Solo pase por ahí una vez, lo vi sentado con sus manos juntas y pensando. No me pude resistir a capturar el momento, sus ojos perdidos en la infinidad de partículas en que se convierte el aire, y él ahí tan perfecto, la luz tenue del atardecer del sol sobre su mejilla anunciaba que llegaría el momento de partir, él en cambio parecía decidido a habitar aquel lugar, me sorprendió cuando sacó un cigarrillo, parecía belmont del barato, rojo para ser exactos, pero más me sorprendió cuando vi la naturalidad con la que tus dedos envolvían la cintura de aquel trozo de papel con veneno dentro. Pasados un par de minutos decidiste sacar una vieja libreta, escribiste una nota y la dejaste puesta sobre la mesa con una piedra sobre ella para que el viento no se la robase. Te marchaste. Mis pies apresurados y mis ojos tentados a leer aquella nota se dieron prisa y mis manos la tomaron. No sé si fue vergüenza o felicidad leerla; "no me veas tanto" seguido de la dirección de algún lugar de aquella ciudad a la que me acababa de presentar. Camine de prisa tratando de seguirle la pista y llegue a un bar viejo, con sillas de madera y una pista de baile con una pareja bailando al son de una bachata de Romeo Santos, te vi sentado en la mesa de la esquina, no sabía si ir o regresarme, pero tus ojos me encontraron. "¿Te gusta bailar?" Preguntaste cuando me viste cerca, yo me quedé muda sin decir una palabra, tu colocaste tu mano en mi cintura y me llevaste a bailar un ritmo que yo desconocía, aquella noche desconocía muchas cosas, incluyéndome a mí, la penumbra de la noche ya nos había alcanzado y más de un par de copas rondaban nuestras cabezas, besaste mi cuello por tercera vez y tus labios por fin encontraron los míos, tambaleando llegamos al hotel de la calle 4 donde me hospedé la primera vez que visite aquel lugar. Recuerdo vagamente haber sentido tus labios rozar mi abdomen y mis piernas, recuerdo un par de embestidas y las tantas veces que besaste mi espalda, eran más de las 3 cuando el sueño nos alcanzo. Desperté con una nota sobre la almohada, "la cuenta está pagada", ya no estabas, te busque por la tarde en el lugar del día anterior, fui al bar de la esquina y pregunte en el hotel por ti, desde ese día no volví a esa ciudad, porque aún el olor al cigarro me recuerda a ti.