Tenía que hacer un pago urgente a un proveedor, pero no contaba con los fondos necesarios. Irónicamente, un cliente me debía casi la misma suma, de una factura vencida.
Pensé alternativas, ninguna cerraba. Fue entonces que mi esposa me sugiere:
—¿Y si le pedís ayuda a tu colega de confianza?
Lo llamé. Le conté la situación y, sin vueltas, me respondió:
—Quedate tranquilo. Yo te presto.
La llamada no duró un minuto. A los 30 segundos de cortar, recibí una notificación: otro cliente me había pagado una factura que aún no vencía, por el mismo monto que necesitaba.
¿Coincidencia?
¿Qué probabilidades hay de que se alineen tantas variables en tan poco tiempo?
Estimé: menos de 1 en 10.000.
No tengo una explicación lógica para eso.
Pero tengo la certeza de que, a veces, hay algo —o alguien— que nos acompaña en silencio y en el momento justo.
Un pequeño milagro cotidiano.









