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Dirigió la vista hacia donde miraba la chica, y efectivamente, por allà correteaba un pequeño y bonito ejemplar de Ardilla de las Nieves, con una buena bellota entre las manos.
-¡Has estado rápida!-sonrió al seguir el movimiento de la pequeña-. ¿Ves? No es tan complicado
¡No, no lo es!—Con la vista, seguÃa al pequeño animal a la vez que se le dibujaba una amplia sonrisa en los labios.—Me encantarÃa tanto poder acercarme a él…—Pero probablemente la ardilla saldrÃa corriendo como si no hubiese mañana. Le encantaban los animales y la naturaleza en general, realmente no era necesario mencionarlo para darse cuenta de ello.
-¿Quieres que paremos? -agarró un poquito las riendas haciendo que Sven frenara un poco su avance-. No nos serÃa demasiado difÃcil que una se nos acercara, son tÃmidas pero cariñosas en el fondo.
El lider de su tribu y a fin de cuentas, de su familia, le habÃa enseñado a estar en sintonÃa con la naturaleza y a apreciar todo lo que tenÃa a su alrededor, de ahà que su tacto con Sven aunque con este llevara practicamente desde que nació.
El chico asiente con una gran sonrisa, es más hasta a el le resultan animales bastante comunes debido a sus idas y venidas entre los glaciares y Arendelle.Â
-Por supuesto, son una verdadera preciosidad, se esconden bien pero no son dificiles de encontrar si te fijas y escuchas con atención.
Llevaba con la vista fija entre la nieve un buen rato, completamente concentrada. AsÃ, también aprovechaba para distraerse sobre lo ocurrido anteriormente. De un momento a otro, le pareció ver algo corretear entre la nieve y rápidamente se incorporó, siendo eso una total imprudencia.—¡Espera, espera…!—Tambaleándose, apoyó las manos en la parte delantera del trineo para evitar caerse.—¡¡Creo que he visto una!!—Emocionada, alzó la voz, señalando hacia el lugar en concreto.
Dirigió la vista hacia donde miraba la chica, y efectivamente, por allà correteaba un pequeño y bonito ejemplar de Ardilla de las Nieves, con una buena bellota entre las manos.
-¡Has estado rápida!-sonrió al seguir el movimiento de la pequeña-. ¿Ves? No es tan complicado
-E-esta bien…-se sorprendió al ver la reaccion de la chica, unicamente la habÃa ayudado a incorporarse, nada más, aún asà tampoco querÃa darle demasiadas vueltas, después de todo era la primera chica con la que trataba directamente desde hacÃa mucho tiempo-. Disfruta del paisaje…seguro que eres capaz de ver alguna ardilla de las nieves, pero tienes que estar atenta.
Las ardillas de las nieves eran famosas en Arendelle por esa época del año, aunque era extremadamente dificiles de ver, el chico parecÃa que habÃa visto muchas por la forma en la que habÃa hablado.
Mientras el muchacho hablaba, trató de distraerse colocándose la bufanda y observando el paisaje. Estaba demasiado nerviosa, tanto que incluso desearÃa tener bombones a mano (u otros dulces) para hincharse a comer y asà poder calmarse un poco. SeguÃa sin entender por qué habÃa tenido esa reacción, y para colmo, aun tenÃa las mejillas completamente sonrojadas. Probablemente porque él era el único chico con el que habÃa tenido un contacto tan directo y…¡Vaya chico!—L-lo intentaré…—Tartamudeó sin poder evitarlo, haciendo asà más evidente su nerviosismo. Carraspeó de nuevo y se frotó los brazos, para simular que su tartamudeo era de frÃo. Tras el gesto, fijó la vista entre el blanco paisaje. Tragó saliva antes de preguntar:—¿Has…Has visto muchas…?
El chico asiente con una gran sonrisa, es más hasta a el le resultan animales bastante comunes debido a sus idas y venidas entre los glaciares y Arendelle.Â
-Por supuesto, son una verdadera preciosidad, se esconden bien pero no son dificiles de encontrar si te fijas y escuchas con atención.
-¡Vaya! -no pudo evitar sonrojarse levemente al tenerla tan pegada a el-. ¿Eh…estás bien? ¡Cuidado Sven!
Con algo de brusquedad y casi torpeza intenta ayudarla a incorporarse mientras que el reno baja la velocidad a las órdenes de su amo.
¡S-sÃ, sÃ…!—Se incorporó con rapidez y en parte gracias a su ayuda, posicionándose en el otro extremo del trineo y prácticamente en el borde.—Disculpa, es que no estoy acostumbrada a…—Carraspeó, recolocándose bien las trenzas y el flequillo en un acto de puro nerviosismo. Sus mejillas también se habÃan ruborizado debido al pequeño desliz, pero esta vez no era por el bochorno de haber sido tan torpe. Le habÃa dado un vuelco al corazón y no entendÃa el motivo de ello. Suspiró, y en silencio se llevó una mano al pecho.—…
-E-esta bien...-se sorprendió al ver la reaccion de la chica, unicamente la habÃa ayudado a incorporarse, nada más, aún asà tampoco querÃa darle demasiadas vueltas, después de todo era la primera chica con la que trataba directamente desde hacÃa mucho tiempo-. Disfruta del paisaje...seguro que eres capaz de ver alguna ardilla de las nieves, pero tienes que estar atenta.
Las ardillas de las nieves eran famosas en Arendelle por esa época del año, aunque era extremadamente dificiles de ver, el chico parecÃa que habÃa visto muchas por la forma en la que habÃa hablado.
-En esta época del año y mientras que no haga ventisca esta zona es muy bonita…-Sven empezó a coger algo mas de ritmo, aunque no lo suficientemente rápido como para que les azotara el frio en la cara- Y no pasa nada, solemos hacer pequeñas paradas siempre, es mejor tardar más y descansar que tardar menos y morir en el intento…
Al no esperar el pequeño acelerón por parte del animal y estar tan mal posicionada sobre el asiento, terminó cayendo casi sobre el muchacho, con la cabeza apoyada sobre su hombro.Â
Ouch…—Se quejó para si misma, agarrándose inconscientemente a uno de los brazos del joven. Eso le pasaba por no posicionarse como deberÃa, tarde o temprano iba a perder el equilibrio.Â
-¡Vaya! -no pudo evitar sonrojarse levemente al tenerla tan pegada a el-. ¿Eh...estás bien? ¡Cuidado Sven!
Con algo de brusquedad y casi torpeza intenta ayudarla a incorporarse mientras que el reno baja la velocidad a las órdenes de su amo.
No pudo evitar sonreÃr ante el ofrecimiento de la joven, y no se lo iba a negar tampoco, un regalo es un regalo.
-¿Has oido eso Sven? ¡Zanahorias! -el joven tocó la madera del trineo más cercana a la posición de su animal compañero-
Inmediatamente el reno pegó un brinco rebuznando de nuevo de una forma alegre y algo cómica, si, era todo un hecho, les encantaban aquellas hortalizas.
Mantuvo la amplia sonrisa al ver que a los dos les habÃa gustado la idea. Era lo mÃnimo que podÃa hacer después de todo, y era una suerte que llevara dinero encima. Bajó los brazos y entrelazó las manos tras la nuca, dejándose caer todavÃa más sobre el asiento.—Siento mucho si os he entretenido…—Suspiró, volviendo la vista a uno de los laterales para apreciar toda aquella nieve y naturaleza.—¡El paisaje es precioso!—Estaba claro que ya estaba más que animada, incluso parecÃa la chica emocionada del principio. Estaba casi embobada mirando a su alrededor, con una sonrisilla de fascinación en los labios.Â
-En esta época del año y mientras que no haga ventisca esta zona es muy bonita...-Sven empezó a coger algo mas de ritmo, aunque no lo suficientemente rápido como para que les azotara el frio en la cara- Y no pasa nada, solemos hacer pequeñas paradas siempre, es mejor tardar más y descansar que tardar menos y morir en el intento...
El joven negó con la cabeza, realmente no le importaba demasiado llevar a la chica, asà gozarÃa de su compañÃa, apenas habÃa hablado con mas de dos chicas en toda su vida, y ambas le habÃan tratado como a un bobalicón, pero bueno, al fin y al cabo no es que fuera un filósofo.
-No hay de que, asà tendremos compañÃa, y gracias, intentamos cuidarlo todo lo que podemos -el joven acarició las maderas de su viejo trineo-. Es viejo pero es fuerte
Se dejó caer un poco sobre el asiento, acomodándose mejor. Oscilaba la vista entre el paisaje y el muchacho, de un modo sutil.—Cuando lleguemos a Arendelle…¡Os compraré un buen puñado de zanahorias! ¡Y de las más buenas!—Alzó los brazos hacia arriba con Ãmpetu, con los puños cerrados. Dibujó una amplia sonrisa, parecÃa que ya se encontraba mucho mejor de ánimos. Y de algún modo tenÃa que agradecerle el pequeño regalo, la compañÃa y el trayecto de vuelta.Â
No pudo evitar sonreÃr ante el ofrecimiento de la joven, y no se lo iba a negar tampoco, un regalo es un regalo.
-¿Has oido eso Sven? ¡Zanahorias! -el joven tocó la madera del trineo más cercana a la posición de su animal compañero-
Inmediatamente el reno pegó un brinco rebuznando de nuevo de una forma alegre y algo cómica, si, era todo un hecho, les encantaban aquellas hortalizas.
-¡Animate jovencita! -el joven volvió a adoptar la supuesta voz del reno, además, este estaba vocalizando como si hablara, muy buena coordinación-
Azuzó un poco a Sven mediante las riendas, empezando asà a caminar lentamente por los frondosos bosques de las regiones circundantes a Arendelle, habÃa dejado de soplar aquel viento horrible e incluso el sol asomaba entre las nubes y pinos, el paisaje era realmente precioso.
Dejó escapar una suave risilla a la misma vez que se cruzó de brazos. En silencio, agradeció el pequeño gesto, puesto que la hizo reÃr.
Estoy bien…Sois muy amables.—Dibujó una casi fingida sonrisa, aunque las palabras le salieron del corazón.—Por cierto, tienes un trineo muy bonito.—Observó a su alrededor. Realmente el paisaje era encantador. Cómo le gustarÃa poder verlo todos los dÃas…—¡Oh…! Y gracias por traerme de vuelta a Arendelle.
El joven negó con la cabeza, realmente no le importaba demasiado llevar a la chica, asà gozarÃa de su compañÃa, apenas habÃa hablado con mas de dos chicas en toda su vida, y ambas le habÃan tratado como a un bobalicón, pero bueno, al fin y al cabo no es que fuera un filósofo.
-No hay de que, asà tendremos compañÃa, y gracias, intentamos cuidarlo todo lo que podemos -el joven acarició las maderas de su viejo trineo-. Es viejo pero es fuerte
-Ven monta…-tras atar al reno al trineo le tendió la mano a la chica para ayudarla a montar al vehÃculo-. Iremos mucho más rápido asÃ.
No es que fuera un trineo sofisticado o rústico, era viejo, roÃdo y con muchos golpes, pero no falto en espacio y utilidad, y el joven parecÃa tenerle mucho cariño.
Cogió su mano y con la ayuda del rubio subió al trineo, acomodándose en un lateral.—Gracias.—Susurró, quedándose bastante quieta. Cada vez tenÃa menos ganas de volver. De estar de buen humor, probablemente hubiera posicionado los pies sobre la parte delantera o se habrÃa mostrado de un modo poco habitual en una dama. Pero estaba demasiado centrada y agobiada en sus pensamientos, de ahà el silencio y el cambio brusco de actitud.
-¡Animate jovencita! -el joven volvió a adoptar la supuesta voz del reno, además, este estaba vocalizando como si hablara, muy buena coordinación-
Azuzó un poco a Sven mediante las riendas, empezando asà a caminar lentamente por los frondosos bosques de las regiones circundantes a Arendelle, habÃa dejado de soplar aquel viento horrible e incluso el sol asomaba entre las nubes y pinos, el paisaje era realmente precioso.
Incluso el se ha dado cuenta del repentino cambio de actitud en la joven, no sabÃa si preguntarla o si dejarlo pasar, cada uno tenÃa sus problemas, pero la curiosidad le acabó ganando la partida.
-¿Ocurre algo, Anna?-comienza a caminar a su lado en dirección al trineo-
No, no es nada.—Murmuró, mientras también se dirigÃa hacia el trineo. ¿Qué le iba a decir? Era más que obvio que estaba afligida, pero no por el breve paseo. Más bien…Porque probablemente pasarÃa mucho tiempo hasta que pudiera volver a salir del castillo y hacer otra locura como esa. En silencio, se detuvo justo donde estaba estacionado el trineo, esperando a que el muchacho hiciera lo necesario para poder proseguir.
-Ven monta...-tras atar al reno al trineo le tendió la mano a la chica para ayudarla a montar al vehÃculo-. Iremos mucho más rápido asÃ.
No es que fuera un trineo sofisticado o rústico, era viejo, roÃdo y con muchos golpes, pero no falto en espacio y utilidad, y el joven parecÃa tenerle mucho cariño.
-Pues menudo paseo…-se llevó la mano a la nuca rascandose con lentitud- Estas casi a media hora de Arendelle.
El joven dirigió la mirada al Sur, de donde provenÃa la muchacha y en dirección a Arendelle que se veÃa cerca.
-Nosotros hemos de irnos ¿por que no vienes? Asà no harás el camino sola, por la noche estos caminos no son seguros…
¿A media hora…?—Susurró para si, extrañada. ¿Tanto habÃa corrido? Ni siquiera se habÃa dado cuenta. TodavÃa no querÃa marcharse y mucho menos tras haber conocido a ese muchacho. Pero no le quedaba otra que volver, probablemente se preocuparÃan y comenzarÃan a buscarla si no llegaba pronto al castillo.—…SÃ, claro. Volvamos.—Suspiró, decaÃda, dando media vuelta y echando a andar por donde habÃa venido.
Incluso el se ha dado cuenta del repentino cambio de actitud en la joven, no sabÃa si preguntarla o si dejarlo pasar, cada uno tenÃa sus problemas, pero la curiosidad le acabó ganando la partida.
-¿Ocurre algo, Anna?-comienza a caminar a su lado en dirección al trineo-
Y el chaval sigue sin percatarse, y eso que la mirada de la joven era descarada hasta niveles insospechados, pero el joven pecaba de noble e inocente asi que volvió a insistir en la pregunta siguiendo su mirada algo sonrojado tras la braga…esta vez algo más tÃmido.
-Anna…¿que haces aqu�
Realmente era normal que tuviera ese tipo de reacción. Demasiado tiempo encerrada y sobre todo sin ver o tener trato con la gente. Y mucho menos con chicos, asà que le impresionaba ese muchacho en concreto. Tal vez porque fuera el primero con el que tuviera un trato normal y completamente natural. Parpadeó un par de veces al escuchar su nombre y abrió los ojos de par en par al ser casi pillada con las manos en la masa. Con cara de sorprendida y atontada, dirigió la vista a los ojos del rubio.Â
¿SÃ? Eh…—No sabÃa qué responder, tenÃa que decir cualquier cosa pero sin ser descubierta.—Vengo de Arendelle. QuerÃa dar un tranquilo paseo.—Se excusó como buenamente pudo, tenÃa la cabeza en otro lado.
-Pues menudo paseo...-se llevó la mano a la nuca rascandose con lentitud- Estas casi a media hora de Arendelle.
El joven dirigió la mirada al Sur, de donde provenÃa la muchacha y en dirección a Arendelle que se veÃa cerca.
-Nosotros hemos de irnos ¿por que no vienes? Asà no harás el camino sola, por la noche estos caminos no son seguros...
Observó como la chica acariciaba a su reno, imperceptiblemente la mente le dio un pequeño chispazo, no le gustaba que tocaran a su reno, pero esta vez lo dejarÃa pasar puesto que era una chica y tal y como le habÃan enseñado en la aldea debÃa tratarlas con respeto.
-Nos dirigimos a Arendelle…-con la mano señaló hacia el norte donde un gran trineo con grandes sacos goteantes esperaba-. Nos hemos desviado un poco para que Sven comiera algo, se nos han acabado las zanahorias…¡ah si! somos vendedores de hielo -cruzó los brazos orgulloso, al parecer le encantaba su trabajo y todo lo relacionado con el.
Asà con los brazos cruzados el chico parecÃa aun más grande y fuerte, la verdad es que era todo un portento fÃsico y no es para menos, el negocio de la venta y recogida de hielo requerÃa de una gran presencia fÃsica, cosa que el chaval sin duda habÃa conseguido.
-¿Y tu, que haces por aqu�
Dio media vuelta para observar el trineo y lo que habÃa cargado en éste, tras las palabras del muchacho supuso que iba a Arendelle a vender la mercancÃa. Además, parecÃa bastante orgulloso. Estaba segura de que ese trabajo merecÃa gran esfuerzo y dedicación, a la par que también debÃa ser peligroso.
Vaya…Asà que vendedor de hielo.—Asintió para si misma. Colocándose una mano enguantada sobre los labios, observó el corpulento y trabajado cuerpo del joven, a la vez que ocultaba una suave sonrisilla. Tal vez no estaba siendo demasiado sutil, más bien estaba siendo bastante descarada, pero no era consciente de ello y tampoco podÃa evitar mirarle de ese modo. Se quedó tan ausente en sus pensamientos que ni siquiera se percató de la pregunta, por lo que no le contestó.
Y el chaval sigue sin percatarse, y eso que la mirada de la joven era descarada hasta niveles insospechados, pero el joven pecaba de noble e inocente asi que volvió a insistir en la pregunta siguiendo su mirada algo sonrojado tras la braga...esta vez algo más tÃmido.
-Anna...¿que haces aqu�
Encantado Anna -no se percató del carraspeo, la verdad es que el chaval aunque a simple vista parecÃa avispado no es que pareciera fijarse demasiado en los pequeños detalles- Soy Kristoff -estrechó su mano con algo de brusquedad, era patente que no estaba acostumbrado a tratar con damas-. El es Sven
El reno Sven, lanzó algo que parecÃa un relincho mezclado con un graznido o algo parecido, más bien parecÃa un burro con cuernos, pero no por ello dejaba de ser gracioso.
Estrechó su mano de un modo más suave, a diferencia de él. Tampoco se quejó por la brusquedad, supuso que no se habÃa dado cuenta de ello y que tampoco estaba demasiado acostumbrado al trato con doncellas. Y por otro lado, se alegró de que el chico no se diera cuenta de la casi metedura de pata. Si estaba ahà era para alejarse y distraerse de todo lo relacionado con la realeza, si él se enteraba de que ella era la princesa de Arendelle, todo se irÃa al traste.
Un placer conocerte, Kristoff.—Soltó la mano del joven y dirigió la vista hacia el reno.—Y un placer conocerte a ti también, Sven.—Se acercó al animal y dejó un par de caricias sobre su morro.—Oye y…¿Puedo saber qué haces por aquÃ?—El muchacho era alto, por lo que tenÃa que alzar siempre un poco la vista cuando se dirigÃa a él. No pretendÃa ser grosera, tan solo tenÃa curiosidad. En las afueras no habÃa nadie más que él y ahora, ella.
Observó como la chica acariciaba a su reno, imperceptiblemente la mente le dio un pequeño chispazo, no le gustaba que tocaran a su reno, pero esta vez lo dejarÃa pasar puesto que era una chica y tal y como le habÃan enseñado en la aldea debÃa tratarlas con respeto.
-Nos dirigimos a Arendelle...-con la mano señaló hacia el norte donde un gran trineo con grandes sacos goteantes esperaba-. Nos hemos desviado un poco para que Sven comiera algo, se nos han acabado las zanahorias...¡ah si! somos vendedores de hielo -cruzó los brazos orgulloso, al parecer le encantaba su trabajo y todo lo relacionado con el.
Asà con los brazos cruzados el chico parecÃa aun más grande y fuerte, la verdad es que era todo un portento fÃsico y no es para menos, el negocio de la venta y recogida de hielo requerÃa de una gran presencia fÃsica, cosa que el chaval sin duda habÃa conseguido.
-¿Y tu, que haces por aqu�
El chico asintió de forma despreocupada mirando a la chica sin dejar de acariciar al animal.
-Si seguro, te hará más falta a ti que a mà -hizo un gesto de aprobación con la mano alzando su dedo pulgar-. Es toda tuya…bueno ha sido un placer conocerte…
Al no saber su nombre se quedó con la palabra en la boca y cortado…
Asà que al fin y al cabo la prenda era un regalo. Un amable gesto de un desconocido al que probablemente no volverÃa a ver. Lo atesorarÃa bien, entre sus ropajes más preciados.
Anna de Aren…—Carraspeó, dejando la frase a medias al darse cuenta de que habÃa estado a punto de meter la pata.—…Anna.—Con una encantadora, bonita pero inconsciente sonrisa, le tendió la mano.—Lamento haberte interrumpido. Y muchas gracias por ésto.—Con la mirada, señaló la bufanda. HacÃa pocos minutos que la llevaba puesta, pero ya le estaba cogiendo aprecio.
Encantado Anna -no se percató del carraspeo, la verdad es que el chaval aunque a simple vista parecÃa avispado no es que pareciera fijarse demasiado en los pequeños detalles- Soy Kristoff -estrechó su mano con algo de brusquedad, era patente que no estaba acostumbrado a tratar con damas-. El es Sven
El reno Sven, lanzó algo que parecÃa un relincho mezclado con un graznido o algo parecido, más bien parecÃa un burro con cuernos, pero no por ello dejaba de ser gracioso.
-Oh no tranquila -el chico alzó las manos para quitarle importancia mientras metÃa las herramientas en las alforjas de su reno-. ¡No ha sido nada, pero ten más cuidado la próxima vez!
Tras guardar aquellos extraños instrumentos sacó una pequeña bufanda que le sobraba, de bordados azules y color azulado, justamente a juego con los ropajes de la joven.
-Ten -alargando el brazo dejó que la chica la cogiera-. Hay una tienda a una media hora de aquÃ, antes del paso de las montañas, si pretendes viajar deberÃas aprovisionarte antes allÃ, no es muy cara y el trato es bastante bueno.
El gesto que tuvo el muchacho la cogió por sorpresa. Realmente dudó en si coger o no la prenda, pero finalmente lo hizo.
Vaya…Muchas gracias.—Se lo agradeció con una tÃmida sonrisa, colocándose después la bufanda alrededor del cuello. Realmente no tenÃa intención de ir más allá de donde ahora se encontraba, pero no estaba de más saber esa información.—Bueno, yo…No pensaba avanzar demasiado, la verdad.—Agachó la mirada para observar la prenda, quedándose incluso algo embobada.—¿Estás seguro de que no la necesitas?—No sabÃa muy bien cómo interpretar ese gesto, por lo que terminó preguntando de una manera torpe pero graciosa:—¿Me la estás prestando o…Es un regalo?—Y tras hacerlo, observó al rubio fijamente, entre curiosa y emocionada.Â
El chico asintió de forma despreocupada mirando a la chica sin dejar de acariciar al animal.
-Si seguro, te hará más falta a ti que a mà -hizo un gesto de aprobación con la mano alzando su dedo pulgar-. Es toda tuya...bueno ha sido un placer conocerte...
Al no saber su nombre se quedó con la palabra en la boca y cortado...