Me puse a pensar un poco en los peores años que he tenido en mi vida, y hasta ahora considero que, a pesar de tener veinticinco años de vida, sólo he tenido tres años de mierda, y de peor a mejor los mencionaré.
En el tercer puesto está el año en el que cumplí cuatro, primeramente, porque dejé de tener tres años –lo que pasa es que es mi edad favorita, fue la época más feliz de mi vida–, porque a esa edad entre en mi primer colegio, el kínder, donde ya no todo era juegos, sino también una puerta al futuro, a lo que iba a ser la vida. No puedo decir que todo el año fue una mierda, porque tuve varios momentos felices, sólo que lo que lo tacha de mierda es lo que recién mencioné.
En el segundo puesto estoy entre dos años, que describiré con mi primera relación tóxica y la segunda relación tóxica. Honestamente no sé cuál de las dos podría definir el año como “de mierda”, porque con mi primera relación, la mierda vino luego de la ruptura, donde primero que nada me di cuenta que fue una relación tóxica, desleal, violenta y con infidelidades. Con la segunda tóxica, sabía que era problemática durante la misma, reconociendo su toxicidad a mediados de la misma, pero imposibilitada de ponerle final –estaba enamorada, y cuando una está enamorada se comporta a lo pendeja– y, posterior a la ruptura, lo realmente grave de todo ello –mentiras, omisiones, abuso, victimización, manipulación y en especial robo–.
Pero sin lugar a dudas, el primer puesto se lo lleva el año que mi papá pasó a formar parte de otro plano dimensional. Ese sí que fue un año de mierda, y la verdad es que se divide en dos también, ya que empezó en épocas navideñas del año anterior, y recibiendo el año siguiente. Definitivamente el año más mierda de todos. Yo no quería saber nada de la vida, me quería morir, sentía que me faltaba el aire, una parte de mí, la vida misma. Fue un año donde el dolor, a pesar de todas las distracciones, no se iba, y hasta el sol de hoy, todavía no se va por completo –y creo que no lo hará–. Durante ese año quería huir de todo, perderme, gritar, llorar, no sentir.
Sin embargo, a pesar de todo, agradezco todo lo que he tenido que vivir, porque gracias a ello soy lo que soy hoy en día. Veo los cambios que se han generado en mi vida y digo “¡Wow!”, a veces no puedo creer por todo lo que he pasado, y muchas veces no sé cómo lo logré, pero puedo decir eso, que lo logré, y que sigo viva, más viva que nunca, y que lo voy a seguir logrando. A pesar de todo.