Entre tu daño y mi silencio
A veces te odio tanto por tus acciones, por todas esas cosas que hiciste y que poco a poco fueron dejando heridas donde antes solo había tranquilidad. Hay días en los que pienso en todo lo que pasó y siento un peso enorme en el pecho, como si cada recuerdo volviera para recordarme lo mucho que me dolió.
Pero lo que más me duele es que, en medio de todo ese resentimiento, también termino odiándome un poco a mí mismo. Porque vi las señales y aun así me quedé. Porque cada vez que algo me rompía, encontraba una razón para perdonarlo. Porque seguí permitiendo cosas que jamás habría aceptado de nadie más. Y a veces no sé qué pesa más: el daño que me hicieron o la tristeza de haberme olvidado de mí mismo mientras intentaba no perderte.










