Que decida la vida
Muchas veces, dejar que la vida decida también es una forma de sanar. No porque deje de doler, sino porque llega un momento en el que el corazón se cansa de luchar por lo que ya no puede cambiar. Hay personas, momentos y sueños que, por más que los queramos, simplemente no están destinados a quedarse.
Y aunque aceptar eso rompe por dentro, también enseña que soltar no siempre es rendirse. A veces, es el único camino para seguir viviendo, incluso con el vacío que dejan las cosas que jamás pudieron ser.














