Subaru: ¡¿De qué te ríes?! Que estoy pensando en ti…
Yui: Lo sé. ¡Perdón por reírme!
Yui: No me reía de ti, es que me hace feliz que, eso es todo, fufu.
Subaru: Pues al final sí que te burlas de mí. Y yo que lo decía en serio.
Subaru: Pero bueno, da igual. Mientras sonrías, no importa.
Yui: Subaru-kun…
Subaru: …
Yui: (¿? Se detuvo de repente, ¿qué pasó?)
Yui: ¿Subaru-kun…?
Subaru: …Están aquí.
Yui: ¿…Eh?
Yui: (¿”Están aquí”? No me digas…)
Carla: …Conque aquí estaban. Traidores.
Yui: Carla-san…
Azusa: Sería mejor que no opusieran resistencia…
Kou: Tiene razón, si se descontrolan podrían salir heridos.
Laito: Aunque seamos hermanos no podemos contenernos, no en esta situación. Lo entienden, ¿no?
Yui: (¡¿Los Violet nos acorralaron?! ¡¿Y ahora qué?! ¡Así no podremos escapar!)
Subaru: Je, se tardaron bastante. ¿Acaso los asusto tanto que no podían parar de temblar?
Carla: No te sobreestimes. Simplemente observamos qué pretendías hacer.
Subaru: ¿Entonces nos dejaste escapar?
Carla: Y gracias a eso pude ver algo interesante. Al parecer no te resultó intentar aliarte con los Scarlet.
Subaru: ¡…!
Carla: Sí, lo vi, pero aún me falta información.
Carla: Desconozco qué hiciste con Eva o qué conversaste con ella.
Carla: Me tomaré mi tiempo para preguntarte todos los detalles.
Subaru: Que tipo más desagradable eres. ¿Y para qué quieres saber eso? ¿Es tu pasatiempo?
Carla: Obviamente lo hago para conseguir pistas para convertirme en el rey supremo. No debo dejar pasar ni el más mínimo cambio.
Carla: Sabes que no tienes escapatoria. Dicho esto, entrégame a Eva.
Subaru: …Tsk.
Yui: (¿Qué hago.? A este paso…)
Abrámonos paso a la fuerza♟
Obedezcamos♙
Abrámonos paso a la fuerza:
Yui: Subaru-kun, no quiero que nos atrapan, así intentemos escapar.
Subaru: No digas tonterías. Aunque lo intentemos nos atraparán en un instante.
Subaru: Carla te hará lo que se le antoje y a mí me asesinarán en castigo por desobedecerlo.
Yui: Tienes razón…
Obedezcamos:
Yui: Subaru-kun, creo que lo mejor sería obedecerlo.
Yui: Incluso sin nos atrapan, solo tenemos que esperar la oportunidad para volver a escapar.
Subaru: …Hablamos de Carla.
Subaru: Tan pronto te atrape es probable que te encierre eternamente en el subterráneo para que no vuelvas a huir.
Subaru: …Pero si consigo negociar con él es probable que consiga salvarte.
Yui: ¿Eh? ¿Qué clase de negociación?
Fin de las opciones
Subaru: No te preocupes de nada. Yo me encargo.
Yui: ¿Subaru-kun…? ¿Qué pretendes?
Subaru: No te resistas, sin importar qué suceda. No me importa cómo, me aseguraré de protegerte.
Yui: E-espera. ¡No te precipites!
Yui: (¡¿Acaso va a entregarse…?!)
Subaru: Oye Carla. Tal y como deseas, me entregaré en paz.
Carla: Hmph. Para ser una rata acorralada suenas bastante prepotente.
Subaru: Pero quiero algo a cambio. Ella… Quiero que trates a Eva con cuidado.
Subaru: No quiero que la encierres en el calabozo subterráneo como la última vez.
Subaru: Asegúrate de mantenerla en una habitación y servirle comida.
Subaru: Y también dale cierto grado de libertad. Quiero que le des la felicidad que una humana como ella merece.
Yui: (¡Todo lo hace por mi bien…!)
Subaru: Si cumples con todo eso me entregaré. Puedes hacer lo que se te antoje conmigo.
Subaru: Incluso puedes torturarme hasta la muerte, aceptaré cualquier castigo que me quieras dar por haberte traicionado.
Carla: …
Subaru: ¿Y? ¿Qué dices?
Carla: He comprendido el nivel de tu determinación. La respetaré y trataré a Eva con el cuidado que me pides.
Subaru: Ya veo.
Yui: ¡Pero entonces tú vas a…!
Subaru: Yo no importo. Mientras pueda protegerte me da igual cuál sea el método.
Carla: Pareces estar malentendiendo algo, no pretendo matar a Subaru.
Yui: ¿Eh?
Subaru: ¿Ah?
Carla: Recuerdo haber dicho que me ibas a contar todos los detalles.
Carla: Si te mato no puedo sacarte información, ¿verdad?
Carla: Por eso, si te entregabas en paz planeaba tratarte bien en honor a ello.
Subaru: ¿Q-qué demonios…? Entonces mi negociación fue inútil.
Carla: No, sí sirvió de algo. Pude ver la determinación de mi hermanito.
Carla: Que bueno que no era una situación que ameritara asesinarte. Casi pierdo a un buen hombre.
Subaru: Carla…
Yui: (Carla-san se ve feliz. Aunque a veces parezca alguien frío, en realidad se preocupa mucho por sus hermanos.)
Yui: (Y parece que Subaru-kun ha comprendido los sentimientos de Carla-san. Puede que sean un dúo inesperadamente compatible.)
Carla: Suficiente charla. Azusa, Kou, Laito, restrinjan a Subaru y Eva para llevarlos a la mansión.
Azusa: …Entendido.
Laito: Sí.
Kou: ¿Están listos? Voy a atarlos.
Yui: Oye Subaru-kun. Gracias por lo de antes, por arriesgar tu vida para protegerme.
Subaru: ¿Hm? Sí…
Yui: (Parece perdido en sus pensamientos. ¿Acaso hay otra cosa que le preocupe?)
Lugar: Calabozo
Carla: Necesitaré que te quedes aquí por un tiempo.
Subaru: …Tsk.
Subaru: Así que al final igual me vas a tratar de esta forma. ¿No que te había conmovido?
Carla: Eso no tiene nada que ver con esto.
Carla: Nos traicionaste e intentaste adueñarte de Eva, eso es un hecho.
Carla: Tienes prohibido ver a Eva.
Subaru: Je, no me esperaba menos del gran fundador. No tienes piedad.
Carla: Bueno, hay mil cosas que deseo preguntarte.
Carla: ¿Averiguaste el secreto entre Eva y el rey supremo?
Subaru: …
Carla: ¿Guardarás silencio? Bueno, no importa, me tomaré mi tiempo para sacarte toda la información.
Carla: Kou, Laito. Volveré más tarde para interrogar nuevamente a Subaru. Hasta entonces vigílenlo.
Laito: Que fastidio. ¿Cuándo acabará esto?
Kou: Hasta que Subaru confiese todo sobre Eva, cuando eso suceda nuestro trabajo disminuirá un poco.
Laito: Tienes razón. Dicho esto Subaru-kun, apiádate de nosotros y di todo lo que sabes.
Subaru: Ustedes son un verdadero fastidio.
Subaru: …Díganme, ¿qué fue de ella?
Laito: ¿Ella…? Ah, ¿hablas de Eva?
Kou: Tranquilo, Azusa-kun se encarga de vigilarla, no hay de qué preocuparse.
Subaru: …
Subaru: (Es mil veces mejor que la vigile Azusa que cualquiera de estos dos.)
Subaru: (Azusa no parece ser alguien que vaya a atacarla u obligarla a hacer algo.)
Subaru: (Juro que te salvaré. Aunque me cueste la vida…)
Lugar: Mansión Violet, habitación disponible.
Azusa: Eva, puedes volver a usar esta habitación…
Yui: Entendido. Gracias por guiarme hasta aquí.
Azusa: De nada… Pídeme lo que sea, ¿sí…?
Yui: ¿Puedo pedir lo que sea? Entonces, ¿me dirías en dónde está Subaru-kun?
Yui: (Tan pronto como llegamos a la mansión me separaron de él.)
Yui: (Incluso si no podemos vernos, al menos me gustaría saber en dónde está.)
Azusa: Imagino que Subaru fue encerrado en el subterráneo… En donde te dejamos la primera vez que llegaste.
Yui: Entiendo.
Yui: (Subaru-kun… Solo espero que no la esté pasando mal.)
Yui: (Él también acabó conmocionado por las palabras de Sócrates-san. De seguro debe de tener su mente hecha un desastre.)
Yui: (Y aun así, no puedo ni siquiera acompañarlo…)
Yui: …Aah.
Azusa: ¿Qué sucede, Eva…?
Yui: ¡Ah, lo siento! No debería suspirar así.
Yui: Es solo que me preocupa Subaru-kun…
Azusa: ¿Subaru…?
Yui: Está herido de gravedad y ni siquiera ha tenido tiempo de relajarse.
Yui: Y solo imaginar que debe vivir esa situación solo me hizo sentir miserable.
Yui: Él me preocupa mucho…
Azusa: Ya veo…
Yui: (Carla-san y los demás me dijeron que me comportara… Pero quiero verlo.)
Yui: (¿Podría pedírselo a Azusa-kun…?)
Yui: Escucha Azusa-kun, tengo un favor que pedirte. ¿Podrías dejarme ver a Subaru-kun?
Yui: Quiero ver su rostro. Saber qué está haciendo ahora…
Azusa: …
Yui: Sé que te estoy pidiendo demasiado. Pero yo—
Azusa: Está bien…
Yui: ¡¿Eh?!
Azusa: Quieres verlo, ¿no…? Entonces está bien… te dejaré verlo.
Yui: ¿De verdad…?
Azusa: Sí, pero nadie debe descubrirnos… o se enojarán conmigo.
Azusa: Ven, por aquí…
Monólogo:
“Miré perpleja a Azsua-kun mientras él abría silenciosamente la puerta de mi habitación.
¿Azusa-kun habla en serio? ¿Puedo confiar en él?
Recordé lo que pasó en la mansión Scarlet.
Y también la fiesta de bienvenida de los Violet.
Siempre que alguien ha sido amable conmigo lo ha hecho con segundas intenciones. Aquellas traiciones atravesaban mi corazón como espinas.
¿Qué haré si vuelven a traicionarme? Aquella incertidumbre hacía que mis piernas se sintieran pesadas.
Sin embargo, si me quedo quieta nada cambiará.
…Por el bien de Subaru-kun reuniré todo mi coraje.
Y así fue como di un paso hacia adelante.”
[Capítulo 13]
[Masterpost]
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En cuanto salgo de la última casa, el aroma del humo aplasta la ciudad.
Una nube negra se desprende desde los campos aledaños, a la falda del volcán.
Posiblemente una quema de hierba y/o cultivos que se les fue de las manos, aunque normalmente eso no requeriría tantos camiones de bomberos.
Brisa se muestra inquieta. Salta de mi hombro, se le eriza el lomo, luego ronronea mientras se frota entre mis piernas, para posteriormente comenzar a afilar sus uñas en mi pantalón…
—Brisa, detente. Vas a estropear el único pantalón que tengo. —Le reprendo subiendo la voz ligeramente más de lo normal.
Como alma de gato que es, la obediencia no es su fuerte, pero entiende cuando ha hecho algo que me enoja.
Bueno, no la culpo. Tiene una especie de relación de amor-odio con el humo y el fuego.
Ahora camina hacia el humo… bien, habrá detectado trabajo. O simplemente está curiosa.
Cuando llegamos a la zona rural, el humo y el calor son tan espesos que se pegan a la piel e inundan los pulmones.
Una pareja de mediana edad está parada frente al campo de choclo que arde ante nosotros. Observando cómo las llamas consumen su trabajo.
Se miran asustados, intentando comunicarse con los bomberos que cierran el perímetro para evitar que el fuego se extienda.
—¡Pero apaguen el fuego! ¿No ven que nuestros cultivos se están perdiendo? ¡Germán, diles algo! —implora rabiosamente la señora.
El hombre está quieto, observando con la mirada perdida en los dos cuerpos que trae un grupo de salvamento desde el interior del campo.
Sus cuerpos.
—No estás alucinando, es real —le digo al que responde por Germán— Me imagino que fue repentino… —comento con calma invitando a la señora para que se acerque también.
Los fallecimientos bruscos suelen ser más complejos para entenderse. Por lo mismo, la última mirada es necesaria.
Luego de algunos gritos, llanto y más gritos, ambos se han calmado lo suficiente como para comenzar a mirarme.
—Fue culpa del ave de fuego —dice de pronto la mujer, que ahora sé que responde a Carmen.
Eso me hizo cortar la respiración.
—¿Qué fue lo que vieron? —pregunto con una intensidad que no sentía hace mucho.
🔗Link a parte 13:
💬 0 🔁 0 ❤️ 0 · 🔥 Donde el fuego y el frío se tocan.
Parte 13: Danza de las llamas
Nota: Este capítulo puede resultar emocionalmente
Em algum lugar de Oxfordshire existe uma sala com duas portas. Uma se abre para uma biblioteca, a outra é uma Saída. Como uma porção de outras Saídas na biblioteca, de vez em quando o “i” se apaga sozinho. Nessas horas, se lê apenas “Sa-da”. Eventualmente a letra volta a acender.
Uma mesa de carvalho na sala está atolada de livros desde ontem. Não que ela não seja usualmente cheia de livros. Mas esses são livros diferentes. Junto a eles, há uma crescente pilha de papéis avulsos, arrumados à mão e numerados. Neles foram rabiscadas letras, palavras, frases, parágrafos e poemas.
Nenhum em linguagem humana.
*
Um certo glaciar noventa graus ao norte se mantinha firme no mesmo lugar por milhares de anos. Ele estava seguro, tanto quanto uma geleira pode se sentir segura, de que não se desprenderia dali só porque o petróleo estava em alta por aqueles dias. Mas ao lado dele, outros glaciares cediam. Mesmo com a pesada nevasca tomando conta da paisagem, o estalar e o lamento de coisas milenares quebradas não poderia ser ignorado.
Ao contrário da reflexiva e velha montanha de gelo, a jovem tempestade sobre o ártico estava empenhada, tanto quanto uma tempestade pode se empenhar, em elevar os vales de encontro às montanhas.
Michael não tinha o costume de analisar seus próprios estados de espírito, mas ele tinha vindo para observar o gelo ancião e a neve jovem pintarem o mundo de branco. Era algo reconfortante de algum modo. O frio nunca o incomodara. Quando se é guardião de alguma coisa, é geralmente bom tomar distância dela para seu próprio bem.
A tempestade passou eventualmente, deixando uma camada de branco perfeito por todo o lugar. Alguns flocos macios continuaram a cair, e Michael aconchegou-se em um monte de neve e tentou dormir.
Três anos atrás, quando dormia mais profundamente, o Príncipe dos Céus muitas vezes sonhara com a Queda, com a exatidão do raio em sua espada. Apesar de seu horror, ainda não havia nada tão transcendental quanto a liberação da incerteza, quando tudo o que era incerto cai no vazio. Algumas pessoas farão qualquer coisa pela certeza. É uma sensação tão fácil de confundir com a paz. Mas, ultimamente, os sonhos de Michael estavam longe de ambas as coisas. A batalha ainda se desenrolava, mas os papéis haviam se invertido. Era Lúcifer em chamas numa fúria justa. Era Lúcifer quem pegava o raio em uma lâmina de prata justa. E era Lúcifer, Filho da Manhã, que usava a coroa de sete estrelas da Virtude e quebrava as pedras douradas do pavimento para ver seu irmão cair.
No silêncio, Michael acordou assustado e sacou sua espada do éter. Suas asas se arquearam em defesa e, em seguida, contraíram novamente. Ele largou a espada e caiu de joelhos. Felizmente, não estava cercado por demônios nem mesmo anjos. Tinha sido apenas um sonho.
Sempre era apenas um sonho. Mas sempre o mesmo sonho. Isso tinha que significar alguma coisa.
Michael não orou. Se pedisse ajuda, dizia a si mesmo, era porque estava falhando. Os anjos deveriam ser perfeitos.
Afundando de volta na neve, Michael mandou sua espada para longe e enterrou o rosto nas mãos, tentando afastar a dor em suas asas que dizia que ele precisava de mais descanso para se curar. O sono estava claramente encerrado por aquele dia.
Os humanos não falam apenas sobre esfolar gatos. Eles tinham muitos ditados inteligentes. Melhor prevenir do que remediar, por exemplo. Um pássaro na mão. E aquele sobre a futilidade de perseguir dois coelhos...
Eles também sabiam o que os tempos desesperados exigiam.
Os humanos gostam de dizer que não existem dois flocos de neve iguais. Eles dizem isso como se alguém tivesse sentado e os catalogado. Os anjos não encontraram nenhuma evidência conclusiva desses catalogadores. Mas às vezes os humanos entendem o Céu por acidente. Quando dois flocos de neve com dimensões iguais e fractais correspondentes deslizaram pelo campo de visão de Michael, ele sorriu com menos cinismo, porque era uma piada.
"Você deveria estar descansando, Gabriel."
Gabriel cruzou o monte de neve descalço. "Raphael disse que se eu dormisse mais, ele me denunciaria por Preguiça."
"Você é culpado disso?"
"Não, mas estou como novo." Ele rolou o ombro para provar.
"Isso é bom."
Gabriel se sentou. “Na verdade, pensei que íamos nos encontrar hoje.”
“Devo ter perdido a noção do tempo.” Michael sentiu seu rosto ficar vermelho. Ele começou a se levantar, mas Gabriel tocou seu braço e sorriu.
“Ainda temos um pouco de tempo.”
“Perdi o treino matinal. Como foi?"
"Bem. Eles estarão prontos para o teste em alguns dias.”
Michael olhou para as estrelas, suspirou e sentou-se novamente. Perguntou: "Como sabia onde me encontrar?"
"Bem, nós três pensamos em onde tiraríamos uma soneca se não fosse no ninho, e eu tive um palpite de que seria um dos dois lugares. Aqui embaixo."
Michael fez uma careta. Gabriel nem sempre era o ponteiro mais rápido do relógio, mas ninguém conseguia superá-lo em estratégia.
"Falando em Raphael," Gabriel acrescentou, "Uriel disse que vocês dois tiveram uma briga?"
"Ele está sendo difícil."
“Não comparado a alguns.”
Eles observaram a neve por um momento, os flocos caindo sobre suas asas. Por fim, Gabriel bateu com o dedo no joelho. "Você está preocupado."
"Um pouco."
"Você está pensando nele?"
"Não."
Gabriel bateu no dedo de novo. Então Michael suspirou de forma áspera.
"Bem, agora estou", disse ele, depois insistiu: "Ele não me incomoda."
"Mas algo sim." Gabriel cruzou as mãos em torno dos joelhos. “Não é de hoje. Algo está incomodando você há algum tempo."
“Eu sou o Príncipe do Céu. É meu trabalho ser incomodado. "
“Mas você não está dormindo. Nada bem."
"Vou descansar quando acabar."
"É só que…"
Por um momento, Michael imaginou que Gabriel parecia nervoso, mas isso nunca aconteceu.
"É que, eu sei que não sou tão forte quanto você, Michael. Mas sejam quais forem as batalhas que travamos, quaisquer que sejam os inimigos que enfrentamos... sempre fomos mais fortes juntos. "
"Eu sei."
"Você sabe que eu faria qualquer coisa, menos cair por você."
Em algum lugar ao sul (todo lugar era ao sul), perto o suficiente para soar como um trovão, uma geleira menos pesada rachou e desabou no mar. Michael fechou os olhos até que o estrondo passou.
"Obrigado", disse. "Mas não é nada, realmente."
Gabriel forçou um sorriso. Eles observaram a paisagem um pouco mais, então ele disse: "Você sabe, vou sentir falta da neve."
“É quase tão bom quanto água,” Michael concordou.
"É melhor", insistiu Gabriel, e pegou um punhado do material recém caído.
"Na verdade, não", disse Michael.
"Não?" Gabriel começou a tirar pedaços do material espesso na palma da mão e colocá-los na boca como batatas fritas. “É como água que você pode mastigar. Ainda está tão limpa neste extremo norte. É revigorante. Os humanos fazem todo tipo de coisa com ela. Algumas são absolutamente ridículas. ” Ele deu outra mordida, esperou até que Michael não pudesse deixar de sorrir, então caiu de costas.
"O que você está fazendo?" perguntou Michael.
Gabriel sorriu. "Anjo de neve."
"Anjo de neve?"
“Os humanos chamam assim. Eles batem os braços para fazer asas — isto é, as crianças — assim. ”
Michael pigarreou e tentou parecer sério. "E quando você descobriu isso?"
“Eu os vi há alguns anos.”
Gabriel puxou a manga de Michael e o outro anjo retrocedeu obedientemente, mas não sem dizer: "Isso é ridículo. Por que estamos fazendo isso? ”
“Porque ridículo também significa divertido. Você não vai perder isso, vai?" Gabriel riu.
"Eu já estou fora."
"Não no meu turno. Eu conheço todos os jogos.”
Michael olhou para o céu coberto de neve. A frieza do solo infiltrando-se em suas asas o surpreendeu. Parecia uma cura. Restavam tão poucos lugares verdadeiramente limpos no mundo. Verdadeiramente santos. Ele fechou os olhos.
"Você sentirá falta das crianças?" perguntou.
"Sim." Gabriel estendeu o braço e pegou sua mão e Michael deixou. “Elas vão ficar bem, não vão, onde quer que elas vão?”
"Claro."
"Quer dizer, eu odiaria se elas ficassem com medo."
“Isso sempre irá acontecer.” Michael estremeceu, mas de repente estava pensando em febre e em uma cama muito pequena. “Não há nada que possamos fazer sobre isso.”
"Desculpe", disse Gabriel, lendo algo no rosto do amigo. "Eu posso parar de falar."
Michael segurou a mão de Gabriel com mais força e acenou com a cabeça.
Eu gostaria que pudéssemos dormir aqui, ele pensou. A neve continuaria caindo. Podemos ser enterrados no frio.
Mas e se ele sonhasse de novo?
Michael se sentou respirando fundo e empurrou o sono para as sombras — exatamente quando uma faixa vermelha de luz tremulou no céu.
"Michael, você está bem?" disse Gabriel.
"Uriel está aqui", disse Michael, levantando-se rapidamente. A faixa de penas cintilantes da aurora desceu e Uriel apareceu, leve como o vento na neve. Sandalphon pousou em seguida em um raio. Ele carregava sua pasta e parecia muito satisfeito consigo mesmo.
“Parece que você o encontrou,” disse Sandalphon, feliz. "Sabíamos que você poderia."
“Quase uma hora antes da reunião,” disse Gabriel. Ele olhou para Sandalphon com a mesma temperatura de uma geleira. Seu amigo encolheu os ombros se desculpando.
“Há um ditado sobre pássaros madrugadores”, disse Michael, arrumando o cabelo. “E nós temos um verme para pegar.”
*
Alguns livros voltam para a estante de estudos. Alguns outros são retirados. As pilhas na escrivaninha mudaram com o passar das horas, mas ainda são pilhas, uma pequena cidade de arranha-céus de livros.
O “Í” no sinal de saída pisca novamente e a porta abre e fecha. O habitante do escritório está de partida novamente: um vento seco bate em seu chapéu e casaco quando ele sai. A areia, branca e estranhamente quente para esta época do ano em Oxfordshire, penetra no tapete por um vento forte.
A porta se fecha e a sala fica em silêncio.
*
Era domingo de manhã. O gramofone tocava a sinfonia nº 101 de Haydn em ré maior quando Aziraphale entrou na livraria pela sala dos fundos. Ele arquivou alguns romances que havia levado para cima na noite anterior em seguida e caminhou até a porta. Deslizou um dedo entre a janela e a persiana e espiou pela fresta, para verificar a rua.
Puxou o dedo quase imediatamente. A sombra voltou ao lugar.
Aziraphale ajustou a gravata e engoliu em seco uma vez. Então ele girou nos calcanhares e caminhou para a sala dos fundos da loja. Encontrou Crowley dando o último passo com um salto. Eles se deram os braços, olhos arregalados. Crowley não parou para colocar seus óculos de sol.
"Anjo, pela janela, acabei de ver—"
"Crowley, é—"
Ambos pigarrearam e então Aziraphale respirou fundo.
"Ele deve ter acabado de chegar."
"Quem chegou?" Houve passos mais leves e o som da plaquinha de identificação numa coleira de cachorro. Então Adam surgiu.
“Uma pergunta muito boa”, disse Aziraphale.
“Está tudo bem, Adam, eu tenho um plano,” disse Crowley.
“Nós temos um plano”, corrigiu Aziraphale.
“Existe um plano,” Crowley emendou, e sorriu.
*
O ocupante da biblioteca retornou. Tábuas ásperas de argila, tão velhas que parecem pedras, estão alinhadas ao longo do comprimento de um livro. É um livro de fotos. As fotos parecem versões quebradas dos tablets, o que é estranho, porque geralmente a arqueologia funciona ao contrário.
Ele pendura o chapéu e o casaco. Pega sua caneta e faz outra anotação.
*
Do outro lado da rua de uma livraria no Soho, estava o Arcanjo Michael, o único que não estava correndo para algum lugar além de onde ele estava. Se ele estivesse com um rosto diferente, Aziraphale ainda o teria conhecido. Havia aquela postura militar, é claro. E havia aquele sorriso, duro como aço, apesar de suas curvas rosas suaves.
Michael olhava para o Bentley com desconfiança. E o Bentley estava, tanto quanto um automóvel restaurado sobrenaturalmente poderia, retribuindo o olhar.
"Ele está sozinho?" Crowley sussurrou por cima do ombro de Aziraphale
"Aparentemente sim, meu querido." Aziraphale estava mais uma vez na porta, sua sombra a apenas um fio de cabelo do lado dele.
"Ele sabe sobre a porta dos fundos?"
"Nunca me preocupei em mencionar."
"Temos uma porta dos fundos?" perguntou Adam.
“Nunca nos importamos em mencionar,” admitiu Crowley.
“Para emergências”, disse Aziraphale. "Ela dá para a rua da, oh ..." Ele parou porque, no fundo de sua mente havia feito uma aritmética apressada sobre a idade de Adam em relação à loja ao lado. Terminou rapidamente dizendo, "um vizinho".
“Então os arcanjos certamente não saberão sobre isso,” Crowley concluiu, sorrindo com inocência. Crowley também era bom em matemática.
O demônio tirou a chave reserva do gancho. "Adam?"
"Não posso ver vocês brigando?" Adam perguntou a Aziraphale.
“Não é tão interessante quanto parece”, disse Aziraphale, reprimindo com força o alarme que esta questão suscitou. "Crowley, você não vai esquecer—"
"Claro que não, anjo." Crowley beijou a mão de Aziraphale e pegou a mochila atrás da caixa-registradora. “O número está no arquivo de contatos. Assuste-o como o diabo, anjo. Ele bem que tá merecendo. ”
"Com prazer." Aziraphale tirou a jaqueta do cabide e vestiu-a. Ele ajeitou as lapelas e espanou as mangas. Depois de dar as costas para Adam e Crowley, pôs de lado seu sorriso agradável.
Acontece que Michael não tinha vindo sozinho.
Aziraphale saiu e trancou a livraria de costas para ele. Só para diminuir a velocidade, olhou para os dois lados antes de atravessar a rua e, quando a pista estava limpa, caminhou vagarosamente até a calçada oposta. Quando ele pisou no meio-fio, Michael deu um passo para trás.
“Bom dia, sua graça.” disse Aziraphale.
"É isso, Aziraphale?"
“Como os jovens dizem hoje em dia, cadê a sua galera?”
“Vim conversar.”
“Certamente uma conversa é melhor entre amigos. Quanto mais melhor."
"Somos apenas nós dois aqui, Aziraphale, e mal somos associados."
"Bem, então eu conheço um bom café onde podemos tomar um chá para conversarmos."
“Isso não será necessário.”
"Você está no Soho, Lorde Michael. É assim que as coisas são feitas aqui.”
Aziraphale saiu andando sem olhar para trás.
*
A sala em Oxfordshire está escura. Um projetor de slides está conectado agora. Um modelo mais antigo, com roda e slides de plástico. Seu obturador é uma coisa desagradável.
Clique-clac.
As projeções estão todas envelhecidas em tons de sépia. Este é uma colina na Mesopotâmia.
Clique-clac.
Isso, uma ruína em Alexandria.
Clique-clac.
E aqui está Paniel Falls na Síria, antes da guerra.
Nas sombras nebulosas que ocupam o resto da sala, o habitante olha entre a tela, a pedra e o livro. Ele alterna uma mão entre o botão do projetor e a caneta-tinteiro.
Clique-clac.
Aqui está um círculo em um quadrado.
Outra observação é feita.
Ele não fala, nem suspira, nem geme. Ao contrário do projetor, ele não faz muito barulho. De vez em quando, ele traça uma forma na palma da mão com um dedo, da mesma maneira que um pianista lembra uma música ao tocá-la.
*
Crowley trancou a porta dos fundos, fechou todas as cortinas e subiu com Adam até o telhado. Lá eles poderiam ter uma boa visão da rua.
"Não foi Michael quem derrubou Lúcifer?" Adam perguntou.
Crowley se inclinou sobre um muro baixo para ver as ruelas. Adam fez o mesmo. Em seguida, eles verificaram a avenida.
“Não foi tão fácil assim”, disse ele.
"O que aconteceu?"
“Michael desembainhou sua espada. E então, Lúcifer. E então, o Céu ... Crowley acenou com as mãos de forma explosiva. "Bem, tudo se partiu como um ovo."
"Então, é culpa do Michael você ter caído?"
Crowley encolheu os ombros com uma contração. “Não vejo dessa forma. Naqueles dias, os arcanjos ficavam atrás do Véu. Tempo de sobra para obter conselhos sobre conflitos administrativos, nenhuma razão para questionar ordens... ” Ele se agachou sobre os calcanhares e observou Aziraphale descer a rua, seguido por um perturbado Michael. “Agora veremos.”
"Veremos o quê?" perguntou Adam.
“Qual é a dessa distração.”
*
O café não ficava longe. Na verdade, era uma loja de onde, pouco antes do Armaggeddon, um Aziraphale mais nervoso tinha sido encurralado por três arcanjos e posteriormente socado com força no estômago por ser, nas palavras deles, "um anjo caído". Aziraphale ergueu o queixo sem lançar um olhar.
Michael o fez.
Quando Aziraphale subiu para o pátio do café, ele ergueu um dedo para o chá. Sentou-se enquanto o barista preparava o de costume.
Um momento depois, Michael se sentou na cadeira em frente a ele. "Isso foi muito rude, Aziraphale."
"De modo algum. Este é o meu prazer, já que você é meu convidado. Você gosta do seu chá com leite?"
"Sim. Não. Na verdade, mudei para o café esses dias. ”
“Ah. Achei que você parecia cansado." Aziraphale sorriu e fez outro gesto em direção ao balcão.
Michael disse: "Você certamente sabe como se portar perto dos humanos".
“Eu diria que sei como me portar entre eles.” Aziraphale recostou-se, os dedos entrelaçados na barriga. Quando Michael não respondeu, ele se permitiu franzir a testa. “Você costumava ir e vir um pouco antigamente. Como está a Observação da Terra? Não é assustador, todas essas coisas acontecendo? "
"Não estou aqui para acompanhar isso, Aziraphale."
"Então, em que posso ajudá-lo?"
"Acha que preciso da sua ajuda?"
"Não pode estar aqui para fazer exigências."
*
“Lá vamos nós,” disse Crowley.
Uma Uriel severa e um Sandalphon sombrio se aproximavam da loja e liam a plaquinha das horas pendurada na janela de vidro da porta.
“Está aberto ou não está?” Uriel perguntava, enquanto ela e Sandalphon tentavam decifrar o bloco de texto com tinta.
Adam sussurrou: "Por que eles estão esperando?"
“Os anjos são defensores das regras, mesmo quando as estão alterando”, explicou Crowley. "A porta está trancada, a inscrição está fechada. Temos até uma da tarde antes que comecem a suspeitar que não estamos. "
“Eles sabem que estamos aqui?”
“Eles conhecem o carro. Provavelmente, eles pensam que a Pedra Filosofal vai aonde eu vou.” Crowley passou a mão por uma alça da mochila. “Estranho que eles não possam sentir isso. Pensava que isso fosse algo que eles pudessem sentir. Nós podemos... ”
“Talvez seja um sistema de segurança”, disse Adam. “O novo smartphone do meu pai bloqueia com a impressão digital.”
"Prático." Crowley sorriu para Adam. "Mas vamos dar a eles outra coisa com que se preocuparem."
*
A resposta de Aziraphale deixou Michael sem palavras por um momento. E garçone* trouxe o serviço de chá e café e Aziraphale cuidou de sua bebida com paciência. Michael não tocou no café.
“Esta é uma visita de cortesia”, disse Michael. “Estou aqui com um aviso.”
"Que atencioso."
"É para o seu amigo demônio, Crowley."
Aziraphale olhou em volta, mas foi um milagre literal que ninguém os tivesse ouvido até agora. Ele disse: “Uma mensagem para Crowley? Isso me soa como algo vindo do departamento do Inferno. Você não foi deixado de fora de lá?"
"Aquele é o carro dele fora da sua loja."
"Você quer dizer que ele nunca deixou um endereço de encaminhamento no Inferno?"
“Isto não é um jogo, Aziraphale.”
“Aparentemente é,” disse Aziraphale. “Qual é o prêmio?”
“O inferno quer que ele devolva o que roubou. Ele sabe o que é, não direi mais nada sobre isso. "
“Eu sei o suficiente, acho. Não pude deixar de ouvir Dagon e Beelzebub se gabarem de sua aliança com vocês outro dia. Essa é uma nova ordem do Céu?”
“As ordens do Céu não mudaram, mas não são da sua conta.”
"Exceto que são sim, porque você está aqui", disse Aziraphale, e tomou outro gole de chá.
“Tenho certeza de que Crowley acha seu roubo muito engraçado.”
“Não é surpreendente que você não o conheça muito bem”, disse Aziraphale. “Não ouvi nada sobre roubo de qualquer tipo. E ele me conta tudo. ”
"Ele conta?"
"Sim." Aziraphale sentiu a mentira travar na garganta, mas engoliu em seco. "Perdão."
Michael se inclinou para frente na mesa. "Aziraphale, percebe como é perigoso, o que você está fazendo agora?"
“A cafeína dificilmente me causa nervosismo.”
"Quero dizer aqui, entre os humanos, me desafiando."
*
Crowley olhou para a avenida e depois para o Bentley no meio-fio. O sinal no cruzamento mais próximo estava vermelho. Sorriu e ergueu a mão entre ele e Adam. "Como você acha que eles gostam de Westminster esta manhã?"
A luz ficou verde.
Crowley estalou os dedos e os faróis do Bentley brilharam. Uriel e Sandalphon tropeçaram para trás contra a porta da loja quando a buzina soou. Em seguida, o motor rugiu, os pneus cantaram e o carro disparou pela Avenida Shaftesbury em direção ao teatro.
Uriel e Sandalphon começaram a correr, até que Uriel parou Sandalphon e apontou para o céu.
Crowley e Adam mergulharam no chão quando dois relâmpagos dispararam para cima. O céu azul brilhante ficou cinza imediatamente, mascarado por turbulentas nuvens carregadas.
O Bentley acelerou e a tempestade o perseguiu.
*
Aziraphale revirou os olhos para cima conforme trovões estalavam no céu. Michael cruzou os braços enquanto xícaras e pires de porcelana em cada mesa sacudiam com a tempestade.
O cinza nas nuvens se tingira de um vermelho revelador. Aziraphale procurou por sinais de enxofre.
"Oh, não é enxofre, Aziraphale", disse Michael calmamente. "Isso é para ocasiões especiais."
Aziraphale pôs de lado o chá e pegou um guardanapo. Ele dobrou-o uma vez, depois novamente, como uma forma de se acalmar.
"Michael", disse ele lentamente, "você não está insinuando que machucaria pessoas inocentes para me coagir, está?"
"Você está insinuando que todos aqui são inocentes?" Michael respondeu. Apenas seus olhos se moviam, apontando primeiro para um lado, depois para outro: "Aquela mulher, traindo o marido, ou aquele homem ali, um ministro, vendendo ações quando sabe que estão prestes a cair. Sem falar de todos os pequenos pecados: a raiva das ruas, a inveja, a rebelião e o orgulho... ”
"Você sabe de tudo isso?" Aziraphale endireitou-se e fingiu olhar em volta. "Surpreendente. Você, um anjo de misericórdia, de olho em cada pecado mortal.”
"Não há outro jeito, Aziraphale. Conhecer o bem é conhecer o mal. Havia apenas uma Árvore.”
"Sim, bem, podia-se imaginar que você deixaria as acusações para seu irmão."
“É uma observação. O mundo está totalmente perverso. O mal está se infiltrando em tudo.”
Aziraphale foi pego de surpresa. O príncipe muitas vezes parecia estar acima da tempestade, mas desprendimento nunca foi seu estilo. Sempre houve, bem, convicção. Não sobre o mal, mas sobre o bem.
“E ainda assim,” disse Azirzaphale cuidadosamente, testando essas novas águas, “o Todo-Poderoso poupou o mundo do Armagedom. Sua misericórdia é verdadeiramente grande e além de nossa compreensão.”
"Meu ponto é, Aziraphale, Crowley não tem para onde correr."
“Ele dirige na maioria dos lugares, para ser honesto”, disse Aziraphale com desenvoltura.
"Eu também sei disso."
*
As rodas do Bentley guincharam enquanto ele virava para o sul em meio a uma cacofonia de buzinas. Do ar, Sandalphon deixou o fogo vermelho dançar nas pontas de seus dedos. Ele selecionou um raio do ar e mirou-o, então disparou o míssil para as ruas.
A embreagem do Bentley mudou de marcha, o pedal do acelerador bateu no chão e um grande número de pombos alçou vôo temendo por suas vidas. O raio atingiu o centro de um cruzamento — e nada mais, já que os carros em todas as pistas puxaram seus freios para evitá-lo. Motoristas amaldiçoaram o céu e o carro vazio, e a fossa fumegante que se formou no cruzamento.
Com o motor praticamente rosnando, o Bentley fez uma curva e entrou em uma rua lateral.
Pairando gloriosamente sob o sol acima da tempestade, Uriel olhou para Londres através do vazio entre as nuvens.
“Não consigo ver bem o suficiente. Pode desanuviar um pouco, Sandalphon? "
"Num momento, acho que ele está indo para a ponte."
*
As luzes do escritório voltam se a acender. Uma carta repousa aberta em cima de um arquivo. Como tudo na sala, o gabinete é feito de madeira polida. Como esse professor e pesquisador adquiriu móveis mais bonitos do que qualquer outro escritório neste lugar é motivo de debate entre a equipe. A teoria predominante é que deve ser o benefício do cargo.
Ninguém consegue se lembrar de quando ele foi contratado.
O envelope que continha a carta estava caído ao lado. O destinatário é o Dr. Oswald A. Zealot, ℅ OX1 3BG, Broad Street, Oxford. Uma resposta já foi enviada.
Depois que a carta é analisada, volta o chapéu e volta o casaco. O “Í” pisca novamente. Desta vez, geada e poluição entram com a partida do acadêmico.
*
No apartamento do andar superior da livraria, Crowley segurava uma carta escrita em pergaminho. Tinha chegado em resposta a uma enviada na manhã de sábado, o que era excepcional, já que os Correios normalmente não faziam entregas nos fins de semana. A carta chegara à caixa de correio de Aziraphale lacrada com cera e fora endereçada a um Sr. A.J. Crowley, ℅ Sr. A.Z. Fell, naquela livraria do Soho que nunca abre.
[Nota da autora: Isso não era verdade (como o aviso no Capítulo 2 pode atestar). Mesmo assim, Aziraphale ficou positivamente irritado porque os Correios sabiam exatamente a livraria em questão.]
A carta estava escrita em letras que Adam não conseguia ler, mas havia um número de telefone na parte inferior. O número também era uma adição recente no extenso arquivo de contatos de Aziraphale no andar de baixo.
Em sua outra mão, Crowley segurava seu celular. Ele estava adicionando o número à sua agenda.
"Aziraphale vai ficar bem?" perguntou Adam.
"Eu ficaria preocupado se fosse Gabriel, mas Michael é mais cauteloso", disse Crowley.
"Gabriel é aquele da Base Aérea, certo?"
“Sim, anjo do norte. Olhos violetas. Sorri demais. ”
"Então, onde ele está?"
"Provavelmente tocando sua corneta." Crowley largou a carta e disse: "Fique perto para que isso funcione."
"O que é isso?" Adam percebeu que Crowley não estava fazendo nenhum movimento em direção à porta.
Crowley ajustou algumas configurações, em seguida, tirou um carregador de celular de trás da cama e conectou-o ao telefone. "É um truque, mas eu já fiz isso antes. Vamos só deixar isso aqui. "
"Para que vai deixar seu telefone?" perguntou Adam, que com toda a sua imaginação não conseguia se imaginar fazendo tal coisa de boa vontade. "Tio Crowley, isso não faz nenhum sentido."
Crowley ergueu os óculos escuros e sorriu. "Oh, acredite em mim, você vai gostar disso. Pegue minha mão."
E em algum canto em um lugar chamado Oxford, um telefone tocou.
*
Aziraphale pôs o chá de lado. Isso era estranho. Ele sabia que o Céu não era imune à hipocrisia, ignorância e orgulho. Houve um tempo em que ele fazia vista grossa a essas coisas, ou mesmo as justificava, dizendo para si mesmo que ele simplesmente não tinha fé o bastante. Mas em sua busca para se tornar mais fiel, ele percebeu que a maioria dos anjos no Céu eram tão ignorantes de seus vícios quanto ele.
Portanto, a premeditação de Michael era... perturbadora. Como a sensação de garras ao seu redor. Aziraphale teve a estranha sensação de que estava de volta ao Nono Círculo do Inferno com o diabo parado bem perto de seus ombros.
Tentando manter o tom leve, ele perguntou: “Michael, esse negócio com os demônios, do que se trata? Seu irmão deu as caras? "
“O adversário não tem nada a ver com isso.”
"Presumo que você tenha a garantia de Lorde Beelzebub sobre isso", disse Aziraphale. "Bem, se os demônios abandonaram o hábito de mentir após esses seis mil anos, louve o Senhor."
"Agora você está sendo jocoso."
“Gosto de pensar que estou sendo um anjo melhor.”
Michael riu. "Você?"
“Não é difícil ser melhor do que isso”, argumentou Aziraphale. "De todos os arcanjos, Michael, você passou a maior parte do tempo na Terra, e ainda, apesar do Armagedom estar claramente fora de questão, você parece determinado a dar um fim à vida aqui."
"E você passou mais tempo na Terra do que qualquer anjo e, ainda assim, parece determinado a defender seus caminhos errados."
"Como você fez uma vez."
“Este é o fim, Aziraphale. Não há mais tempo para ser ingênuo. Você foi avisado." Michael se levantou.
Aziraphale não estava pronto para terminar a conversa, então não terminou. "Desculpe, mas você acha que foi ingênuo?"
"O quê?"
"O que você acabou de dizer." A carranca de Aziraphale se aprofundou. “Quando você revisou meu relatório de Sodoma, ficou horrorizado com os danos. Agora você acha que salvar vidas é ingênuo? ”
“Nós somos anjos, Aziraphale. A misericórdia é apenas um lado do que fazemos. Também há o Julgamento. ”
“Mas sempre com amor, especialmente para você,” Aziraphale insistiu. “As estrelas em sua coroa representam as Virtudes, não é? Humildade, diligência, temperança, pureza ...”
"Onde você quer chegar?"
"—fé, esperança e amor."
“Os humanos têm amor, Aziraphale. Nós temos ordens a cumprir. ”
Aziraphale jogou o guardanapo no chão e se levantou. "De onde diabos você tirou essa suposição?" ele reclamou, agora totalmente ofendido. "Mais uma vez, você está começando a soar como o seu irmão."
Os humanos ao redor deles continuaram a ler seus jornais e mordiscar torradas.
"Agora você está apenas tagarelando." Michael olhou para o café e ficou gelado de despeito. “Um mero principado contaminado por este mundo não poderia entender a necessidade de julgamento.”
"E um mero arcanjo?"
"Eu não sou um mero arcanjo."
"Claro que não. Você é o Príncipe. De onde vêm essas novas 'ordens'? ”
“Nada disso é novo”, disse Michael. “O Grande Plano foi fielmente pronunciado passo a passo por Metatron nos últimos seis mil anos. Se houvesse ordens para parar, nós as teríamos ouvido.”
"Certo. Deus te livre de pensar por si mesmo. "
“Como eu disse, o mundo estava destinado ao fim. Se falhamos, é um erro que o Céu deve corrigir a qualquer custo. ”
Aziraphale fez a conta das bebidas enquanto Michael se virava para sair. Deixando o pagamento embaixo da xícara na mesa, Aziraphale seguiu-o para a rua. De certa forma, ele se sentia da mesma maneira que havia se sentido ao seguir Gabriel até Sodoma todos aqueles séculos atrás — apenas com raiva desta vez, porque agora ele se permitia ficar com raiva em vez de nervoso. Não era fúria. Certamente não era ira. Essa raiva queimava como brasas bem cuidadas sob uma panela.
“Você sabe quem não está nos bons livros do Céu, Michael? O tipo de pessoa que diz coisas como ‘a qualquer custo’ ”. Quando o príncipe continuou andando, ele acrescentou: “Talvez Lorde Beelzebub pudesse lhe dar um passeio e mostrar onde essas pessoas estão recebendo sua justa recompensa ”.
Um trovão explodiu e Michael parou de andar. Ele se virou, seus olhos azuis brilhantes estreitos, seu sorriso achatado pela exasperação.
Pedaços brancos de granizo começaram a cair pela calçada.
“Não finja conhecer a vontade do Todo-Poderoso melhor do que ninguém, Aziraphale”, disse Michael. "O mundo é muito perverso para qualquer um ouvir a voz dela."
“Você tem tentado recentemente?”
A nevasca estalou nas vitrines enquanto a expressão de Michael ficava ainda mais fria. O granizo foi acompanhado por uma chuva cortante e gelada que não atingiu nenhum dos dois. Fez os pedestres caminharem com passos rápidos, mas cautelosos. Os carros deslizaram em suas pistas no gelo negro.
“O mundo tem que acabar”, disse Michael. “Este foi o veredicto desde o momento em que o mal nasceu. Nada de bom pode ficar. Tudo corre o risco de corrupção. ”
"Tudo?"
“Eu sugiro que você e seu demônio aproveitem o mundo enquanto ele durar. Não há como vocês nos pararem desta vez. ”
E naquele momento o chão tremeu e as lojas, os postes de luz e os carros balançaram com um abalo. Até os dois anjos cambalearam.
"O que diabos ...?" Aziraphale engasgou, quando algo piscou atrás das nuvens.
"Muito bem."
Aziraphale olhou para baixo para ver Michael se levantando da calçada.
“Quer você entregue a minha mensagem ou não—”
"Mas você não viu—?"
“—sabe qual a minha decisão.”
Aziraphale sentiu um frio na barriga novamente. Ele quase podia sentir o cheiro do enxofre. "Sobre o que?"
"Obrigado, Aziraphale", disse Michael. “Eu me perguntava onde fazer o marco zero para o Dia do Julgamento.”
"Você certamente não está falando sério."
“Começaremos pelo Soho”, disse Michael.
"Deus tenha misericórdia."
"Suponho que dependerá de você. Fique e proteja-os, se puder. ”
Michael girou nos calcanhares para se afastar, mas parou de repente. "O que?" perguntou. Ele se virou e lhe lançou um olhar acusador.
Aziraphale olhou por cima do ombro. "O que quer dizer?"
Michael balançou a cabeça, então um raio atingiu o local onde estava e ele disparou em direção ao céu.
Aziraphale prendeu a respiração e apertou seu coração disparado. Ele se sentia esmagado por um espremedor e não conseguia explicar o porquê. Não sabia explicar o que acabara de ver. Ou sentir. Ou o que isso significava.
Por fim, voltou em segurança para a livraria. Ele se trancou nela.
“Crowley? Adam?"
Não houve resposta e ele suspirou de alívio. Em seguida, baixou todas as cortinas e foi direto para o telefone perto da caixa registradora. Ele puxou seu arquivo giratório de contatos e ergueu o receptor.
Um momento depois, o telefone tocava do outro lado da linha. Após outro momento, um som vibrante encheu a loja e o receptor de telefone caiu no chão, tocando.
*
Os pneus do Bentley guincharam quando ele mudou de faixa, contornando o tráfego da manhã na ponte de Londres. A embreagem mudou novamente e o freio se dobrou até o chão enquanto um raio vermelho se espatifava na estrada à frente. Por toda a ponte, as buzinas começaram a soar. Alguns motorista puxaram seus freios e abriram as portas dos carros para gritar apropriadamente a mudança abrupta do clima.
Sandalphon saiu da fumaça. Ele abriu a mão e outro relâmpago trouxe uma maça para empunhar.
O Bentley perceptivelmente fez uma inversão de marcha e bateu em uma barreira. [Nota da autora: O Bentley estava bem. A barreira não.]
Outro pilar de relâmpago caiu em seu caminho e agora Uriel chegava, faixas de fogo vermelho caindo ao redor dela como labaredas solares. Ela pegou uma que se solidificou em uma alabarda.
O Bentley balançou para trás sobre os pneus, desviou para a esquerda, depois para a direita e deu a ré em uma curva de três pontos. Seus limpadores oscilaram uma vez, preocupados.
Os dois arcanjos se aproximaram do carro.
Inclinando-se para a frente, Sandalphon espiou pelo para-brisa. "Bem, onde ele está?" ele perguntava.
Uriel balançou a cabeça, absolutamente perplexa. "Está possuído?"
“É o carro dele”, disse Sandalphon, no tom desesperado de quem acreditaria na lógica até a morte. "Um demônio não pode possuir um carro possuído."
Sandalphon estava absolutamente certo. Os demônios são tradicionalmente contra a escravidão dos seus. Mas qualquer proprietário de automóvel, mortal ou não, admitirá que existem carros repossuídos. É exatamente por isso que o Bentley pôde fazer o que fez. Os anjos, não tendo tendência a dirigir para nenhum lugar, nunca souberam disso.
Um terceiro raio aterrissou e Michael estava lá, asas brancas como a neve abertas e a espada em punho.
"Onde ele está?"
"Não aqui." Sandalphon baixou a voz e se inclinou quando Michael se juntou a eles. "Devemos destruí-lo?"
O Bentley de repente levantou poeira ao fazer uma curva fechada. Com um estalo de seu tubo de escapamento que soava conspicuamente como um certo demônio mostrando sua língua, o carro acelerou de volta ao longo da ponte de Londres, buzinando letras rudes em uma melodia que trazia à mente lutas de espadas, relâmpagos e kilts.
Sandalphon se preparou para persegui-lo depois disso, mas Michael levantou a mão. "Deixe."
"Mas—"
“O aviso foi dado”, disse Michael. "O resto é com Gabriel."
*
Um telefone tocou em Oxfordshire.
Em um elegante saguão, a funcionária da recepção pegou o telefone. Seu nome era Carol. Era o que dizia a placa de identificação à sua frente. Ela era assistente administrativa chefe. Era menos emocionante do que parecia.
Carol apertou o botão da linha externa e o toque parou.
“Biblioteca Bodleian. Aqui é Carol. ”
"Carol? Adorável. O Dr. Oswald A. Zealot está, por favor? ”
"Não tenho certeza, mas posso verificar para o senhor."
"Verificar? Que gentil. Na verdade, se você pudesse deixar o receptor do telefone no balcão de frente para o saguão de entrada, apenas enquanto verifica, isso seria extremamente útil da sua parte. ”
Carol não era facilmente influenciada pelo sobrenatural. Ela era, no entanto, muitas vezes influenciada pelo tédio. Neste posto, ela havia atingido níveis tão extraordinários de tédio que escolhia o suéter com três dias de antecedência e meias combinando, apenas para ter algo para fazer.
Carol colocou o telefone no balcão conforme as instruções, depois saiu do corredor e subiu a escada seguinte para verificar o escritório do professor Oswald.
“Segunda vez hoje,” ela murmurou.
*
A funcionária tinha acabado de virar a esquina no andar superior da biblioteca quando algo estranho aconteceu no saguão.
O telefone estava, de acordo com todas as leis da dinâmica termonuclear, parado em silêncio sobre o balcão. No momento seguinte, no entanto, um espectro de cores pálidas disparou como um cometa para fora do fone de ouvido dele e, depois de fazer um arco como uma fonte, depositou um anjo vestindo uma gravata xadrez.
Para ir além da questão de danças sociais sobre cabeças de alfinetes, anjos e demônios seguem algo como o Princípio da Incerteza de Heisenberg, embora sejam geralmente mais certos do que Heisenberg. Quer viajem inteiros ou em ondas de luz ou escuridão (respectivamente), eles também podem trazer por milagre tudo o que — e quem — eles precisarem.
Aziraphale aprumou-se e ajeitou o casaco e a gravata. “Meu Deus, isso é muito mais rápido do que um círculo sagrado”, disse ele, como se pudesse ter perdido uma aposta.
Crowley e Adam, que estavam esperando no pátio, ouviram e correram de volta.
"Começando a me preocupar, anjo", disse Crowley, assim que Carol retornou.
“Bem-vindo à Old Bod,” ela disse alegremente. "Vocês podem entrar, por favor?" Ela gesticulou para o balcão e pegou o telefone. "Sinto muito, parece que o doutor... Alô?"
"Algo errado, senhorita?" perguntou Aziraphale em tom de conversa.
Carol olhou do telefone para o anjo como se houvesse algo familiar entre os dois. Sua expressão dizia "Mas isso é impossível", e ela desligou o telefone: "Oh, ele deve ter desligado."
"Que pena."
“Se o senhor puder assinar o seu nome nesta página, por favor...”
"Claro." Aziraphale já havia pego a caneta.
O parágrafo acima da folha de inscrição dos visitantes é o seguinte:
“Eu, por meio deste, comprometo-me a não remover da Biblioteca, nem a marcar, desfigurar ou ferir de qualquer forma, qualquer volume, documento ou outro objeto pertencente a ela ou em sua custódia; não trazer para a Biblioteca, ou acender nela, qualquer fogo ou chama, e não fumar na Biblioteca; e prometo obedecer a todas as regras da Biblioteca. ”
Era um juramento muito bom, e Aziraphale não se importou em assiná-lo com seu pseudônimo.
Adam puxou a caneta em seguida. "Como é que isso funciona?" ele perguntou, olhando um pouco de latim no topo da página.
“Oh, o Old Bod tem um preço de entrada interessante, abaixo do comum,” Aziraphale explicou alegremente. “Para evitar a perda de conhecimento, todos os visitantes devem fazer um juramento na porta de que não acenderão nem atearão fogo nas instalações.”
“Você não precisa ler em voz alta”, acrescentou Carol, um pouco aborrecida com o fato de o visitante estar fazendo seu trabalho (e deixando-a com algo menos para fazer). "A não ser que você queira."
Adam acenou com a cabeça sabiamente. "Faz sentido. O fogo é ruim para os livros ”, ele comentou, batendo a caneta no queixo. “Mas não está em latim. Achei que você precisava do latim para torná-lo oficial. ”
"Oh, você pode tentar o latim se quiser", disse Carol, "é do outro lado."
Adam explorou isso com grande interesse. Ele tropeçou no início, mas continuou. Adam se interessava por latim, assim como muitos outros assuntos, etéreos e ocultos inclusos, depois de ler a Divina Comédia de Dante. (Ele tinha uma propensão natural para isso.) Após sua recitação, ele também assinou seu nome.
“Eu deveria adicionar uma inicial do meio”, disse ele a Crowley, “para torná-lo mais oficial”.
“J's são legais”, comentou Crowley, que aprovou.
“Eu gosto de N”, disse Adam. Ele o escreveu com seu melhor floreio. “Isso faz com que as iniciais sejam ‘qualquer um’. Então, posso ser‘ qualquer um ’.”
"Muito inteligente", disse Aziraphale. "Só um 'N' então?"
"Vou pensar em algo mais tarde."
Aziraphale olhou carinhosamente para Crowley, que estava irradiando o sorriso "ele tem a quem puxar" que vem naturalmente a um mentor orgulhoso.
"Qual o próximo?" Adam perguntou a Carol. “Temos que furar nossos dedos e marcar com sangue? Ou usar cinzas queimadas à meia-noite? "
“Tradicionalmente, os alunos prestam juramento durante o Michaelmas [N.T.: festival cristão em homenagem a São Miguel celebrado pelos ingleses em 29 de setembro] ”, explicou Carol pacientemente. (Ela tinha ouvido teorias mais estranhas.) “Mas uma assinatura simples está bom.”
Crowley trocou de ombro a mochila que carregava, pegou a caneta e assinou seu nome preferido também. A mochila estava, é claro, quase vazia.
Carol inclinou a cabeça. "Com licença, senhor, seus óculos de sol..."
"São receita médica, receio", disse Crowley encantadoramente. “Eu sou sensível a isso.” Ele acenou vagamente para as luzes.
"Claro senhor."
Aziraphale perguntou: “Desculpe-me, mas ouvi que o Dr. Oswald A. Zelot trabalha aqui. Esse ainda é o caso? ”
“É, mas parece que ele está fora. Você é um colega? ”
“Oh, bem, isso é lisonjeiro”, disse Aziraphale.
"Nem um pouco, anjo", disse Crowley calorosamente. “Fomos colegas de escola”, disse ele a Carol, “de antigamente. Pensei em dar uma passada e mostrar o lugar ao nosso afilhado. "
“Que cativante. Bem, ele não está em seu escritório, mas tenho certeza de que está por perto ”, disse Carol. Para Adam, ela disse: "Você gostaria de fazer o tour autoguiado?"
Ela apontou para alguns panfletos próximos, então Adam pegou um e agradeceu educadamente.
“Aproveitem a biblioteca.”
Juntos, eles entraram nas salas abobadadas, onde prateleiras de madeira brilhavam à luz baixa das lâmpadas.
A voz de Adam caiu para um sussurro animado. “Isso é incrível. Somos como agentes secretos, fingindo ser seus colegas. ”
“O truque é que éramos colegas dele”, disse Aziraphale afetadamente. “É melhor evitar a falsidade sempre que possível, Adam.”
"Mas você mente muito, tio Aziraphale."
"Eu... eu não acho."
Crowley deu ao anjo um sorriso carinhoso.
“Suponho que às vezes tenho que ajustar certas declarações de fato”, admitiu Aziraphale. "Mas apenas para não sobrecarregar os mortais com minha existência profunda."
“Você disse ao cliente esta manhã que não tinha uma primeira edição do Hamlet quando ...”
"Isso é diferente. Ele não teria se importado com isso como eu. "
Crowley riu afetuosamente para os dois.
Antes de procurar o professor, os três visitantes investigaram todas as prateleiras, mesmo aquelas que Crowley considerava um tanto chatas. Crowley correu seus longos dedos pelas lombadas dos livros enquanto avançavam. Livres de poeira. Parecia fora do normal.
Ficou claro pela extensão e variedade das coleções que os detentores desta biblioteca não brincavam em serviço. Pelo menos um deles não. O velho estudioso sempre teve uma queda por conhecimento. E para olhos cor de avelã, como aconteceu. Realmente não tinha sido culpa dele. Ninguém o avisou.
Adam lia o panfleto: “A antiga biblioteca foi usada como a biblioteca de Hogwarts em Harry Potter”.
Eles subiram a próxima escada, Aziraphale usando o corrimão enquanto Crowley colocava as mãos nos bolsos e se deixava subir os degraus, a cabeça esticada para trás para olhar o teto. Era um edifício imponente. Tinha uma arquitetura impressionante e mais livros do que qualquer um poderia imaginar.
“Não são apenas livros aqui, Adam”, dizia Aziraphale. “Tem pergaminhos, astrolábios e até obras de arte. A Bodleian é um tesouro de conhecimento. ”
"Essa parte pode deixar por minha conta.”, Crowley assegurou-lhe com um toque em seu ombro.
"Então vocês conhecem mesmo um anjo que trabalha aqui?" Adam sussurrou, uma vez que estavam bem longe da recepção. O segundo andar dava para uma área de estudo e o teto era abobadado na sombra.
“Ex-anjo,” Crowley corrigiu.
“Ele era um dos Guardiões”, explicou Aziraphale. “Na época, havia um grande tráfego entre o Céu e a Terra, cuidando de Adão — o primeiro Adão, isto é, e do florescimento da raça humana. Ele se meteu em alguns problemas. ”
"Quer dizer que ele caiu?" perguntou Adam.
"Bem, sim e não", disse Crowley, olhando para os corredores sombrios do outro lado do caminho. “Ele já estava aqui quando a decisão foi tomada. Dizem que todos os arcanjos, menos Raphael, foram enviados atrás dele. "
"Mas as histórias dizem que Raphael—"
“Bem, como um colecionador de livros, posso dizer que eles nem sempre são precisos”, disse Aziraphale, enquanto Crowley coçava o cabelo vermelho-fogo e olhava para o teto. "O que quero dizer é que ele foi renegado."
"O que ele fez?"
"Ah ..." Crowley deu de ombros. “É um pouco complicado aí.”
“Eu li que ele tem quatorze cabeças. Ele realmente tem quatorze cabeças? Com pescoços também? ” perguntou Adam. "Ou eram asas de cada lado?"
“Todos nós temos nossas formas favoritas”, Crowley encolheu os ombros. "De qualquer forma, ele é um velho amigo meu, a gente sai pra beber hoje em dia. Nós nos reuníamos uma vez a cada meio milênio mais ou menos para conversar sobre —”
Aziraphale tossiu um pouco.
“—coisas, coisas chatas, como todo mundo faz.”
Aziraphale perguntou: "Você se lembra onde ele colocou a porta, não é, querido?"
“Ele tem uma espécie de código para isso”, disse Crowley. “Muda de vez em quando.”
"Como uma passagem secreta?" perguntou Adam.
“Muito parecido,” disse Crowley. "Exatamente." Ele manteve o olhar incisivo sobre Aziraphale. "E vocês vão verificar as portas ali" — ele apontou para um lugar vago onde parecia que a biblioteca continuava —"enquanto eu dou uma olhada aqui."
Aziraphale assentiu satisfeito e conduziu Adam para longe de onde os dois sabiam que estava a porta.
*
Enquanto isso, lá embaixo, outro visitante acabava de chegar. Ele sorriu e, ao saber quais eram as regras de entrada, leu o juramento em latim perfeito, para grande surpresa de Carol. Ele sequer olhou para o papel.
“Você aprendeu na escola?” Carol perguntou.
“Ora, sim”, disse o homem imediatamente. “Isso é uma coisa que as pessoas fazem na minha escola.” Ele sorria amplamente. Era um sorriso confiante, do tipo que fazia com que outras pessoas se sentissem naturalmente confiantes, sem pensar.
Afinal, a fé era uma virtude.
Carol verificou o nome abaixo do juramento. Surpreendentemente, havia apenas um. Ela olhou de volta para o visitante. Ele tinha olhos de cores muito estranhas. Ela se esqueceu de perguntar pelo outro nome.
"Bem, aproveite a biblioteca, Sr. Gabriel."
“Oh, apenas Gabriel,” disse o homem com os olhos cor de violeta. "E eu vou, sim."
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Notas:
• Fonte da Arte: Doré, Gustave. “David Escapes Through a Window,” Doré’s English Bible, 1866. Obtido de Wikicommons.org em 19 de abril de 2020.
• O juramento da biblioteca é real! O fogo e a umidade são os terrores das bibliotecas em todos os lugares. A Old Bod é atualizada há décadas, mas o ar é bastante seco.
*Nota da tradutora: Pra quem não entendeu o “e garçone” é simplesmente uma forma neutra de se referir à pessoa que serviu Aziraphale e Michael no café. No original era “waitron”.
• Você pode conferir os outros capítulos traduzidos e originais em inglês de @rjeddystone na Master List NSMFaF aqui