ahí estaba yo, en un gran desfogue, luego de muchos, meses. por un video tan inocente recordando mi pasado infernal, mi cruz, una de mis grandes heridas. ahí estaba, ahogada en un vómito emocional. al principio, todo fue por incercia, no lo pensé, hasta que vi un comentario que borré por vergüenza “joo, que pena” y simplemente, me situé en mí yo de ahora, frente, a mí yo de hace algunos años…llorando desconsolada, con el rostro golpeado, los brazos marcados, tomando seis pastillas psiquiátricas al día, para sobrellevar todo el infierno un poco mejor. comencé derramando la primera lágrima diciendo “no te merecías eso” “perdóname” de repente, los ojos se cerraron, un abrazo a la vista y muchas veces más “no te merecías eso” “perdóname” me recordó el desfogue cuando murió mi padre…pero esta vez, yo estaba apunto de dormir, con mi vida nueva, un prototipo de una que siempre soñé, con un libro en mano, mensajes de amor en mi nuevo móvil, ¿qué me consoló? por primera vez, yo misma. lloré hasta casi quedarme dormida, agradeciendo, poder hacerlo, ya que, me encuentro hace mucho en un bloqueo emocional, donde se me hacía imposible llorar, hasta escribir un texto, poesía o narración, como hoy. hace unos años no me lo hubiese creído, ya que, lloraba y escribía por todo. paré cuando sentí el abrazo mío, recordándome en ese hospital, donde casi se apaga mí esperanza pero tuve un presentimiento y seguí luchando, ahora entiendo, que era esta nueva yo, abrazándome, diciéndome que todo estará bien. me desperté tan tranquila, como hace mucho no lo hacía, un alivio al corazón, me alisté, comencé a manejar la bici, mientras pensaba:”que afortunada soy”, llegué a la oficina y el primer comentario fue: “peleaste con tu novio val? tus ojos están hinchados” unas risas salieron de mí, diciendo “efectivamente y hoy vamos a dejar todos los casos de lado y vamos a redactar el mío para llevarlos al juzgado” -risas de todos- “ya a trabajar”. y así tuve, un día extraño, día reflexivo.
+val, ahora si, ¿todo bien?
-no, amiga, ayer me pasó algo extraño, siento que me perdoné por todo el daño que aguanté y por no pedir ayuda cuando debí, ayer sentí el perdón y hoy me siento como nueva, me siento extraña, no sé, no es ansiedad, como normalmente, bueno, ya pasará.
un trámite de por medio y una cita conmigo misma, en un lugar pendiente, bastaron para romper sanamente una rutina, que normalmente me consume. -restaurante-“hace mucho no venía a comer conmigo misma”, ese sentimiento de extrañez volvió a mi. mi mente como una alarma persistente con pendientes, como automatizada me repetía, “tienes que llegar a tu proteína, come lento, tienes que hacer hoy esta rutina, tienes que llamar a…, tienes que poner recordatorios” así, cuando llegó el postre, escuché mi mente gritar “no” y dije en voz alta “muchas gracias, se ve riquisimo, me lo comeré todo” al camarero, así fue, apagué mí mente luego de meses, disfruté. la culpa se fue a dar un paseo corto y fue lo mejor de este año, hasta ahora. pasaron las horas y vino la pregunta de parte de mi jefa, que ya se hace repetida, hace algunas semanas: ¿otra vez te vas a quedar más horas? “ay hija, eres tan joven, muy disciplinada, pero estos meses te veo muy obsesionada con el trabajo, vives sola, tienes un novio maravilloso, mejores amigas fenomenales y lo digo porque los conozco, estás llegando a tus metas físicas, ve disfruta, el clima está fatal, pero no sé…dale una sorpresa a tu novio -entre risas-, o descansa” escuché todo pero sólo procesé “descansa”… dije: “tienes razón”. esta vez, la lluvia y mí estado de ánimo entraron en un estado de sincronicidad, salí y dije: “hoy no voy a ir al gym pero voy a caminar” luego de casi un año quiero conocer bien mí zona, marqué una ruta, de camino a hacer algunas compras y comenzó a sonar una playlist creada por mí yo, del pasado, ella la creó hace años y la sincronicidad hizo que la escuchara hoy, caminando bajo la lluvia. y ahí estaba, creep de radiohead sonando, seguidamente de homeshake y más artistas de mis inicios en el infierno.
caminaba por la avenida alcalá, admirando la zona por donde vivo hace casi un año, pensando en como te puede cambiar la vida en menos de lo que esperas. ahí estaba yo, viviendo en uno de los distritos más caros de madrid, con una independencia que rogaba a gritos a mis veinte, trabajando en mí carrera, con una relación estable, amigos que me aman y amo, con hábitos nuevos, una mentalidad que por primera vez tengo y me permite crecer. ahí estaba yo, tranquila, buscando la ansiedad que a veces por temas laborales me invade, pero que personalmente, se va, se va. hace un tiempo la vida me golpeó tan duro, entre la muerte de mi padre, mi compromiso fallido en mi país, convertirme en código mariposa estando sola en un país al otro lado del mundo, sanar heridas de abandono, abuso sexual, emocional y físico. fue tanto dolor acumulado, que desde hace un poco más de un año, me enfoqué en sanar. ahora, volviendo a ese día raro en mi actualidad, una caminata de casi cuarenta minutos, con mis auriculares, con música correcta, de mi vida pasada, sin mirar el móvil, observando como vivimos tan apresurados por todo -incluyéndome- que a veces, se nos olvida, apreciar, valorar, agradecer lo que tenemos…mientras la lluvia, mojaba poco de mí, sonreía, veía a la gente salir con una marca de ceniza en la frente, luego de ver un par, me dije “lo olvidé, hoy era” pero ver a la gente caminando orgullosa, me alegró, trataba de caminar tan lento como las ancianas que salían de esa misa. no podía describir el sentimiento que tuve hace un rato, hasta que comenzaron a salir las lágrimas pero de felicidad. finalmente, luego de casi un año, acepto esta nueva realidad, sin esperar que venga algo “malo”, realidad que merezco, luego de tantísimo dolor, lucha y esfuerzo.
me semi derrumbé, en algún momento, entonces una anciana de las que hablaba se me acercó y me preguntó “hija ¿qué pasa?” levanté la cabeza y le dije ¿la puedo abrazar? y me dijo: “claro” -abrazo de un par de minutos- “ahora si, en qué te puedo ayudar, ¿quieres hablar?” la invité a un café cercano, si, yo, una joven de casi veintisiete, invitándole un café a una anciana desconocida. comenzó una charla conmovedora, que nunca olvidaré, le conté toda mi vida resumida, en menos de una hora, como si de una psicóloga se tratara y terminé con un “es como si aceptara estar en paz, es como si hubiese ganado una guerra” y se despidió diciendo “guerreras como tu pocas, aprende a vivir con esta paz, te la mereces, sigue así, llámame cuando me necesites”. ya llegando a casa, sonaban canciones más sensatas, mientras me repetía “no me quiero ir, quiero seguir aquí, tengo la vida que siempre quise y recién está empezando, pero…siento que falta algo” luego de casi una hora, decidí ver el móvil y en un mensaje, estaba la respuesta/moraleja que necesitaba para el comienzo y final de este relato: “a veces, tienes que soltar todo, salir de ese lugar cómodo, para que llegue lo mejor a tu vida”.